EL AGUJERO NEGRO ERUCTADOR Y QUISQUILLOSO: LA INDIGESTIÓN KANTIANA Y EL DIVÁN DE LAS GALAXIAS (ENTREGA V)

«Crónica de un tecnofeudalismo con empacho y espionaje con sonrisa de silicio»

«El gran fracaso de los Señores de la Nube en el mercado de las almas pixeladas»

«De cómo el libre albedrío se ahogó en la nube y Kant le puso una dieta estricta al devorador de mundos»

Aclarando: hay un gran titubeo que impide el tomar la decisión de cual dejar de estos subtítulos para encabezar la entrada, frente a ello, cada quien elija el que le guste y si no le gusta ninguno póngale el que usted quiera, ejerza el Libre Albedrío, tal cual en este mundo se maneja, pues más allá, no se preocupe mucho ya está designada de acuerdo a los estudios realizados por otros sobre usted, lógico que sin su consentimiento, pues eso es algo que viene sobrando, cual será la que elija, pues ellos saben más que usted mismo, sobre usted mismo, eso sí, y si no lo saben les garantizo de que lo convencerán que es de la manera que ellos plantean. Por lo tanto, cumpla con certitud con lo que nazca de su dedo pues él se ha vuelto sabio y eso le dará la sensación de su libertad de elección. Haga click nada más y todo quedará solucionado. Gracias LA GERENCIA

El agujero negro entró en cortocircuito. El colapso mental empeoró al regresar de su viaje, una travesía en la que se había sentido sutilmente humillado. Por un lado, no apareció a recibirlo quien él creía que lo aguardaba con gran regocijo, por el otro, cuando finalmente lo recibió al día siguiente, lo hizo esperar. Ni con toda su flota de «los Señores de la Nube», esos que lo rodeaban como si fueran su gran familia de «angelitos» y su tarjeta de presentación, logró impactar. Ni en cuenta se los tuvieron. Eso sí, los locales derrocharon una diplomacia excelente, cuidando esos detalles que hablan sin necesidad de palabras, como si trajeran tatuado el dicho: «A buen entendedor, pocas palabras bastan».

A todos recibieron y todos intercambiaron espejitos por oro. Sin embargo, los visitantes terminaron transando y cediendo en el negociado para poder rascar, al menos, unos lamentables permisos, si no lo hacían, perderían ese gran mercado de ventas, una perspectiva que hacía estremecer no solo a sus bolsillos, sino a toda su identidad.

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Cayeron, sin darse cuenta, en un doloroso baño de realidad. No pudieron más que aceptar el gran fracaso: la soberanía del visitado en esta área doblega, sin necesidad de comparación, a los autoproclamados «señores feudales». No pudieron vender su gran «Botana Chips», al contrario, los locales prefirieron su propia «botanada» nacional. Claro que no tuvieron libertad de elección, según se rumoreaba. Fue una gran patada en el ego, pues eso de congelar la compra de los recién llegados, fue una medida inesperada. «Libertad, libertad», proclamaban, pero esa ya había quedado hace siglos rezagada, cuando el Libre Albedrío fue ensalzado para que nadie sintiera que ya había sido exterminado, o será: ¿qué alguna vez existió?.

 Tampoco pudieron tentar al anfitrión con su despliegue de «grandes dotes», ya que los locales piensan a largo plazo, a diferencia de los recién llegados, cuya planificación no pasa del día a día: tragarse todo lo que puedan en el instante, esa es su alta filosofía. Así que tuvieron que sumirse, obedecer y agregar a su tecnología una programación con instrucciones hecha por los nativos… y ¡vaya a saber uno qué trae realmente dentro!. Si no es espionaje puro, está muy cerca. Eso los traía «fintos» a los pobrecillos, tanto así que ni su propio teléfono podían usar si no era descartable, pues se sentían custodiados por todos lados (con sonrisas, eso sí) y hasta temían que les dominaran los cerebros. ¿Será así?. ¿O sobreestiman el tamaño de sus mentes?. ¡Qué terrible!, no saber en dónde se está parado.

