Guía de bolsillo para no dejarse ver la cara de menso
Nada es absolutamente bueno ni malo en sí mismo. La cuestión siempre estará en cómo se usa y qué tanto masticamos la idea antes de tragárnosla. Es vital ser conscientes de qué dejamos que nos vendan, ya sea un artefacto material, una ideología psíquica, política o una simple moda conductual e indamais. Sea quien sea el vendedor, la oferta debe pasar primero por nuestro tamiz interno. Esto sin lugar a dudas, es prioridad, cosa que no siempre hacemos, ya que nos encanta comprar recomendaciones ajenas y ni se diga si vienen con un buen envoltorio y por otro lado está el sucumbir al miedo, ese “cuco” que nos han metido dentro prácticamente desde que nacemos, nos arrullan con ello.
“Duérmete niño, duérmete ya
Que si no viene el cuco y te comerá”
Otra versión más dócil no habla de ser devorados, sino que sencillamente “te llevará”.
*

*
Por otra parte, muchas veces como lo dice Chuchito un gran especialista en la materia, que tiene millones de likes, ahí vamos y seguimos lo que sea, ya que nos han enseñado a limitar nuestra mentalidad y aplicar sin rechistar los consejos de multitud de obsesos y lo que es más compartirlos para que se hagan virales y más vayan cayendo. Poco importa que tengan títulos, cátedras y puestos encumbrados, poco importa si la historia los colocó en un pedestal o si escalaron una montaña de riqueza que hoy los corona como auténticos WINNERS. En estos tiempos que corren donde la superficialidad es parte esencial, ese brillo les otorga prestigio y fama instantánea, así resulten ser tremendos pedófilos, capos del narco o «jijos del maíz», como se dice en mi pueblo, pues:
“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor
Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador
Todo es igual, nada es mejor
Lo mismo un burro que un gran profesor
No hay aplaza’os ni escalafón
Los inmorales nos han iguala’o”
Carlos Gardel, «Cambalache», lo cantaba en el siglo pasado y en este ya nos hemos perfeccionado y lo que es más, encumbrarlos y hasta votarlos para que nos dirijan.
Esta ceguera no solo aqueja a los jóvenes, más allá que este fenómeno allí hace estragos, sino también en los que ya no lo son tanto, todos terminan contando seguidores en la pantalla para ver si alguien vale la pena ser escuchado, seguido y endiosarlo. Para estar lúcidos en el reconocimiento y no seguir a cualquiera, que nos vende un Obelisco, necesitamos conocernos a nosotros mismos. Y la primera verdad incómoda que debemos admitir es que en estos tiempos la gran mayoría: SOMOS ADICTOS y que por ahí se encuentra la rendija por donde se cuelan y nos enganchan.
*

*
Solemos pensar que el adicto es únicamente el que consume drogas, alcohol, tabaco o el que se la pasa vapeando, o bien el que pierde la quincena en el juego (esa linda ludopatía), el que come compulsivamente o el adicto al trabajo. El sexo y la pornografía son otras de esas pequeñas cositas que alimentan la libido y nos hacen despeñarnos en situaciones extremas. Pero luego están las adicciones modernas, esas tan refinadas como internet, las redes sociales y los videojuegos.
Y ni se hable de las parecen que son buenas, como el hacer ejercicio sin parar, o esa otra la adicción a la lectura o el acumular libros y muchas otras que por ahí andan que aplaudimos, sin darnos cuenta que solo tras ellas ocultamos nuestra ansiedad y algunos problemillas que no queremos encarar.
Y, por si fuera poco, tenemos el gran cóctel que nos sirven bajo el sello de la salud pública, con receta oficial y aprobación internacional: benzodiacepinas y psicofármacos para la ansiedad o el insomnio y ni se diga los antidepresivos, tan de moda. En vez de enseñarnos a hacer nuestro propio trabajo interno, claro que eso llevaría a que se adquiera conciencia esa arma o herramienta que puede meter al mundo en un gran brete y ni se diga al poder, pues algo que sucede es que en una parte se piensa o lo que es más se medita, algo extraño en esta vida. Un menú refinado que en cuestión de tres días nos convierte en dependientes absolutos y cuyo proceso para soltarlo cuesta, dicho así, a lo bruto: un huevo. Eso sí, muy aceptadas socialmente, a pesar de la feroz dependencia física y de la tolerancia astronómica que desarrollamos, haciéndonos caer, casi sin darnos cuenta, en el exceso cotidiano.
*

