Dedicado a la nietecita de Ruth
Su abuela me contó
que le gusta mirar la Luna
desde el balcón.
LUNA NUEVA
Hace un tiempo que la Luna se ha vuelto mi modelo, sin buscarla me la encuentro en sus diferentes fases, me embeleza con su presencia y aunque me agudiza la melancolía es siempre mi gran compañera.
Había salido a dar la vuelta, a caminar por el pueblo para hacer ejercicio, en general lo hago al atardecer, cuando ya el calor está más tranquilo y para ver la puesta del sol.
El rumbo es el mismo, cuando ando sola por este lugar, voy a ese rinconcito que me gusta tanto donde es una platea para ver como el círculo dorado baja paulatinamente detrás de las montañas que se ven a lo lejos y se desaparece dejando un aúrea de luz amarilla.
Dentro de mi cabeza traía un embotamiento como si la maleza hubiera crecido de tal manera que el camino neuronal no estuviera muy bien delimitado, y como es lógico lo que fotografiaba parecía que estuviera contagiado de ese estado y el espacio se cerraba.
Ni modo había que meterse en ello y abrir camino nuevo dentro de las redes, no quedaba de otra, así fuera a fuerza de machete.
Había que atravezar un tramo pues a lo lejos se veía despejado, más allá que en este camino las apariencias engañan, no hay que confiarse demasiado ni bajar la guardia, hay que andar con las antenas bien paradas, así es el terreno, si uno se fusiona a él, también recibe la guía de por donde dar el paso.
Descubrí un nuevo senderito que dentro de toda la mata que lo rodeaba dejaba ver unos pasadizos silvestres, por donde uno podía meterse y quién sabe con qué se encontraría, eso sí las espinas que no faltan en estos caminos, advertirían si uno estaba dando un mal paso, con sus afiladas puntas enseguida detendrían a cualquier descuidado.
Me detuve frente a un árbol que era como un marco que mostraba la puesta a lo lejos, me quedé un rato sin embargo no me hallaba, seguí mi camino, rumbo a donde siempre, a la butaca de roca.
A lo lejos se veía ese huequito por donde se había desaparecido el Hermano Sol, todo el resto del cielo se había empezado a teñir con sus azules alilados.
Me paré y di la vuelta a la Iglesia y comencé a subir la pequeña escalera que va al campanario, otro lugar hermoso para quedarse un rato meditando.
Ahí hice un alto y me senté un rato junto a la campana, mientras veía como la luz disminuía.

Unos cactus abajo mío llamaron mi atención, parecían que hablaban, que algo se comunicaban entre ellos, cuando de repente un pajarillo se detuvo frente a mí, se movía con mucho nerviosismo, como si estuviera ansioso o quisiera trasmitir algo.
Siguió surcando el aire, comencé a seguirlo, pues hacía paradas bien cortitas, cuando ya casi lo había alcanzado, voló y se fue a detener en un arbolito alejado de donde estábamos.
Allá me fui tras él. Estaba tomándole una foto, cuando salió volando, seguí su ruta con la mirada y ahí la hallé.

Sí, sin buscarla, muy tenue, muy delgada, metida entre las ramas.
Se veía hermosa rodeada de las siluetas negras de los palos y los frutos del retorcido árbol de desierto, acostumbrado a la escasez, a las temperaturas extremas, esas que hacen que todo se doble, se enrosque en si mismo, se temple.

Seguí el rumbo del pajarillo y ahí no solo a ella vi sino a su eterna perseguidora la lucecita del atardecer, ese planeta plateado que últimamente se me aparece por todos lados.
Estuve un rato contemplando, entre la confusión y melancolía, era Luna Nueva Creciente, débil, solitaria, lejana, tenue, el aire estaba cargado de mucha tristeza, tristeza fría, de esa que congela el alma, a la cual hay que arroparla.
Di la vuelta y fui caminando a la casa, tenía frío, era como si hubiera llegado el invierno, el pueblo estaba en silencio, ya se había encendido el alumbrado público, la noche ya se extendía, se iba volviendo azul morada para llegar al negro, mirando a las dos luces que coronaban el Cielo me fui abstrayendo y un mini cuento vino a mi cabeza del Mulá Nasrudín:
La importancia de la luna
Nasrudin entró a una casa de té y declamó: «La luna es más útil que el sol». «¿Por qué»? le preguntaron.
«Porque por la noche todos nosotros necesitamos más luz.»
Y así caminando,
reflexionando,
entre callejuelas vacías,
despacito,
sin apuro,
desmalezada,
me fui metiendo
en el manto azul obscuro.

FIN
MÉXICO
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Hermoso tu relato, como siempre, lleno de todos esos detalles sensitivos.
También el cuento del Mulá; la luna siempre nos está dando esa luz que tanta falta nos hace, luz para el alma.
Y gracias para la dedicatoria.
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Si, esa luz que nos baña.
Es que fue muy hermosa la imagen de la niña mirandola desde el balcón y esta tal vez por ser nueva, pequeñita como de cuento, acompañada de Venus, me la trajo al recuerdo.
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qué bonita historia y que preciosas fotos. Buenas noches, un cordial saludo
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Gracias, un abrazo y feliz domingo
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Son unas imágenes de una gran belleza.
Me ha gustado mucho esa niña que mira la luna desde el balcón. Qué bonito!!
Abrazo, Themis
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Cuando la abuela me lo contó a mi también se me hizo una muy hermosa imagen, y ese día fue muy especial como dices de mucha belleza por un lado y por otro muy distorsionado el día, sin embargo sea cual sea la situación hay que encontrar lo bello en ella, así sea un detalle supuestamente insignificante. Gracias y un fuerte abrazo.
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Es muy cierto, durante las horas más oscuras es cuando necesitamos la presencia de la luz que presta la luna, el amor o la amistad. Un abrazo.
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Hola Carlos, que bueno saber de tí, se te extraña. esperemos que pronto regreses al ruedo. Qué bien que interpretas al cuento, te mando un abrazo grande y que sigas bien
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