Hoy es la Guadalupe,
esa Virgen Morena detrás de la cual se resguardó a la Diosa Coatlicue como se le llamaba en aquella época a la Madre Tierra que era muy venerada por todos los indígenas que poblaban aquellos territorios.
Era su Tonantzin, su madrecita, su madre sagrada y adorada, que de donde fuera llegaban a celebrarla, a pedirle favores, a danzarle todos los 12 de diciembre, simplemente a sentirse cerca de ella en el Tepeyac, el cual era su cerro.
Ahí uno la siente, en esa energía que desprende, acobija, protege, quién sabe es un sentir que brota de muy adentro y que se fusiona en ese entorno, es como un gran útero.
Dicen que fueron ellos mismos los náhuatl quienes crearon esa imagen estampada en el ayate de Juan Diego, la cual llevaba en ella, los símbolos de su religión: el sol, la luna, las estrellas, los 4 rumbos del universo, de esa forma la siguieron venerando, cuando se le impuso la devoción a la nueva religión con el fin de «civilizarlos» y que dejaran sus adoraciones paganas, por otro lado estaban acostumbrados a unir a los dioses de quien los conquistaba a los suyo propios, pues si los habían vencido era porque estaban más fuertes.
Tonantzin para los mexicas, era la madre de todo lo que existe,
en la Tierra y en el Universo.
Era diosa de la Vida y de la Muerte.
Ya se había hecho la noche, había llegado como por encanto, el día había estado hermoso, la temperatura ideal, ni frío, ni calor, todo un deleite después del congelamiento que traíamos, era como si nos hubieran pasado por freezer hasta dejarnos tiesos, muy tiesos, como que nos volvimos estalagmitas.
Y hoy el Cielo traía su festejo a la Madre Tierra, a la PachaMama, a la Tonantzin, a la Guadalupe cambiaba a cada rato, mostrando paisajes celestiales, como que no parecían reales, era como si otro mundo se abriera frente a los ojos y diera el espectáculo más sensacional que pudieras ver, fue como si la Eternidad se hubiera estrablecido todo el día, él era quién dirigía.
Por otro lado regalaba a todos los mortales un rato de descanso en donde podía andar más ligero de ropas y sentir como el cuerpo se deleitaba con ese tenue calorcillo que le llegaba.
Se veía por la entrada de la cañada esa nube que forma como un techo, más allá estaba quieta muy quieta, el sol refulgía por todo el cielo.
Esa imagen entre mar, tierra, cielo, que parece salida de un cuento, que la mayor parte de las veces que está promete un ensoñar con los acontecimientos que sobrevendrán.
Así amameció la entrada a la cañada.

Todo el día brilló, volvió haber conexión, se sentía por todas partes, esa unión entre el Cielo y la Tierra y uno ese elemento que media, transmite.
Sin embargo la tarde noche fue otra cosa, fue aun más embriagador, como si el todo se engalanara como pavo real, desplegando sus plumas para con ellas atraer.
Poco a poco la nube comenzó a entrar, se fue extendiendo, mientras el Hermano Sol se preparaba para la partida, inundando con sus rayos naranjas amarillos.

A medida que él se iba retirando, más abruptos se hicieron, mucho más fuertes, marcando ese descenso por el que iba.

El ocaso me centró, su despliegues de colores, de cielos, unidos al mar de nubes que lo reflejaba.

¡Wow!, puede ser la palabra que lo defina, qué regalo que me están haciendo era inexplicable el sentimiento que nacía de muy adentro, soy parte de todo esto, soy parte de un mundo bello, solo necesito elevarme y dejarme guiar por ello.

Sin embargo aún la sorpresa no había acabado atrás de él apareció ella, sí esplendorosa, en una forma muy hechizante, seductora, tenue, frágil, comencé a jugar con ella, pues creo que me invitó, como buena fémina, hábil seductora, cuando en una toma apareció lanzándose al vacío en una caída libre, dejando una estela dorada.

-¡Oh! quieres jugar- dije yo – pintemos el obscuro Cielo, con la luz que nutre la noche, así empezó todo, y así siguió por un largo tiempo.
Luna maga que llamó mi atención y ahí se puso a jugar y me enganché.

Ya había obscurecido, la noche enfrió sin embargo se soportaba con la ventana abierta, lo que es más era muy rico sentir la frescura del aire entrando por ella, purificaba, cambiaba, realmente era un alimento.
Me quedé contemplándola, vestida en un color mágico, un amarillo dorado, sólido, embelesador.
Iba bajando como si lo hiciera por una escalera, tomada del barandal, sin que lo hubiera, con un paso lento, magestuoso, osado, deleitante.

Soy luna de boca cerrada,
El silencio es el camino
Es el mundo contemplativo
y así sin quererlo fui captando su ocaso, como poco a poco, se iba perdiendo dentro de un halo amarillo que le daba aún más un aire de misterio, de ensoñación, de un estar en otra realidad.

Hasta que casi tocando la montaña, se vistió de unos matices más interrogantes, rodeada de los pequeños puntos luminosos que era todo lo que se dejaba ver en ese escenario donde la Tonantzin era la festejada.
Parada en esa luna creciente envuelta en su manto de estrellas.

Hasta que en un momento estando compenetrada, cuando nada me mostraba que su desaparición era inminente se perdió detrás de la montaña, como la hoja de papel que desaparece en el sobre.
Al final la obscuridad invadió.
Última luna del año, luna de invierno en donde me encuentro, luna de meterse dentro, de regocijarse con uno mismo y con aquellos que son cercanos.
Comienza el tiempo del encierro, es mejor estar dentro, quedarse detenido, no hacer alarde de fuerza.
Conéctate, medita, vive tú interior, púlelo como espejo, para reflejarlo cuando llegue su tiempo.
MÉXICO
OAXACA
2018
EL DÍA DE LA TONANTZIN SE ACERCA
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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!


Maravillosa forma de amanecer.
Me encanta como lo has contado.
Un abrazo.
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Gracias. Sí, la verdad que fue un día muy espectacular, todo él, desde el amanecer hasta la noche. Un abrazo
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Es bellísimo. Y tú poeta.
Me encanta esa luna silenciosa.
Un abrazo, Themis.
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Gracias Eva, una luna de encanto sin igual que parecía la dueña del cielo, un abrazo grande y feliz semana
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La crónica de un día maravilloso, que abrió las puertas al invierno sin tiempo y a la reflexión. Un abrazo.
El cielo dejó todo un espectáculo.
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Sí, festejando el día de la Guadalupe, como dices maravilloso de verdad. Un abrazo
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