Poco a poco voy aprendiendo
como responde este pequeño ecosistema encementado del patio en donde vivo, claro que ya he dejado la vieja costumbre de verlo por fechas del calendario, pues eso paulatinamente se está borrando, cada año que pasa se nota más como los comportamiento varían y no por temporadas. Aquellos viejos ciclos que se repetían y eran esperados, eso ya no volverán.
Eso sí, ahora hay que aceptar los acontecimientos que suceden, no importa que sea pleno invierno, donde supuestamente el frío no deja paso a que nada retoñe y es el tiempo de prepararse para el renacimiento en la primavera.
Ahora estamos en ese espacio evolutivo en que cualquier estación puede llegar sin ser esperada, lo que es más pasar de una a otra en un breve lapso de tiempo.
El ritmo ha cambiado, por ejemplo cuando más en su apogeo está esa estación entre obscura y gris, donde todo hiela, en una noche ¡BLIM!, ¡sorpresa!, todo se da vuelta, el calor fuerte bien fuerte se despliega, las plantas florean, los animalitos se persiguen en el coqueteo y la señal dijo que es la época de la reproducción. También la inversa, del calor extremo al frío que congela, eso sí los dos al mismo tiempo aún no se da.
Por lo tanto son los eventos los que dan las indicaciones, a veces sin ningún criterio, en un instante se puede volver a caer en un gran congelador, así las heladas secan a los que florearon que aún no están fuertes para resistirlas, las nuevas crías quién sabe qué pasará con ellas. Luego lo más probable que la vida evolucione para adaptarse a lo que pasa y surjan defensas que se volverán más permanentes, a todos aquellos que pudieron tener la flexibilidad para acomodarse a esos nuevos designios, (no luchar con ellos, sino adaptarse), y su camino seguirá, en la faz de esta tierra, pues los otros sin contemplación desaparecerán.
Así es esto, algo terrible desde la mente emocional y conmovida del ser humano, para la evolución otro capítulo nada más, que permite la transformación.
Había visto llegar a la Mantis Religiosa, la grande, la adulta y me había imaginado siguiendo los acontecimientos que pronto habría nuevos nacimientos y así fue.
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Un día estaba sentada en los escalones que van al patio, ese lugarcito acogedor donde me puedo quedar por largos ratos, descontaminándome de la pantallita por un lado y recreándome en el reality que ahí se desarrolla.
No hay momento en que no pase algo, ya sea con sus inquilinos de renta atrasada, gorriones y tortolitas, que a parte son demandantes y se creen con derecho a todo, eso sí, dan alegría a cambio, o las golondrinas que en esta época vienen a jugar con las corrientes de aire que se forman en ese pequeño espacio de cielo que se deja ver o el cantor que trae su serenata o el gato que da sus vueltas, pues la ardilla aquella que cada mañana llegaba ya hace mucho tiempo que no se la ve.
Ahí estaba, cuando de repente, a unos metros frente a mí , veo algo insignificante que da un salto. Me quedó quieta, quietecita mirando.
-¿Qué fue eso?- le digo a mi misma, la cual últimamente está más parlanchina, por lo menos contesta, aunque a veces de un humor que mejor es ni escucharla, como adolescente que el mundo no la comprende.
-Una mantis- responde con un dejo de superioridad y fastidio, pues parece que su ego está en crisis, no quiere dejar de existir, se resiste y se tuerce y retuerce, sin embargo, esto ya es meterse en la intimidad, mejor es dejarlo ahí.
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Me levanto en un ¡TRIS!, me acerco y ahí la veo, una ínfima mantis, pequeña pequeñita, la cual me queda mirando con cara de no buenas amigas, está como enojada con el lente de la cámara, ¡CLICK!, una foto, ¡CLICK!, otra y al tercer ¡CLICK!, se ve que ya la hartó y salta y se me sube a la mano y ahora si con unos grandes ojos negros detiene su mirada en mí.
¡Ooooohhhhhhh!, da miedo, es terrorífica, salvaje, como que no está de acuerdo con mi conducta, ni con que me meta con ella, igual que mi misma.