Ellos, que con gran paciencia y esmero están creando un mundo de ricos y siervos, un tecnofeudalismo bellísimo, añoran los viejos tiempos cuando todos vivían felices. Claro, sin lo «tecno», porque eso ya es modernismo de los agujeros negros. Ahora el feudo está mucho más cerca, en sus pantallitas tienen esa pildorita que los mantiene enfocados y, a su vez, trabajando sin darse cuenta para la corporación. Son sus vasallos. Los pobrecillos no son otra cosa que proletarios de la nube, donde los señores se sientan a contar todo lo tragado sin lanzarles siquiera una moneda, solo les dan juguetitos tecnológicos, claro que ellos los pagan y con los cuales los tienen endeudados, para que estén embobados y ni se enteren de que están dominados. Eso sí, todos se creen libres y con libre albedrío. Por supuesto, el imperativo categórico no existe, ya están pasadas de moda la ética y ni se diga la moral. Ya es hora de levantar ciertos tabúes, pues los señores de la nueva casta han dejado claro cuáles son sus apetitos frente al fastidio de la monotonía de siempre, pero mejor es no hablar de esto, es mejor que quede archivado el nacimiento de esa nueva «elite», pues es por ello, para que no se abra, que se desatan guerras por todos lados o se crean delitos para poder entrar y hacer lo que saben mejor hacer y lo ven como acierto, eliminar algún contrincante desde lejos.

Sin embargo, la gran sorpresa lo esperaba en ese pasto verde donde ya se pedía con grandes letras un juicio político, el arte que sale a las calles y por todos lados se expresa. Ahí estaba escrito, negro sobre blanco, un decir pues no era otra cosa que en el césped, ya que todos están hartos de sus eructos galácticos y de su «tragadera» insaciable y del aroma que desprende. Y no solo la de él, sino la de toda su comidilla, esos que andan articulando la sociedad en torno a «compañías» para masticarse a los Estados, bueno esos ya ni existen, crear sus propias estrellitas y anular el gobierno de las leyes. Así, nadie tendría ni voz ni voto y todos trabajarían para ellos. Como era antes, en el principio de los tiempos, bueno un poquito más allá y ahora se vuelve a empezar.

El Universo se está concibiendo de otra manera, está cambiando, y no solo existe este agujero negro quisquilloso, están apareciendo otros, como ese que huye. Sí, anda corriendo y armando un gran maratón. Parece que quiere llegar antes que ellos… o tal vez ya ganó la partida. ¿Saber?, este es otro «colifato» que anda suelto…

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Eso sí, los que se manejan con feudos y se creen los grandes señores terminaron «feudalizados». Se volvieron un feudo (perdón por repetir las palabras, sé que no es para nada de buen escritor, ni de buenos modales literarios, como el agujero negro eructador que en cada fogonazo deja bien claro en donde fue educado), más porque no pudieron doblegar la gran soberanía de los algoritmos celestiales, quedaron reducidos a simples mercaderes pidiendo permiso para operar, todo por haber puesto todas sus estrellitas en una sola canasta.

Si el agujero negro decidiera que su «ley universal» es tragarse todo lo que brilla, ¡se quedaría sin cena en menos de un eón!. Se dio cuenta de que, si todos los agujeros negros hicieran lo mismo, el Universo sería un salón de fiestas al que nadie quiere ir, por más que debajo de él, se esté construyendo un hospital para los achaques de la tercera edad, con las luces apagadas y los invitados (nosotros, las estrellas, las cucarachas de Madagascar) flotando en la nada más absoluta.

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Kant le dejó un sabor a regla de cálculo y a café frío. El pobre agujero empezó a sentirse culpable. ¿Qué cosa tan horrible es esa? En su vida cósmica había sentido algo igual. ¿Es moral devorar una enana blanca que pasaba por ahí con toda su familia de planetas?. Según Kant, si no puedes convertir el «devoramiento» en una ley para todos, mejor quédate a dieta. Y ahí lo tienen: el primer agujero negro con crisis de conciencia, intentando ser un «buen ciudadano galáctico» mientras el hambre le ruge en las entrañas.

Claro que, como es un gran artista, no hay que creerle nada. Dice «qué terrible» pero no le importa un comino que hongos luminosos le crucen por la cabeza. Si no gana él, si no sale victorioso y rompe esa estrechez que los otros defienden a capa y espada… esos otros que todavía andan en el Medioevo, pero que manejan juguetitos voladores de fibra óptica que son su gran pesadilla. Tan básicos los pobrecillos, tan discretos, tan baratitos, que ni se hacen notar y lo están volviendo loco. Al igual que David volvió a Goliat.

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Por eso ha decidido entrar a terapia, a ver si el psicólogo galáctico lo contiene, porque ya le importa muy poco lo que suceda. Lo único que realmente amerita en su retorcida lógica es ser un «WINNER» y engullir muchas más estrellitas.

Aclaración final: Las noticias son arcaicas, ni se diga, por problemas tecnológicos hubo que frenar la publicación, la cual si no hay más inconvenientes seguirá informando lo más al día que se pueda de lo que sucede en esta galaxia maniática y ese agujero negro que la trae de cabeza. Una disculpa. LA GERENCIA

CONTINUARÁ…

MÉXICO

MAYO 2026

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Agradezco todas las fotos a internet y a la IA

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AGUJERO NEGRO ERUCTADOR Y QUISQUILLOSO

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