DESAYUNANDO EN CASA DE MAGUITO (1)

ECHANDO TORTILLAS

Desde hacía un tiempo nos habían invitado a desayunar a casa de Maguito, la que cocina con un arte sin igual y aromas embriagadores que embrujan al apetito, lo tientan a no solo disfrutar de cada bocado que se lleva a la boca sino además, a no decir no a la repetición y quedarse a un paso de caer en el pecado de la gula, ese que hay que tenerlo a raya para que no se salga de los parámetros establecidos y cauce estragos al organismo, más allá que de vez en vez, si somos diestros en usar la moderación durante las demás instancias, un día sobrepasarse no es otra cosa que mostrar flexibilidad. Eso sí, teniendo en cuenta el hacerlo con mesura, un poquito más, nada más y no atracarse hasta el hartazgo.

Varias habían sido las comidas realizadas por ella que había disfrutado, en la ceremonia de la Cruz del Natucho, un molito que los mismos dioses darían cualquier cosa por probarlo.

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En el cumpleaños de la otra Maguito, y cuando se festejó su bautismo, donde ahí se coronó su arte con un «Mole de Cadera», tan preciado en esta región donde es uno de sus platos emblemáticos.

Nos había invitado a que fuéramos a su casa a desayunar con ella, por una cosa o por otra se había ido alargando el momento del encuentro, pero todo llega y ¡al fin!, todo confluía para poder pasar un rato juntas, pues iban a estar las dos tocayas.

Allá nos fuimos, cruzando el pueblo, pues queda del otro lado, también arriba de otro cerro, claro que mucho más cercano a la zona poblada.

El frío se dejaba sentir, era temprano en la mañana y a esa hora a pesar de que el Hermano Áureo está en todo su esplendor queriendo alcanzar el cenit,  no calienta, por el contrario es como si estuviera recogiendo y subiendo lo congelado de la madrugada, esa sensación que desde el suelo remonta recorre todo el cuerpo partiendo de los pies y lo va envolviendo.

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Trepando, trepando, mirando desde arriba donde allá abajo se encontraba la que llamo mi platea, ese espacio tan especial para ver los atardeceres con el centro poblado abajo y donde siempre corre la brisa para refrescar cuando el calor asola. Allí donde es el lugarcito del Señor del Consuelo.

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Llegamos a la casa, nos acomodamos en la cocina, donde enseguida Maguito, no la que cocina sino la otra, la pastorcilla, se puso en campaña para prender la estufa Lorena, esa que es la gran ahorradora de leña y que con unas poquitas ramas prende de volada y mantiene al fuego.

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El ambiente se empezó a calentar, el frío ya no era tanto, se diluía dando una atmósfera de acogida a ese momento que se estaba preparando .

El fuego danzaba lanzando a los aires sus llamas que con un simbólico portal  consentía el momento, augurando lo que sería atravesarlo y volcarse a regocijarse con todo aquello que se iría dando, festejando el estar juntos, así nomás como naciera.

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Gladiola, la otra invitada, empezó a darle los últimos toques a la masa para luego comenzar a hacer las tortillas.

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Maguito entró con la olla de barro en sus manos para que el frijolito que en ella estaba, fuera tomando ese sabor a leña y a fuego.

Su nietecito agarrado de sus faldas como un pequeñito marsupial tierno y dulce, se sentía invadido por gente extraña que otras veces había visto pero no se había hecho amigo, pues es el compañero de muchas de las andanzas de la abuela.

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Una servidora, solo se dedicaba a tomar fotos, mientras las otras reían tal vez al darse cuenta que bastante inútil era para esos avatares de la vida.

De repente, llegó algo inesperado y que traía también calor al momento y le daba un sabor sin igual mientras se esperaba que la comida se terminara de hacer, al igual que  las tortillas.

Era un delicioso té de Damiana, una hierba del desierto que no solo se usa para hacer té, sino también licores y tiene un gran uso medicinal.

Tiene un saborcillo agri-dulce, aromática que va entrando al cuerpo y lo relaja y prepara al estómago para la ingesta que va a venir, pues se usa para malestares que él ocasione, al igual que para el dolor de cabeza, la depresión, o para trastornos mentales, sean los que sean.

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Trago a trago iba saboreándolo, sintiendo como recorría mi faringe hasta llegar al estómago y en ese trayecto irradiaba el calor, al igual que la estufa Lorena que ya tenía a Maguito depositando las tortillas sobre ella.

Entre risas, historias, cuentos, hablando de las hierbas que se encuentran en el desierto, pues ambas Maguitos son expertas en encontrarlas para aliviar diferentes malestares que afectan al cuerpo y contando recuerdos, de alguna enfermedad que padecieron ellas o su familia, en aquellos tiempos que no había para remedios comprados, sino que todo era natural, que se salía a la farmacia del monte a ver qué era lo que éste regalaba, a veces sin saber muy bien qué se buscaba o con qué se tropezaba y de alguna forma esas fuerzas señalaban cuál era la adecuada.

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Dulcifica y tranquiliza a la vida y por otro lado se dice que es «afrodisíaco» y que eleva al espíritu.

Más allá de para qué sirva, es una delicia beberlo y más cuando el frío reclama que se le regale al cuerpo algo caliente.

Historias hermosas, vívidas y llenas de una enseñanza muy especial que la naturaleza otorga y también las abuelas, que se encargan de pasar la sabiduría alcanzada durante años por todas las generaciones que precedieron, más la de ellas mismas.

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Pasándose tips una a la otra, de dónde encontrar tal o cual hierba, pues si se va al mercado por ella, cada día la venden más cara, por un manojito que no dura mucho, cobran un dineral.

-Por ésta me cobraron…..-dice una Maguito, mientras la muestra y la otra responde

-Si de ella hay harta en el cerro

-Es que con tus chivas andas por muchas partes, por aquí no encuentro, ahí cuando veas te la encargo.

Entre historia e historia, las tortillas iban siendo depositadas en el comal que ya las esperaba con la temperatura ideal.

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Así entre una cosa u otra fueron saliendo y………………….

CONTINUARÁ….

MÉXICO

ENERO 2024

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12 comentarios en “DESAYUNANDO EN CASA DE MAGUITO (1)

  1. Ayayayyyy Themis! Todo el panorama es así de bello y me alegra mucho y re mucho que tú lo interpretes así, como es. Tiene un gran valor, y así lo vives.

    Preciosas las fotos! Primero pensé en la Maguito del cumple y ahora resulta que también hay una pastorcita, por lo visto es un nombre muy gustado por allá. Las tortillas aquí huelen, aquí y ahora. Ese mole, ayyyy! Y rescato la sabiduría de las abuelas, que es algo valiosísimo. Disfruté desde que íbamos (sí, íbamos) de camino. Qué sabor a México, a unión, a tantas cosas del corazón. Y ya leí que habrá segunda parte, eso me encantó también. En lo que llega, yo te mando mi abrazo fuerte fuerte. ❤️🌹

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    1. Hola Maty, te aclaro que la Maguito del cumple es la pastorcilla, y quien nos sirvió ese desayuno y ese encuentro tal sabroso, es cocinera.
      Es que donde vivo es México, en su espacio profundo, donde muchas cosas perduran en el tiempo y te llevan a otras épocas y otros momentos.
      Si habrá una segunda entrega, esta fueron los preparativos…..
      Abrazo enorme y gracias

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