LA TUNA, DELICIAS DEL DESIERTO

Llegó el tiempo de la tuna,

esa otra alegría comestible de las zonas semiáridas que nos dan toda una suerte de hidratación para estos tiempos, por lo tanto hay que aprovechar y consumirlas pues al ratito ya se van, hasta el próximo verano.

La primera vez que escuché hablar de ella, fue en la casa de la playa, en Las Toscas, un balneario de Canelones, en Uruguay.

Estaba sentada entre macachines, esas florecillas pequeñas y tiernas que regalaban su candidez sobre el césped que había sustituido a la pajulla, esa hoja seca de los pinos que parecen una pinza y que era usada, allá lejos en el tiempo, para cubrir la arena en la cual se caminaba.

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Habían plantado pasto que había crecido y junto con el llegaron estas flores que para mí fueron de una belleza que me extasiaron. Me gustaba sentarme junto a ellas y observarlas, tomarlas entre mis manos y sentir su frescura.

Ese día mi madre se puso junto a mí a sembrar una planta y mientras lo hacía,  me empezó a contar que cuando ella era pequeña también le gustaban, que había muchas en el lugar en donde ella vivía y que su madre le había enseñado como desenterrar una pequeña batatita que tenían y comerlas.

A ella le encantaban, juntas fuimos regresando al tiempo, escarbando la tierra y desenterrando  alguno de los pequeños bulbos, los limpiábamos y los comíamos.

Luego ya de grande me enteré que eran un gran desparasitante, esas sabidurías medicinales de la Naturaleza, que anda regándolas por todos  los rincones con diferentes presentaciones.

Me contó que también se comía el fruto del tala, un árbol autóctono de Uruguay, al cual conocí en un paseo por el campo y ahí tuve el placer de probar su fruto y recordar junto a mi madre aquellos tiempos de su niñez.

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El fruto de color amarillo naranja, tiene un sabor dulce que fue todo un deleite descubrirlo, sin embargo, no es costumbre comerlo.

Me contó también, que lo que le gustaba mucho era el higo de tuna, algo que desde aquellos momentos no había vuelto a comerlos, pues era como si ya hubieran desaparecido.

Siempre llevé conmigo el deseo de conocerla y de probar esa fruta de la que ella me hablaba, el cuidado que había que tener pues estaba rodeada de espinas y los regaños de su madre pues luego se pasaba mucho tiempo sacándoselas cuando se le clavaban.

Pasó el tiempo, crecí y la historia quedó guardada en el baúl de los recuerdos, hasta que un día en México caminando por el tianguis, comprando las frutas y verduras que necesitábamos, ahí frente a nosotras se aparecieron: los higos de tuna.

Fue un momento mágico, el haberlos encontrado y darnos cuenta las dos al mismo tiempo que eran una fruta que se consumía en México en su época, que hasta en los mercados las vendían, a la cual se le llama sencillamente: tuna.

Aquí en donde vivo se la encuentra en el monte, sobre todo la roja, esa que sale de la nopalera, esa planta ¡tan mexicana!, que es parte de su historia, de su escudo y según cuenta la leyenda el fruto es el corazón de Copil.

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Según la mitología náhuatl, era hijo de Coyolxauhqui, la hermana del dios de la guerra Huitzilopochtli, dicen que se enfrentó a su tío para vengar el abandono que éste hizo de su madre.

El dios Huitzilopochtli lo mandó matar y a lanzar el corazón de su sobrino que voló por los aires, convirtiéndose en un proyectil ígneo, que cayó con fuerza hasta el fondo del lago, emergió en un islote y el corazón de Copil se convirtió a su vez en una tuna de la que brotó un enorme nopal.

Hay quienes dicen que en ese nopal se paró el águila con la serpiente que determinó a los mexicas construir ahí la ciudad de Tenochtitlán, son varias las leyendas que se encuentran, que varían una de otras, sin embargo lo que tienen en común es que el corazón de Copil fue lanzado por el dios Huitzilopochtli y de ahí nació el nopal.

