CUANDO LA VIRGEN SE APARECE
Venía de estar caminando por ese escenario natural que guarda los misterios de los tiempos, cuando ahí la ví, me la encontré a Tonantzin, la Madre Sagrada, la adorada, la que en estas tierras mexicanas la mayor parte llevan dentro, es su cobijo, es su esperanza, es su fuerza, es su confianza, es su protección, la Madre Tierra, la cual a todos da su sustento.
Ahí estaba entre cactus longevos, altos muy altos, de tonalidades homogéneas y ella lo contrario sus colores relucían, era el detalle llamativo como cuando aquellos florecen.
Si era la Virgen de Guadalupe, la que lleva el color de la tierra, la que porta con ella todos los símbolos entendibles para los habitantes del Valle de México, los nahuat, que vivían en estos parajes cuando se presentó, pues ella no nació con la Conquista, ella vivía desde hacía mucho tiempo antes en los corazones de los pobladores que habitaban esa región, ahora simplemente era otra forma de representarla.
Desde antes de la llegada de los españoles, de todas partes iban al Cerro del Tepeyac cercano a lo que hoy es la Ciudad de México, el 12 de diciembre, a llevarle ofrenda, a danzarle, a estar sintiendo el influjo que desde ese lugar emanaba y emana a todos los que se acercan.
Miles de ellos eran antes, ahora en la actualidad son millones que salen desde sus pueblos en toda la República, unos caminando, otros en bicicletas, otros en camiones, en autobuses, digamos como puedan, para estar ese día junto a ella.
Muchos dicen que es la ignorancia quien los vuelca a hacer esas peregrinaciones y la manipulación bajo la que se encuentran, más allá de ello, pocos son los que entienden que la fe es quien los lleva que desde antes de la llegada de los conquistadores, de la aparición, mucho, muchísimo antes ya se congregaban alrededor de ese Cerro para ofrendar a la Madre Tierra, agradecerle sus cosechas, pedir protección o sencillamente llevarse la serenidad que lo nutre cuando cree en ella.
-No se necesita ser católico para ser guadalupano- recuerdo escuchar decírselo a un amigo cuando recién llegué a México.
La Basílica es un hormiguero de personas que vienen de todas partes no solo de México sino del mundo a honrarla.
Los artistas se congregan para cantarle Las Mañanitas a tan bella dama, que dicen que se apareció así como así varias veces en ese mismito cerro a Juan Diego, que antes de convertirse al cristianismo se llamaba Cuauhtlatoatzin, que quiere decir «hombre que habla con las águilas».
En donde sea se le festeja, en la mayor parte de las compañías donde hay trabajadores está el altar para ella, no hay cosa más importante para todos ellos y más de cuidado que donde se encuentra.
Recuerdo que una vez en una empresa que se iba a mudar de espacio, el encargado habló con los empleados para darles la noticia y ver si a todos le acomodaba el cambio, no hubo uno solo que le importara a dónde se iban sino la pregunta que nació fue, en que sitio se iba a poner a la Virgencita.
Tanto fue así que llevaron a una comisión a que ellos mismos determinaran el sitio en donde ubicarla, así se hizo y todos contentos estuvieron sin interesarles la distancia que de repente a diario muchos tenían que realizar para llegar a ese nuevo lugar.
En todas las paradas de taxis, de autobuses, de vendedores ambulantes en las calles, ahí se la va a ver instalada con sus flores, sus veladoras, sus cuidados, no es difícil caminar y encontrarnos con una imagen.
La Independencia se realizó siguiendo el estandarte que Miguel Hidalgo llevaba de ella, lo mismo Morelos que desde sus tierras se alzó con su imagen.
Es México donde las creencias se sincretizan y pasan a ser parte del todo, por más que muchas creencias traten de erradicar esa forma que sustenta a este pueblo que dificilmente pierde las esperanzas, podrán comportarse como que aceptan en su totalidad lo que se les indica más allá que en su interior guardan lo que para ellos es la verdad, la del corazón, la que los ha mantenido unidos por todos estos siglos, ese lazo que les llega muy adentro, ahi a ese lugar donde se guarda la memoria de los tiempos la que los ha mantenido juntos por todos estos siglos, unidos, resistiendo, cobijado por ese manto suave, dulce y a quién podemos recurrir cuando ya no tengamos nada en que sostenernos.
Ella es la que los hermana, ella que tiene el color de la tierra, la que ellos llevan en su piel.
Ahí la vi, ahí la encontré, entre los cactus, en ese espacio donde marca el comienzo de todo lo que es en la Tierra, en el lugar donde se domesticó al maíz, al frijol, a la calabaza, para tenerlos hasta ahora como sustento, reluciendo su dulzura, parada sobre la luna, con su manto de estrellas, rodeada por su halo dorado y dispuesta a salvaguardar a todos aquellos que piden por ella.
JARDÍN BOTÁNICO HELIA BRAVO HOLLIS
ZAPOTITLÁN SALINAS
MÉXICO
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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!


Qué lindo, Themis.
En especial el último párrafo es pura poesía.
Abrazo grande
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Gracias Eva, en parte es lo que inspira sentir esa magia que hay detrás de ella, no la religiosa, sino la religiosidad que todo ser humano no tendría que perder, apoyo para sobrellevar todos los momentos. Un abrazo
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Es sorprendente que a pesar de las presiones racionalistas aún sobreviva el culto con tanta fuerza. Quizás sea porque en ella encuentran consuelo que nunca falla. Un abrazo.
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Así es Carlos, el consuelo, la confianza, el sentirte amparado por ella es muy pero muy fuerte, cambiarán las formas no así el sentir que hay detrás de ello, el cual sigue imperturbable a través de los siglos. Un abrazo
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