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-Tranquis, tranquis, ahí nos vemos- la pongo junto a la enredadera y vuelvo a sentarme a los escalones, con una sensación bien extraña, preguntándome, ¿como algo tan chiquito puede tener tanta fuerza y coraje para enfrentar de esa manera?. Indudablemente son las vibras que emana lo que detiene, igual que en el humano, producto del miedo, también yo, que poca empatía ponerle un ojo tan grandote tan cerca, como va a saber si no es un depredador.
Ahí seguí por un buen rato, ya que la sombra, en este período agarra a los escalones casi todo el día y se puede estar rico en ellos, más allá del calor que el cemento despide, sin embargo, no hay mucha diferencia entre el adentro y el afuera pues donde sea se está como metido en un horno.
La brisa se levantó y con ello fue como darle una fricción refrescante al cuerpo, el cerebro enseguida nutrió con endorfinas al sistema, una sensación de bienestar natural se instaló, muy agradecido por ello, hizo que los ojos se cerraran y el esqueleto empezara a balancearse al ritmo de ese masaje celestial.
¡Qué delicia!, en eso estaba cuando siento un sonidito muy quedito que pasa a mi lado y era aquel, el Bicho Loco, al que había rescatado de la cubeta de agua cuando cayó en ella, tal vez buscando el vital líquido o por estar medio aturdido por la ola caliente que nos visita, o quién sabe cuáles fueron los motivos, tampoco sabía si era el mismo o uno de sus congéneres pues para mí son todos iguales.
Le había llamado el «Bicho Loco», pues se movía de una forma muy chistosa como si hiciera una danza, con sus alas y su cuerpo, la primera vez pensé que era porque estaba mojado y era una forma de secarse, ahora este lo estaba repitiendo y estaba bien seco, no imaginaba los motivos, eso sí, volví a pensar que de repente era un ritual que acostumbraba.
Daba vueltas como enfrentando a las cuatro direcciones, lo hacía muchas veces.
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Luego abría y cerraba a las alas, hasta que las dejaba extendidas y empezaba a girar en si mismo. Ahí veo que le pasa algo a una de las membranas que las compone.
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Es un ser muy bonito, chiquito, chiquito, mide unos milímetros nada más, tiene un cuerpo como de pirámide, es negro y amarillo, distribuido de tal forma que queda con un manto de lunares.
No lo conocía es la primera temporada que lo veo.
Ahí estuve un rato con él, mirándolo y complaciéndome con ese baile medio primitivo que ejecuta, hasta que al fin, salió volando.
La enredadera ya floreó, muchas estrellitas tuvo esta vuelta, aunque cosa extraña se secaron muy rápido, como que el calor las achicharró y no se sintió su perfume como otras veces.
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El papayero está dando sus primeras flores, esperemos que progrese y nos vuelva a regalar con aquellos frutos deliciosos.
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Y la gran sorpresa hay un nuevo elemento floral, que llegó de regalo y al cual hay que cuidar para que crezca fuerte y sano y nos encante con sus hermosas flores, pues es un rosal.
Va a ver que mudarlo, ponerlo en una maceta más grande ya que aquí no hay tierra para directamente plantarlo en ella.
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Así está el patio por esta época, se me olvidaba de comentarlo, el que si anda mal, muy mal es Pluma Café, la tortolita, el cual reapareció después de un tiempo, haciendo alarde de dominio y fuerza, no sé que le pasó, qué tiene ese animalito, pues de un día a otro decayó y está muy venido a menos, como dijeran por aquí: «parece muy otro», pero eso se los cuento en la próxima entrega.
MÉXICO
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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!


Me encantan tus bichitos.
Y te imagino en el patio, hablando con ellos y con esa otra tú.
Te quedaron muy bonitas las fotos con ese fondo blanco.
Abrazo, Themis
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Así es Eva, como los locos hablandole al aire, o a todos micro seres que lo habitan que la verdad le dan mucha vida y me gusta contemplarlos. Gracias, te mando un abrazo bien grandote
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Esos animalitos que ven en las ciudades están por todas partes, ajajajajaj, si llegas a averiguar el nombre del Bichito por esas casualidades ahí me lo pasas, gracias Tatiana, un abrazo grandote
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