ECHANDO TORTILLA
Tomar un pedacito de masa, hacerla redondita, aplanarla un poquito, ponerla sobre un plástico para que no se pegue.
Luego apretar la prensa para que la haga delgadita.
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Llevarla al comal calientito por el fuego, depositarla en él, esperar que se cueza de un lado, para darla vuelta y luego sacarla.
Es parte del arte de hacer tortillas.
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Es uno de los alimentos básicos de todos los mexicanos hechos en base a maíz, sobre todo en el sur del país, ya que el norte suelen usar más el trigo.
Su historia es milenaria donde comienza con la domesticación del teozintle conocido también como la madre del maíz, para luego cultivarlo, cosecharlo, desgranarlo, nixtamalizarlo que es la acción de poner el grano a hervir con cal volcánica o la que se puede utilizar para la alimentación, diferente a la que se usa para la construcción.
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Luego se muele, ya sea en molinillo en la casa o se lleva a los molinos que se encargan de hacerlo, para moldear y cocer cada una de las tortillas que van saliendo y dan como resultado un alimento que es la principal fuente de energía de la dieta mexicana, de proteínas, calcio y fibra.
La mesa se iba acomodando, mientras una detrás de otra salían esas milagrosas tortillas.
Apareció con ello el arroz y los frijolitos para empezar a llevar el sagrado alimento a ese cuerpo que se relamía por dentro para saborearlos y del hambre que había despertado el diferente conjunto de aromas.
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Todos nos fuimos sentando alrededor de la mesa disfrutando aquello que había servido y esas acompañantes calentitas que sabían a gloria.
Entre plática y plática, risa y risa, alegría por ese momento hermoso y de convivencia que estábamos viviendo llegó el instante para el segundo platillo, el TEXMOLE DE PANCITA.
Resulta que se había matado un chivo y todo se utiliza, como me contaban, días y días se va comiendo de él, primero fue el platillo emblemático el Mole de Cadera, para luego con las diferentes partes ir haciendo otras comidas y ese día había llegado la hora de su estómago.
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Se preparó en un texmole que es un guiso típico del centro de México el cual se elabora con alguna carne, la que sea, que se acompaña con verduras, condimentos y se le suele poner chochoyones o chochoyotes, que son unas bolitas de masa, que también ayudan a que el caldo se espese.
Luego lo que no puede faltar, el pan, como cierre a ese opíparo desayuno degustando esos platillos muy mexicanos, nacidos muchos de ellos de la pobreza y el ingenio que tuvieron las cocineras en su época para utilizar aquello con lo que contaban, aunque no fuera mucho, recolectado, cazado o criado para darle de comer a su familia y no hacer sentir que en la carencia no hubiera chispa creativa para realizar un delicioso alimento y sacar lo mejor de lo que la vida ofrecía.
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La falta y la creatividad de los pueblos originarios de México, llevaron a la elaboración de muchos platillos, ya que en los tiempos antiguos no se contaba con recursos para alimentarse de manera abundante y variada, de acuerdo a la región en donde se vivía, de ahí que para lograrlo tuvieron que arreglarse para trasformar los alimentos y usando un mismo elemento darle muchas variaciones como a la tortilla, en tacos, en quesadillas, en chilaquiles, en dobladitas, en flautas, en enchiladas, en enfrijoladas, en entomatadas y la lista seguiría.
A eso se le sumó que fueron muy diestros en unir a técnicas culinarias prehispánicas, influencias que le llegaron de «las europeas», también africanas, asiáticas, de todos los lugares que pudieron y tuvieron acceso, tomaron lo que les servía para lograr platillos nutritivos, deliciosos y llenos de sabor. También hay que tener en cuenta, el arte que tenían y tienen en la combinación de ingredientes.
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Degustando ese té de Damiana, característico de las zonas semiáridas, unido al plato que más representa a cualquier cocina mexicana, que no falta en todas las casas, el arroz y el frijolito, siempre listo para ofrecerlo a quien llegue si es que no hay otra cosa, el «plato de los pobres», llamado así pues es económico, en muchas zonas de México el frijol se planta para todo el año, al igual que el maíz y se vuelve un platillo accesible.
Para coronarlo, el Texmole de Pancita, entre pláticas, alegrías, juegos con ese pequeñín que nos acompañaba con su mirada dulce y tierna, encantado de volverse amigo y acercarse fue llegando la hora de la partida.
