LA JUNGLA
Seguíamos el camino adentrándonos cada vez más en ese enigmático espacio, donde la vegetación a cada paso se iba cerrando dando la impresión en muchos momentos de estar caminando por una selva de árboles más bajos y muchos de ellos guardaban las espinas, sin embargo la humedad que se comenzaba a sentir daba cuenta que habíamos entrado a otro clima.
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Cruzamos una frontera sin lugar a dudas, una orquídea de tierra, bella, solitaria, en esas tonalidades azules, hacía gala de su sencillez y simpleza, dando cuenta que lo tropical estaba cerca. A cada paso se iban encontrando más, que lucían airosas de poder mostrarse.
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Subíamos y subíamos, el camino se iba llenando de dificultades, cada vez el sendero se hacía más estrecho, de un lado estaba el barranco y del otro las vegetación se hacía más densa.
A medida que nos introducíamos en ese micro clima esas pequeñas porciones de espacios naturales que permiten que la biodiversidad no se pierda, por lo que hace que esta zona a pesar de su clima semiárido, guarde estos rincones que son un reservorio de especies endémicas tanto de flora como de fauna, pues muchas de ellas se refugian o refugiaron en él para poder preservarse y adaptarse a los cambios a los que se veían sometidas, fuimos descubriendo como muchas de las plantas que en la zona baja tienen espinas, aquí las perdían, pues ya no eran necesarias para juntar agua, pues la humedad era suficiente para hidratarse.
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Detenerse a observar estas permutas «donde el planeta muestra su historia evolutiva», como dicen los estudiosos de estos acontecimientos que llegan de todas partes a observarlos, pues los tienen frente a sus ojos, esa historia de cómo fue pasando de un cálido mar, en la prehistoria, que lo señala los miles de fósiles acuáticos que se encuentran, donde los dinosaurios andaban por estos parajes dejando como muestras de su paso, huellas fosilizadas, en la actualidad es en su mayoría semidesértico.
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De repente, frente a nosotros se aparece un ejemplar de una planta que muy claramente presentaba su pérdida de espinas y sus hojas muchos más frescas y menos rígidas que sus hermanas que habitan unos kilómetros más abajo.
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Otro cambio se nos abre, unas piedras diferentes, ya no son las boludas, redondas y engañosas, son más heterogéneas, más obscuras, las cuales se pueden pisar con otra confianza, sin perder la atención pues en estos parajes no se puede andar muy confiado.
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El encuentro con el primer prisma, tirado en el suelo, esas rocas que parecen trabajadas, moldeadas, como si alguien se hubiera tomado el tiempo de delinear su proporción, de ir logrando una simetría, de darle esa forma caprichosamente geométrica.
Sin lugar a dudas, el camino nos marcaba que ya nos encontrábamos muy cerca de ellos, ahora había que encarar a esa pared que se sentía que se venía, cada vez se empinaba más, cada paso el suelo cambiaba, más allá que la vegetación densa impedía mirar hacia adelante.
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La sorpresa estaba por ser revelada, solo había indicios de ese cambio, en el aire, en el oxígeno que se respiraba que humedecía las fosas nasales y a todo el organismo por dentro.
La humedad daba paso a un pequeño relax del cuerpo que comenzaba a sentirse en una parte hidratado, rodeado de una tropical frescura, viniendo de la resequedad constante, cotidiana, era descubrir de nuevo un sentir que se volvió olvido.
De repente, todo se abre y allí aparece esa pared descubierta, lisa en un principio y luego como si fuera formada de escalones, arbitrariamente diseñados, estábamos subiendo por el centro de lo que se cree que fue el cráter de ese volcán marino que al erupcionar creó estas formaciones, en la era Mesozoica y Paleozoica, allá por aquellos inicios de todo lo que fue la vida en la Tierra, pues estaba en ese mar que lentamente se retiraba, dando paso a que la Creación se adueñara de otro espacio para ensayar formas de vida.
Y Alex que sale corriendo, como si hubiera sido liberado, después de tanto tiempo de andar por un sendero estrecho, tupido, un túnel de vegetación y se había llegado a ese instante donde se divisa la salida, el entusiasmo se hace cargo y el vuelo que lo expresa.
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Pasábamos del desierto a la jungla, de las piedras boludas a piedras conformadas por cuarzos y otros minerales, los cactus confraternizaban con flora más subtropical, extrañísima sensación, como si lo árido culminara en la exuberancia, lo esférico en formas más prismáticas, mostrando como los extremos se juntan, son lo mismo con otra presentación.
