» CHICO HARLEY»
“El camino a todo lo grandioso, pasa por guardar silencio”
Nietzsche
Había llegado a Tehuacán y me había concentrado en ir viendo a todos los flamboyanes que encontraba por el camino, pues estaba en un juego conmigo de pronosticar cómo iba a estar esta temporada de lluvia de acuerdo a ellos.
Para ello, recordaba lo que decían o dicen los mayas de la Península de Yucatán en donde les encanta plantarlos en las puertas de sus casas para disfrutar de esa manera cuando florean, regalan ese despliegue de flores rojas y luego la sombra que proyectan.
Más allá, que el estar cobijados en ella, encierra al alma en un suave remanso, no solo le obsequian descanso, también, la ensoñación en que entra el corazón bajo el manto rojo y la brillantez en lo mullido de sus hojas.
Ellos dicen, que cuando hay más flores que hojas es que la lluvia se desatará y será muy buena para la temporada mientras que cuando fuera al revés, pobrecita de la Madre Tierra, se demorará mucho en llegar el anhelado líquido, si es que se derrama.
Había estado mirando como algunos de ellos estaban repletos de esa entrañable florecitas rojas y casi no se le veían sus hojas.
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En cambio otros eran puro verde y algún que otro punto grana.
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-¿Qué significará esto?-me preguntaba, con eso que hay veces que el pensamiento no tiene otra cosa que hacer que fijarse en esos detalles, simplemente para investigar y luego aventurar hipótesis y probables pronósticos para ser comprobados, como si fuera un juego ocioso, por otro lado lo mantiene entretenido y no está dando lata con obsesiones, ansiedades, angustias y otro sinfin de situaciones que más vale no tenerlas.
Así perdiendo el tiempo y sacando sonrisas que brotaban y llevaban a que la química se desencadenara y llenara al cuerpo de endorfinas, siguió mirando para afuera para no distraerse de donde estaba.
Llegué a Tehuacán, llevaba un tiempo sin hacerlo, pues después de estar en la gran urbe de México, solo buscaba la paz del pequeñito pueblo en el desierto.
Iba camino al centro y me sorprendió la cantidad de motos que pasaban por al lado mío, rugiendo de diferentes maneras, algunas solas, otras en «manada» con un estruendo que resonaba en los oídos y retumbaba, que hacía parecer que el Apocalipsis había llegado y con ello sentirse en la película de Mad Max, pues daban un impacto fiero .
Ya que el día aventuraba a una imaginación que volaba, que iba para atrás y para adelante, sin importarle absolutamente nada.
Más allá, que preferí ubicarme en aquellos años 60 o 70 con aquel otro film que marcó la contracultura de aquellos años, «Busco mi destino» o «Easy Riders» y a recordar aquel diálogo entre el personaje de Jack Nicholson, un jovencito en esos tiempos y Dennis Hopper, sentados junto el fuego.
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Foto tomada de internet
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Dejando un poco de lado esa saga de Mad Max que vino después y que sin lugar a dudas se parece un poco más a la realidad de los tiempos, hacia donde evolucionó la sociedad, no por las motos, sino por las consecuencias, pero eso es otra historia que no pienso contar, aunque también en la primera está la violencia, los matan como suelen hacer en esta vida con todos aquellos que osan mostrar a la libertad.
«GEORGE: Este era un país maravilloso. No entiendo por qué ha dejado de serlo.
BILLY: Todos se han convertido en unos cobardes, eso es lo que ha pasado. Ni siquiera podemos entrar en un hotel de segunda categoría. Ni en un motel. Creen que les vamos a cortar el cuello. ¡Tienen miedo, tío!
GEORGE: No tienen miedo de ti. Tienen miedo de lo que tú representas para ellos.
BILLY: ¡Oye tío! Para ellos no somos más que unos tipos que deberían cortarse el pelo.
GEORGE: No. Para ellos representas la libertad.