Copil es el nombre a su vez, del licor o vino de tuna, una delicia que se puede comprar o preparar en la casa.

Hay muchas leyendas sobre ellas a lo largo de América, que es por donde se extiende, va cambiando de nombre higo de tuna, chumbera, pero eso se los cuento en otra vuelta.

Cada vez que llega la época de ellas, recuerdo los tiempos con mi madre, aquella «panzada» que nos hicimos cuando las descubrimos en el mercado sobre ruedas, la alegría que le dio el volverse a encontrar con ellas.

Así, con ese sabor de lo vivido y pensando en la espera por la que tuve que pasar para conocerlas, me senté en los escalones con unas cuantas de ellas y mi navaja, a sacarle su cáscara, con mucho cuidado para que sus pequeñas y penetrantes espinitas no se me clavaran y fui saboreando una por una.

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Con el cambio climático, que nos aguarda que no sabemos qué va a pasar, en el cual tendremos que optar por estas especies que no tienen muchas pretensiones, que regalan muchas nutrientes, entre ellas minerales como el potasio, magnesio, calcio y fósforo, vitamina C, fibra, no requieren de suelos especiales y consumen muy poca agua.

Es una bendición que exista la tuna, es una planta del y para el futuro, sin embargo, este es otro tema para otra vuelta.

MÉXICO

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Agradezco las fotos tomadas de internet

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15 comentarios en “ LA TUNA, DELICIAS DEL DESIERTO

  1. ¡Qué recuerdos me has traído con este escrito! Recuerdos de cuando mid abuelos me enseñaron a coger la fruta sin espinarme. Por aquí, creo por la foto que es la misma aunque quizás alguna variedad distinta, la llamamos higo chumbo, a la hoja penca y a la planta chumbera.
    Con una caña cortada y preparada cogíamos los chumbos y en la arena se barría para quitarles las espinas, era muy importante tener el viento de espalda.
    Por las calles se vendían en pequeñas carretas a la voz de : «al higo chumbo, gordos y dulces»
    Un abrazo!!!

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  2. Qué recuerdos me has traído con este escrito, Themis, muchas gracias.
    Por aquí, no sé si es exactamente la misma variedad pero se parece bastante, a esta fruta lo llamamos higo chumbo, a la hoja de dónde nacen penca y a la planta chumbera.
    Mis abuelos me enseñaron a preparar una caña para coger los chumbos sin espinarte y barrerlos después en la arena para que soltaran las espinas.
    Se vendían por las calles en pequeñas carretas a la voz de: «al higo chumbo, gordos y dulces»
    Un abrazo!!!

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    1. Me pone contenta haberte desatado todos esos hermosos recuerdos y a mi me sacas una gran sonrisa con la anécdota, regresar a esas épocas suelen hacer brincar al alma. Te mando un abrazo grande y gracias por de contarnos un pedacito de tu vida

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  3. Qué interesante lo que nos cuentas de esta planta tan desconocida en España. La he probado en México, confieso que no estoy acostumbrada a comerlo. Creo que aquí las llamamos chumberas. nopales, tunas, pencas que pinchan y por lo tanto nos alejamos de ellas, crecen silvestres en algunos lugares pero no es frecuente verlas. Como bien dices, puede ser el alimento de un futuro no muy lejano por la falta de agua. Son cactus tan variados… Pero los higos chumbos son deliciosos. Es cierto. Gracias, Themis por ilustrarnos con lo relacionado con esta planta. Muyexpresivo y nostálgico. Mi abrazo fuerte.

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    1. Sí es un fruto para mi gusto muy sabroso, sobre todo cuando lo comes en tiempo de calor pues enseguida sientes los efectos de la hidratación. Es muy noble da mucho fruto y de su planta se come todo, la hoja, la flor, y es excelente regulador de la sangre. Fácil de plantar, crece como mata, de una hoja que claves en la tierra nace la planta sin mucho cuidado, ni agua, por eso es considerado un alimento del futuro no solo para el ser humano sino también para los animales. Gracias Julie, un abrazo grande

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