EL «NIÑO DE LAS AZUCENAS»

EL INTERCAMBIO

Correteaba por el patio de la Iglesia, se le sentía pasar como ráfaga de aire fresco soltando un  aroma dulce y penetrante, con una suavidad casi etérea, era: el «Espíritu del Niño de las Azucenas». 

Había llegado a participar en el jolgorio de todos los niños y jóvenes de la catequesis, algunos ya habían realizado su primera comunión unos días antes y otros aún seguían en la preparación para ello y recibir de esa manera la Eucaristía.

Él por ahí andaba llenando los corazones de alegría, de risas y sonrisas.

Los niños se acercaban a ese toldo abierto donde estaba la tómbola.

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Lo divino y lo inocente andaban por el patio, llenándolo de mucha calidez a pesar del frío que nos rodeaba, estar con el Niño Divino, un privilegio el poder sentirlo, avivado por todos los pequeñines y los que ya no lo son tanto que allí aguardaban que comenzara esa gran jornada esperada durante todo un año, juntando boletos que se entregaban cada vez que se llegaba a la doctrina.

Cada lunes y cada miércoles, a quien concurría se le otorgaba uno para luego cambiarlos en este maravilloso «viaje» que se había preparado, donde una tómbola llena de juguetes, ropa, gelatinas, pasteles, flanes y un sin fin de más cosas podían ser obtenidas con esos boletos.

Todavía no era la hora, faltaba primero la misa, la procesión y luego se daría el permiso para comenzar la fiesta, sin embargo muchos hasta en bicicleta llegaban, viendo que era aquello que les llamaba para prepararse para el cambio y hablaban e intercambiaban opiniones o señalaban cosas que descubrían.

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El Niño de las Azucenas esa imagen que lleva con ella la pureza, la fragilidad, la inocencia junto a esas flores blancas y puras que evoca la infancia de Jesús, cuando ya dejó de ser un bebé.

Se cuenta que cuando Jesús era niño, solía jugar en un jardín donde crecían hermosas azucenas blancas, que  eran una de sus flores favoritas, que las recogía, prendado por su belleza y su perfume, era un gran regocijo para él encontrar el consuelo y la alegría en todo aquello que la naturaleza le ofrecía.

De ahí fue que al verlo rodeado de estas flores, lo comenzaron a llamar «Niño de las Azucenas», reconociendo en él, la bondad y la pureza que también llevaban ellas.

No tiene esta historia un respaldo en los evangelios sino que se fue trasmitiendo de boca en boca y con ello se señalan esos valores tan importantes para los cristianos.

A través de la representación del Niño Jesús rodeado de azucenas, se despunta su naturaleza divina y su candor inseparable.

Todos se empezaron a juntar a la puerta de la Iglesia era la hora de la procesión, que se haría por el atrio entre los árboles ancianos, donde tanto tiempo habían pasado escuchando la Palabra, haciendo juegos para aprenderla, riendo, compartiendo con otros.

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Dos filas se formaron, para darle el paso a esa bonita imagen de ese «Niño» que irá con ellos.

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Con paso lento cargándola, con la música de la guitarra, cantos, fueron caminando.

El ambiente se iba impregnando más con esa presencia espiritual, con esos corazones rebosantes de júbilo, que inspiran a la calma y la serenidad.

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Marcando el ritmo con aplausos, con coreadas, seguían dando la vuelta, rodeando a ese atrio con los cuatro Evangelistas en el medio.

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Así fueron llegando de nuevo a la puerta de la Iglesia, donde entraron pues era la hora de la misa.

Estaba llena, llena de niños y jóvenes y quienes habían llegado para ser parte del evento.

Con estas palabras se daba por terminado el evento, «Vayan en paz». Fuera aguardaba la celebración.

En un segundo nada más, la Tómbola se lleno de niños, contando boletos, pidiendo, una cosa y otra, y las sonrisas se les veía en esas caras satisfechas por aquello que habían cambiado.

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De ahí, corrían a buscar sus palomitas de maíz en ese puesto que soltaba el aroma que hechizaba para alcanzarlo o su chicharrón o tortas o recorrer algún otro puesto donde más cosas los aguardaban .

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O ir a jugar a los inflables sobre todo los más pequeños, o no tan pequeños que aún querían regresar a ese sentir de otra época.

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El alboroto se hizo eco, la presencia del Espíritu no podía ser negada, eso sí, sentida por aquellos que entraban dentro de ese aire que ahí soplaba, que no solo nutría con oxígeno al cuerpo sino que robustecía al alma.

La noche llegó, poco a poco el atrio se fue vaciando, las voces se perdían en la lontananza, era hora del regreso a casa, los puestos ya sin nada cerraban.

La Gracia estaba presente y era el momento preciso para elevar la mirada al cielo y decir:

 ¡ GRACIAS !

MÉXICO

ENERO 28, 2024

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