BILLY: ¿Y qué demonios tiene de malo la libertad?. Es lo que quiere todo el mundo.
GEORGE: Exacto. Es lo que quiere todo el mundo. Pero una cosa es hablar de ella, y otra muy distinta es vivirla. Es muy difícil ser libre cuando te compran y te venden en el mercado.»
Llegué a la plaza siguiendo a los flamboyanes que también se encontraban en mi camino, pronosticando hipótesis de las lluvias, ¿será que seguiremos con la sequía?, sin embargo, ¿vendrán momento de derrames desde el cielo de mucha agua, tanta, que inunde?, ¿será que sentiremos la humedad en nuestra piel?, ¿será que viviremos entre una y otra?, «que será, será, solo Dios sabrá».
¡RUM!, ¡RUUUM!, ¡RRRRRRUMMMMM!, a cada paso resonaban más los rugidos, me rodeaban, hacían que todo mi ser metido entre florecitas escarlatas, en una primavera llena de primor se estremeciera y los modelos de motos circularan a mi alrededor.
¡Ay!, nanita, ¿qué es esto?, ¿qué está pasando?, el cataclismo está llegando, que Dios nos agarre a todititos confesados, como dicen por mis pagos.
Al llegar al parque ahí me di cuenta, cientos de ellas estaban por todas partes, y los típicos «riders» vestidos con todo aquello que marca el estilo de su época, el cuero, los cascos, para ir siempre bien protegidos, la infaltable calavera, que es el símbolo que representa la vida, la muerte, el coraje y la hermandad, como me dijeron, pues quería saber de qué se trataba lo que estaban viendo mis ojos, que no se cansaban de ver motos, pues en su vida habían visto tantas juntas y mis oídos atentos a los bramidos no enloquecían pues están un poco sordos.
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Ahí me contaron que se trataba del encuentro del 2024 de «Chico Harley» y un poco su historia de qué quería decir eso, resulta que hace años Eliseo González López, que según me dijeron fue el primer motociclista que entró con su moto a Tehuacán y con todo su amor a ellas, a los años empezó a organizar esta convivencia, que en un principio llegaban muy poquitos, unas cuarenta motos, para en la actualidad rebasar las 2000, de ahí el rugir que por todas partes se sentía y eso que recién se estaban congregando.
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Foto tomada de internet
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Me decían que aquí se reúnen «las máquinas y los corazones», donde todos juntos comparten y festejan, hay exhibiciones acrobáticas increíbles, arrancones muy al estilo de este evento, que me quedé con las ganas de saber de qué se trataban, pero no me podía detener demasiado, así que opté por dar una vuelta y sentir el vibrar que más allá del de los motores, estaba ese de la amistad que los unía y los encontraba y los hacía saludarse y mostrar la felicidad del reencuentro.
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Caminé entre todos ellos, vestidos la mayor parte de negro, estacionaban sus motos en donde está el Ayuntamiento y en las calles aledañas, me detuve un momento a ver las camisetas oficiales del evento y a aprovechar a platicar un poco con quien las vendía, para que me diera su versión, pero en un instante se llenó de recién llegados que buscaban el adquirirla.
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Así que retomé mi camino, hasta llegar a lo que no puede faltar, el tianguis que se organiza alrededor de todos los sucesos que prometen la llegada de múltiples participantes.
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Las que no podían faltar las calacas, alguien me empezó a contar que vienen de la cultura «biker», donde las unían a la rebeldía, y a la libertad, por otro lado les recuerda lo efímero de la existencia, lo que los hace elegir vivir al máximo cada momento que puedan, más allá que en la cotidianidad la mayor parte trabajan, tienen sus familias y obligaciones, sin embargo tienen también esta pasión que los vuelca al camino, a escaparse un poco de su propia realidad, donde el poder rodar en esos aparatos de dos ruedas que para ellos son sagrados, es un gran privilegio, no solo el respirar la libertad, sentir al viento que los acaricia, a la velocidad, segregar adrenalina, sino que un verdadero espíritu los inspira, el «espíritu motero».