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Volver a retomar el camino, detenerse un ratito y mirar desde arriba esa otra parte del pueblo, donde está la Iglesia del Calvario, un punto que confluyen dos acontecimientos importantes de ese infinito que rodea y que se pueden visualizar con total claridad, más desde esa altura en que estábamos, la salida de la Luna y del Sol de un lado y del otro sus puestas en este punto de la Tierra.
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Mágico lugar, que guarda su encanto.
Bajamos con mucho cuidado y llegamos a ese camino de tierra por arriba del cerro, que lleva al otro lado del pueblo rumbo a donde nos dirigíamos.
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Fuimos andando, con paso lento, tranquilo, en el disfrute de todo lo que a nuestro alrededor encontrábamos, por ese sendero más natural y más cercano al cielo azul añil que nos cubría……
MÉXICO
FEBRERO 2024
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Hola Themis, gracias por contarnos las costumbres mexicanas y las elaboraciones de ciertas comidas que tienen, también, su parte de historia. Me encanta conocer tu cultura.
La vajilla, los platos azules, me han encantado, chulísimos.
Un abrazo. 🙂
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Hola Merche, a mí también me gusta conocer la historia detrás de cada cosa, descubres como se llego a ello.
México en cada lugar tiene vajillas diferentes, un pueblo cercano se dedica al barro bruñido, tienen unos juegos bellos bellos, color de la tierra.
Abrazo grande y gracias
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Creo que poca gente se puede resistir a las tortillas hechas a mano y recién salidas del comal. Es un placer sin duda. Pues qué rico te la pasaste, la verdad el texmole no se me antojó por llevar pancita (no me gustan nada las vísceras), pero estoy segura de que estuvo exquisito. Gracias por compartirnos tus experiencias. Saludos.
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La verdad que nunca había comido texmole de pancita, más allá que si no te hubieran dicho que la llevaba ni cuenta me había dado, comí un poco y el caldo estaba muy sabroso y el aroma se antojaba.
Gracias a tí Ana por estar, abrazo grandote
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La práctica hace al maestro y en la cocina no es de distinta manera. En este tiempo de la abundancia conviene recordar el conocimiento de la escasez no sea que vuelva el día menos esperado. Qué ricos los frijoles cuando duermen en la olla. Un abrazo.
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Buenas palabras Carlos, aquí por más abundancia la escasez siempre está presente, como me enseñaron en otra comunidad en donde antes de la cosecha del maíz se pasaba hambre pues ya se había acabado el autosuministro, cuando pregunté los motivos del por qué no se habia cosechado un campo con frijol, «es necesario aprender a pasar hambre, para no olvidar y hacerse fuerte», Más allá que no todos lo tenían, pues a veces la semilla no había alcanzado. Gracias, abrazo grande
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Delicioso todo, no solamente esa comida que está bárbara. Themis, mucho aprecio han de tenerte para haberte invitado a algo tan de familia. ¡Viva! La cara del chiquillo es linda. La tortilla huele hasta aquí. Oye, ¿salsitas no había?
Nuevamente el animalito sacrificado me dio pena….y son embargo, ahí sigo.
Gracias de nuevo Themis! Un agasajo total. Abrazo fuerte 🤗
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Fíjate Maty que lo de la salsita te lo debo, pues no lo observé y como no siempre como no la tuve en cuenta. Te la debo…..
Sí la verdad que da cosa el animalito, estamos igual ahí seguimos, a mi me da por temporada ese sentimiento.
Gracias a tí Maty por estar ahí, abrazo enorme
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El disfrute es nuestro al leerte. Pues puedo imaginar toda esa emblemática ceremonia de hacer las tortillas, ¡Qué delicia de comida, algo así como aquí en España celebramos las migas, comida de pastores y segadores, ya ancestrales. Pero lo cuentas tan bien y con tanto detalle que dá gusto leerte, Themis. Muchas gracias, por explicarnos al detalle y hacernos llegar esos momentos inolvidables. Un fuerte abrazo con mucho cariño.
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Hola Julie, me encantan las tortillas recién saliditas del comal, calentitas y despidiendo ese aroma tan característico. Antes cuando las ibas a comprar en el lugar había un salerito pues la costumbre hacía que pusieran sal a una de ellas y te la fueras comiendo, sin lugar a dudas por el antojo que provocaba. Me alegra mucho que disfrutes la lectura y esa comida de migas también debe ser una sabrosura. Abrazo grande y gracias
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