LO DIVINO SE HACE PRESENTE
El desierto se viste de gala dorada, es sublime este instante donde la aridez regala una vida de emperador, seco y brillante como la mies, justo antes que la Primavera nos tome por sorpresa. El paisaje la va anunciando, en un susurro, con un rocío de pétalos amarillos, que despierta a las demás flores, llegan a un acuerdo, se dicen unas a otras:
– Es hora de florecer, es hora de llenar el vacío yermo con este color de maravilla, divino y eterno, centro del universo, del poder y la sabiduría.
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-¿Acaso no es el Sol quien lo viste?
Los magueyes despiertan y comprenden que ha llegado su hora de partir de estas tierras. Es el momento de entregar lo más sagrado que poseen, aquello que solo una vez en la vida soltarán desde sus entrañas: esa flor milagrosa cuyo tallo asciende incansable para alcanzar el cielo. Ese firmamento al que siempre aspiró a tocar mientras habitaba el suelo, y que ahora corona el tramo más hermoso de su andar: florecer mientras se despide. Sus hojas duras se marchitan, entregando su fuerza para que broten las flores de un amarillo cálido. Con una forma mística de enfrentar el último aliento, alegrando la vista de quienes se quedan y con ello dejan plasmada su enseñanza para aquellos que tengan ojos para ver.
Pasear es descubrir las calles alfombradas por pétalos que, como pequeños copos de suave caída, se desprenden cuando la brisa los mece. Se les mira danzar en el aire, movidos por ese soplo eterno que siempre los acompaña.
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Es el color de la alegría, de la calidez y la luz plasmado en cada rincón. Ahí está, sobre la tierra reseca que clama por agua y que, sin embargo, mientras espera, inunda el paisaje con su maravilla etérea.
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Caminar, caminar, adentrarse en esa atmósfera donde todo resplandece, donde el mundo es un corazón abierto de oro celestial.
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Ese oro que no se corrompe sino que habita en lo hondo, forjando el espejo para que el reflejo humano se convierta también en centro, ahí donde el alma se expresa con el color que da vida, incluso cuando se está en el umbral de la partida.
MÉXICO
MARZO 2026
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EL CIELO SE PIERDE EN EL INFINITO
SOLTAR EL LASTRE, VESTIR AL VIENTO
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Precioso Themis, siempre me ha maravillado, como el semidesierto se engalana con flores. Los colores nos recuerdan que estamos vivos y que hay que aprovechar cada segundo bajo el sol. Lindas fotos. Saludos.
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A mi también me maravilla pues parece yermo, árido y sin agua aun te regala este paisaje. Bello, bello, gracias Ana, abrazo grande
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Un paisaje hermoso de verdad. Casi parece que algún mago obró un milagro. Gracias Themis por compartirlo. Un abrazo
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Es muy bello, hay lugares que parecen de cuento, duran muy poco, son flores efímeras, a parte florecen sin que haya llegado aún el agua. Es un gran milagro. Otro abrazo grande para tí, y gracias
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Hola, Themis, efectivamente, parecen las calles alfombradas de oro. Todo muy simbólico. Se consolida, paso a paso, cada vez más la primavera. Aunque no muy bueno para los alérgicos.
Un abrazo. 🙂
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Así es, los alérgicos padecen en estos momentos. Aquí las todo florece, más cuando llegue en agua bendita para esta región desde el cielo y todo corre para vestirse a recibirla. Abrazo grande y gracias
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Muy, muy hermoso!
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Gracias Carme, me alegra que así lo veas, abrazo
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Siempre me ha gustado mucho el color amarillo. Pero no sabía de esta floración de la que nos hablas. No dudo que ha de ser una experiencia contemplarlo en todo su esplendor. Gracias, Themis, también por las fotografías. Muy agradable pasear contigo ese paisaje del desierto en flor. Mi abrazo grande y feliz Viernes Santo.
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Sí Julie, es un arbolito del desierto, con un tronco verde bello, bello, caminas en muchos lados entre ellos y su florecilla es de una delicadeza única, frágil, casi etérea. Ahora se empezó a vestir de morado con los jacarandás pero esos si ya fueron plantados e importados, se ve en el pueblo y las ciudades, no en pleno desierto. Abrazo grande y mil gracias. Tu también que tengas un Viernes Santo de recogimiento en espera de esa Pascuas que nos renovará.
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