*
Para que no sea un embrollo tomarlas de adultos, desde los más tiernos años nos introducen en ellas. Las escuelas ya no aguantan a tantos pequeños desestructurados, hiperactivos y con esas nuevas modalidades del síndrome de déficit de atención, disruptivos o de la conducta, entre otra cantidad que anda rodando por ahí. Nadie mira que es el propio sistema educativo el que ya dio de sí; no ha evolucionado a la par de la sociedad, la cual nos está volviendo locos a todos. Tal vez lo más sensato sería que nos enseñaran a capotear desde muy temprano nuestra propia locura y limitación, ya que estamos pasando de la neurosis de antaño a psicosis y psicopatías galopantes. Hoy en día, las grandes ciudades se comportan como psiquiátricos sin medicación y, pa´ colmo, con los locos sueltos por las calles.
Una de las claves para entender la maraña es asumir que todas estas muletas actúan directamente sobre el sistema de recompensa del cerebro, donde la dopamina es la vedette indiscutible del espectáculo.
Esa sustancia no es otra cosa que el botón de “¡quiero más!” que nos han instalado de fábrica y que ahora con el nuevo cableado que nos están colocando para reforzarnos la idea de repetir la jugada una y otra vez, nos están entrenando sin que nos demos cuenta. Nosotros que nos creemos bien listos, sabios y muchos eruditos caemos como angelitos en las garras que nos devoran.
Por eso, de repente nos descubrimos abriendo el refrigerador por quinta vez en la noche sin tener hambre o agarrando el teléfono y revisando cada dos minutos los mensajes como si en cualquier momento nos fueran a nombrar herederos de una fortuna de algún familiar que ni en cuenta teníamos. Nutrir la quimera que la fantasía crea es parte fundamental del juego en que estamos sometidos, un sueño que difícilmente llegará, pues requeriría de un milagro: un gran golpe de “suerte”.
*

*
Doña Sugestión conoce perfectamente esta química, esa que nos mete la dichosa dopamina. Sabe que cuando estamos estresados, solos o simplemente aburridos, el cerebro no quiere filosofar, quiere su dosis rápida de aplausos, azúcar o tranquilizantes. Nos vende la ilusión de que el control está afuera, en la siguiente pastilla, en el siguiente clic, en la opinión del gurú de moda con un millón de likes, mientras por dentro nos desconectamos de lo único real que tenemos:
NUESTRA PROPIA PRESENCIA
En la próxima entrega no te pierdas» Las Reglas de Oro de este Grimorio Práctico», para sobrevivir al bombardeo diario y morir con la dignidad intacta. Te esperamos, no lo dudes, acércate y tendrás….
CONTINUARÁ…
MÉXICO
OCTUBRE 2026
***
Se agradecen fotos tomadas de internet y a la IA
GRIMORIO PRÁCTICO PARA NO CAER EN LA TRAMPA DE DOÑA SUGESTIÓN (4)
GRIMORIO PRÁCTICO PARA NO CAER EN LA TRAMPA DE DOÑA SUGESTIÓN (3)
GRIMORIO PRÁCTICO PARA NO CAER EN LA TRAMPA DE DOÑA SUGESTIÓN (2)
GRIMORIO PRÁCTICO PARA NO CAER EN LA TRAMPA DE DOÑA SUGESTIÓN (1)
De esta entrada, de ese meter las narices donde nadie te llama nació este Grimorio
CHISMOSEANDO: CÁTEDRA DE BRUJERÍA EN LA BANQUETA
***
ABRÍ MI PÁGINA DE FACE
¡ECHALE UN OJO!
TE INVITO A QUE VISITES EL BLOG
puedes encontrar otras entradas que te interesen.
GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!

