UN POCO DE HISTORIA Y ALGO MÁS
Empecemos por lo básico: ¿qué es un agujero negro?. Verán, los agujeros negros se forman cuando una estrella enorme, una gigante roja que se cree el último grito del universo, un superhéroe del cosmos o, por lo menos, el matón de su barrio, empieza a estirar la pata. Se queda sin energía, igualito que le pasa a Superman cuando lo agarra la kriptonita y lo deja hecho una piltrafa.
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Lo peor es que sus «amiguis» miran para otro lado, ya no quieren saber nada de esa energía «nucleada» que tanto daño hace. Y cuando se la ven venir, resulta que uno de los «colifatos» que la maneja, en un arranque de ira para que no le saquen sus trapitos sucios al sol, tal vez decida, volar todo. Como se siente acorralado y está al final de su vida, poco le importa que el mundo estalle mientras él se salga con la suya, haya terminado de construir su salón del otro lado del agujero y se sienta protegido. Algún parecido con esa gente que cree que el universo gira en torno a su ombligo es, por supuesto, pura coincidencia. Porque, admitámoslo, por muy «viejecito» que esté, no es ninguna perita en dulce, sino más bien un alma fermentada que ya huele a rancio, por no decir a podrido porque no se escucha bien. Dirían algunos: «Es muy fuerte», para los oiditos delicados de…bueno mejor ni hablar, me callo.
Tras años de creerse el centro, se convierte en una enana blanca. Imagínense qué tragedia, pasar de sentirse un coloso a ser un insignificante. Para colmo, la gravedad lo aprieta y lo comprime hasta que nacen los hematomas y se forma el agujero negro, ese lugar de donde ni la luz puede escapar.
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En resumen: un agujero negro es una estrella que se ha encogido tanto que hasta la luz le huye. O eso decían las habladurías cosmológicas hasta que apareció «este»: la excepción que rompe la regla. Este ejemplar quiere que le cumplan todos sus caprichos, lo quiere todo para sí, aunque sepa que ya no sirve de nada mantener lo que fue. Solo soltarlo lo liberaría, pero no va a dar el brazo a torcer, ni lo sueñen, su ego no se lo permite y menos en las circunstancias en » las qui si halla», qué hace entonces, amenaza, abre frentes y más frentes, el avaricioso o ¿acorralado?.
Además, tiene otra debilidad, manipular los mercados estelares para que sus arcas y las de sus secuaces se llenen de billetes verdes. Sí, esos que ya van de salida, pero que para ellos son la gloria, aunque después tengan que llevarlos en carretillas solo para comprar unos chicles. Así que se dedica a tragarse todo lo que le atrae. Eso sí, nada de «estrellas Michelin», esas son demasiado osadas, quieren brillar por cuenta propia y le causan indigestión. A esas las extermina con bloqueos sobre bloqueos. Él solo acepta a las distraídas, esas que vienen entre dos panes, con mucha salsa y se comen con las manos, acompañadas de papitas.
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Por eso es quisquilloso: le hace «fuchi» a ciertos alimentos. Es selectivo. Antes se creía que engullía a cualquiera, pero fue un craso error teórico por conclusiones apresuradas. Total, todo cambia de inmediato: ¿para qué sostener la verdad si vas ganando?. Así se lo susurra su ego mientras crea un universo paralelo donde todo es como él quiere. Bueno, junto con su «cuate», ese cerebro gris que es, en última instancia, el que decide. Otro atormentado que necesita seguir, porque si se detiene, se le viene encima el mundo con todos esos trapitos sucios que… bueno, mejor dejarlo ahí. Es el que, según las malas lenguas, le vendió el boleto para meterse en esta «tragadera» y ahora anda eructando sin remedio, rompiendo derechos y creencias humanas y de las otras también y sin poder salirse, como desesperado.
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Nuestro agujero negro no es un comensal cualquiera; es un «Narciso seductor» con un hambre voraz por lo obsoleto y, si es chatarra, mejor. En su menú de hoy encontramos:
Un puñado de doctrinas de 1800 y algo, de cuando empezó a disputar el trono con otros reyes que se iban apagando, esos que «cruzaron el charco» para adueñarse de lo ajeno. Dijeron que lo habían «descubierto», aunque el lugar estuviera habitado por millones. Pero claro, como no los habían visto antes, no existían, y si no existían, no podían poseer nada. Todo era de ellos, incluso esos seres que los miraban con cara de desconcierto. Eran salvajes y paganos, así que la «fuerza superior» les indicó que ellos eran los dueños de todo y el material humano sus sirvientes (pues no se sabía muy bien si eran animales, porque no se había probado que tenían alma).
Ahora esos mismos, pobrecillos, descubren que han sido colonizados con suma suspicacia por el «Gran Líder», que hace lo que quiere con ellos y los trae de bajada. No saben cómo salir del entuerto, pues le dieron su apoyo cuando se tragaba a medio universo, a este delirante «agujero anaranjado» que rompe las reglas a su antojo le perdonaron todo mientras no les tocara a ellos. Se quedaron calladitos, pero en esta última cruzada ya no quisieron entrarle, porque en un descuido el mandamás, ya trae la idea de engullírselos también. Porque le conviene, y punto.
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Ese afán de propiedad se fue refinando por otros egos, quizás no tan suntuosos como el actual, pero antecesores de gran calaña, que mantenían la esencia de que «este lado del charco» solo sería de ellos.
Luego, por el 1900 y poquito, hacen un pacto. Un gran acuerdo a mitad de siglo que agarró a todos sus aliados durmiendo la siesta o estaban atarantados con tantas guerras. Sus predecesores ya habían marcado el camino, esa estrella única que flamea, que quiere ser el mero centro y lanza la exhortación final…solo había que modernizarlo y expandir el menú, esos ingredientes que crujirían al entrar en el «horizonte de sucesos» (concepto que explicaré en la próxima entrega).
El plato principal, todas esas estrellas descuidadas que, por andar mirando el celular galáctico, se fueron encima o seguían el GPS marcadas como rebaño. Se las deglute sin remordimiento, aunque un día fueran sus «amiguis», se traga hasta sus planetas sin pelarlos. Se trata de no desperdiciar ni crear basura (para eso están los plásticos, que tienen el derecho respetado de seguir inundándolo todo hasta que no quede nada que no esté hecho de ese material, hasta los humanos.).
Y de postre, si, de postre pues no puede faltar, un gran suflé de egos humanos que se creían la médula del cosmos. Son livianitos, puro burbujeo, y gracias a eso ayudan a digerir mejor la materia oscura…esa, la que ya no es lo que se pensaba, no son los que se creían…
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Por aquí lo vamos dejando, por ahora o por siempre. Nunca sabremos qué nos depara el destino, así que empecemos a prepararnos. Mientras tanto, vayan pensando qué es lo correcto:
¿Eructar o no eructar?.¿O nos quedamos en la ambigüedad?
-Y, ¿las cucarachas de Madagascar, perseguidas por el ICE crem?
-Paciencia, regresarán, no todas han sido exterminadas.
CONTINUARÁ…
MÉXICO
ABRIL 2026
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AGUJERO NEGRO ERUCTADOR Y QUISQUILLOSO: EL ARTE DE DIGERIR EL COSMOS (ENTREGA II)
AGUJERO NEGRO ERUCTADOR Y QUISQUILLOSO
EN EL ESTANQUE DEL ESPACIO TIEMPO
CRÓNICAS NOCTURNAS: LOS PILARES DE LA CREACIÓN
CRÓNICAS NOCTURNAS: LOS PILARES DE LA DESTRUCCIÓN
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