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Como último dato curioso que me enteré, dicen que el primer «biker mexicano» fue Francisco Villa, que era un fanático de conducir estos artilugios y que tenía varios.
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Foto tomada de internet
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Ya había llegado la hora de irme, muchos curiosos se habían congregado, tal vez, soñando el poder ser parte de ellos, los ¡RUM!, ¡RUUUM!, ¡RRRRRRUMMMMM, seguían sonando, a cada momento se juntaban más, todos aguardaban, en una gran confraternidad, era un vibrar que se percibía muy emotivo, muy particular donde los corazones sin lugar a dudas se unían en un gran silencio entre rugidos.
MÉXICO TEHUACÁN
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Agradezco foto tomada de inernet
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TEHUACÁN: EL COMPLEJO DEL CARMEN (1)
TEHUACÁN: EL COMPLEJO DEL CARMEN (2)
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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!


Gracias por rebloguear, saludos
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RUMMM RUUUUMMMMM acá llego pero esta vez no tan rápido. Les temo a los arrancones. Themis, una vez más te has lucido con tu gran crónica. Y cómo investigas cada cosa! Además que jamás imaginé que a Villa le gustaran estos artefactos.
Mención aparte a los flamboyanes. La tierra de mi madre se solaza con ellos, los presume, los goza hasta el delirio y me has traído cantidad de recuerdos. Y mira, no sabía su origen .
Te dejo un abrazo que valga por mil. Preciosa entrada y cada vez más familiar tu forma de narrar. 😘🌹
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Yo tampoco me imaginaba eso de Villa incluso llegó a pensar en hacer un grupo de moteros para la guerra, era dueño de como cuatro o cinco motos. Era fanático de ellas.
Y sí, la Península ahí fue donde los conocí y donde aprendí algunas cosas sobre ellos, fueron mi fascinación apenas los ví.
Hermosa la tierra de tu madre.
Me alegra haberte llevado a hermoso recuerdos. Te mando tantos abrazos como quieras, gracias
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Hola Themis, llegar los moteros hasta Tehuacán es algo impresionante, igual que la leyenda de los árboles. Bellas imágenes y texto, todo un sentir de experiencias. Un abrazo
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Gracias Nuria, algo extraño el encontrarse con todos ellos y que hicieran rugir a la ciudad, bueno también pues hay movimiento que ayuda a muchos. Te mando un abrazo
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Hola, Themis, curiosa la leyenda de esos árboles, a ver qué ocurre como había de todo…
Y en cuanto a las motos, por aquí también hay concentraciones, afortunadamente no muy cerca de donde vivo. Me molesta mucho el ruido que emiten.
Gracias por contarlo.
Un abrazo. 🙂
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Hola Merche, son unos árboles bellísimos de Madagascar llegaron a México y fueron adopatados por los mayas en la Península de Yucatán. Imagino que también habrá de todo por lo menos ya lluvias abundantes las tuvimos hace unos días, no paraba de llover.
Sí, el sonido es muy fuerte y como que sobresalta, muestran cierta fiereza. Gracias te mando un abrazo bien grande
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Hola Themis, me ha tocado ver estas concentraciones de motociclistas que , por el puro gusto de manejar sus máquinas, se juntan y organizan excursiones a lugares remotos. Sin duda son una hermandad y me imagino que se han de divertir de lo lindo. Muy buenas fotos y creo que los flamboyanes anuncian mucha lluvia. Ya nos contarás. Saludos.
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Por aquí por donde vivo vienen muchas de excursión o las vez por la carretera, pero nunca me había tocado una concentración con tantas. Parece que es un evento muy importante para ellos, si, imagino que se la pasan de pelos.
Vamos a ver en que quedan los flamboyanes, por lo menos después de estos quince días casi lloviendo, los que estaban repletos de flores lo anunciaron bien. Abrazo bien grande y gracias Ana
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