Enseñanzas que la evolución nos deja plasmadas desde hace millones de años en la Naturaleza y no las miramos para aprender en este paso que hacemos por ella, la manera de imitarla en nosotros mismos, no en el buscar simulándola, superarla.
Se abrió la jungla y allí apareció Alex, con una gran sonrisa de felicidad y sus brazos abiertos recibiéndonos, no podía ocultar su contento, con esta aventura de la cual era parte.
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Detrás Abi trepando la cuesta como fuera posible, pues había que escalarla, no estaba tan fácil sin embargo, no era imposible, con precaución y sin apuros se dejaba y daba otro movimiento al cuerpo. Lo despertaba de su estar siempre en lo mismo.
Como premió, estar un poquito más arriba, en un encuentro mágicamente maravilloso.
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¡A llegar a las alturas!, emerger de ese cráter, de las profundidades de lo que un día fue un espacio cubierto por el agua que no impidió su estallido, que empezara a soltar toda ese material fundido para crear al enfriar, esas formas tan delimitadas donde se siente la mano del gran escultor detrás de ellas.
Poco a poco se alcanzaba la cima, aún no se veían los prismas, cerca muy cerca estaban, Gladys hace un alto, entre pedazos de prismas queda parada, ya casi hemos culminado el ascenso.
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«Vamos subiendo la cuesta…» que allá arriba nos espera una gran fiesta, un delicioso desayuno en la cuna de los tiempos….
CONTINUARÁ….
MÉXICO
JULIO 2024
***
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Un reportaje maravilloso, según lees te transporta!!
Saludos!
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Gracias, me gusta mucho que puedas transportarte con mis relatos, que me acompañes en esas travesías, tanto la que realizo, como la de pasar la experiencia a palabras, Abrazo
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Hola, Themis, jo, de verdad, cómo cambia el paisaje y las piedras y las plantas, la orquídea, ¡qué bonita! Parece que salíais de las profundidades de los libros de Julio Verne. ¡Precioso todo!
Un abrazo. 🙂
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Sí Merche, bien lo defines, así fue emerger a otro espacio, como Verne bien lo muestra, esas selvas escondidas en el centro de la Tierra, esos caminos para la aventura, que elevan el ánimo y nos muestran a la vida en todo su esplendor. Gracias, abrazo grandote
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Me ha encantado, Themis. Como siempre, es un placer leerte. Mi abrazo fuerte y admiración.
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Gracias Julie, aun habrá para un rato de prismas basálticos, un lugar increíble, me alegra mucho que te gustara, te mando un abrazo grande, grandisísimo
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Muy bonito todo Themis, por lo que veo son un poco diferentes de los de Hidalgo. Fíjate que me hiciste recordar cuando vivía en Querétaro fuí a conocer una misión jesuita abandonada que se llama Bucareli. El edificio es precioso, ya no tiene techo y la mente vuela estando ahí, pero la cosa es que vienes del semidesierto queretaro y de repentes empiezas a bajar y bajar y de repente te topas con un clima tropical donde crecen plátanos, mangos, las plantas todas exóticas y bueno, es una locura ese cambio. Hay ríos y el calor es infernal. Gracias por compartirnos tus aventuras. Saludos.
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Hola Ana, si por muchos lados se encuentran esos micro climas, más aún en las regiones desérticas, pues ahí ves más claro el cambio cuando pasas de uno a otro, también a veces sucede en los bosques de niebla en las montañas frías, que bajando de ellas puedes llegar a una zona de un super calor. Es maravilloso encontrarse con ellos, más aún si no los esperabas. Gracias, te mando un gran abrazo
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Hola Ana no se que pasa con los comentarios, está raro como se comporta pues apareció el último en papelera y cuando te respondo no aparece.
Te vuelvo a mandar la respuesta, por si no llega, Gasparín cibernético nos está haciendo travesuras.
«Hola Ana, si por muchos lados se encuentran esos micro climas, más aún en las regiones desérticas, pues ahí ves más claro el cambio cuando pasas de uno a otro, también a veces sucede en los bosques de niebla en las montañas frías, que bajando de ellas puedes llegar a una zona de un super calor. Es maravilloso encontrarse con ellos, más aún si no los esperabas. Gracias, te mando un gran abrazo»
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Hola sé que eres Themis porque si apareció tu c omentario con tu nombre, pero ahora no. Yo creo por precaución tenemos que estar dejando nuestros nombres abajo de nuestros comentarios. Saludos Themis, soy Ana.
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Buena idea Ana, pásala lindo, abrazo
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Estupendo reportaje. Genial fotografía. Saludos.
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Gracias Azurea, una muy buena caminata, abrazos
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