DELICIAS CULINARIAS: LOS BUÑUELOS (2)

EN UNA PELÍCULA

El ponche es una bebida caliente elaborada a base de frutas, que se suele tomar mucho durante las fiestas decembrinas en México, particularmente en las posadas esas celebraciones que se realizan durante nueve días antes del nacimiento del Niño Dios, que muestran el peregrinar que tuvieron que hacer María y José para encontrar lugar donde hospedarse, al igual que en el Año Nuevo.

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Generalmente cuando se bebe se acompañan con los buñuelos un postre que fue traído por los conquistadores, más allá que era tradicional del Norte de África introducido en España por los moros, sin embargo a la llegada a México tuvo cambios en donde el sabor y el aroma variaron y con ello se volvió un platillo mexicano típico de los festejos de diciembre.

Uno de los cambios más relevantes fue el del aceite de oliva con el cual se freía y como estaba prohibido en la Nueva España se le sustituyó por la manteca.

Se puede comer solo o espolvoreado por azúcar, con salsa de piloncillo o de tejocote o guayaba, hay muchas formas o simplemente solos.

En la primera parte les contaba cómo había llegado a un pueblito de Oaxaca a pasar estos días de fin del año y había quedado cuando se había anunciado que se iban a hacer los buñuelos, aquí les dejo el link por si quieren leerla.

DELICIAS CULINARIAS: LOS BUÑUELOS (1)

Todas las mujeres nos dirigimos a la cocina donde ya el fogón estaba prendido y también había otro fuera que lo habían hecho sobre la tierra dentro de un círculo de piedras  se quemaba la leña y arriba hervía un líquido que despedía un aroma delicioso y flotaban en él una serie de frutas.

-Ese es el ponche- me dijeron- al rato lo bebemos

En una gran olla hervía la manteca, donde se iban depositando los buñuelos que las mujeres elaboraban unas sobre sus rodillas donde las cubrían con una tela húmeda y a una bolita de masa la iban aplastando sobre ella dando la forma redonda y super delgada, casi transparente con una agilidad que sorprendían iban siendo depositados sobre la mesa para que reposaran por un ratito.

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Buñuelos de rodilla

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Otras hacían lo mismo pero en la base de una olla de barro redonda, donde después de unos momentos quedaba una gran tortilla pues me sorprendían el diámetro que tenían.

Al volcarlos en la manteca bullían y se le formaban muchas burbujitas de aire que parecía que era un gran logro pues lo festejaban cuando sucedía.

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BUÑUELOS DURANTE LA PANDEMIA

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Me ubiqué en la mesa donde se estaban haciendo las bolitas, pues la verdad que no me imaginaba pudiendo estirar esa masa sobre mis rodillas.

Sin embargo en un momento una de ellas sugirió que hiciera uno, a lo que no pude negarme pues todas las demás a coro me incentivaban a que lo intentara.

No pude hacer otra cosa que aceptar y ahí con mi tela en la rodilla, mi bolita intenté el estirarla con tan mala suerte que a la primera nada más la masa se abrió dejando un gran agujero.

La risa no tardó, todas festejaban el ver a la Güerita como me decían tratando de llevar adelante la tarea encomendada.

Como todos los intentos fueron un fracaso me cambiaron a la olla, otro fiasco y al fin me dieron una botella para que los estirara, el resultado no cambió con ninguna de las técnicas, hasta que al final logré que uno pequeño se mantuviera intacto, fue el festejo entre todas y el dejarlo en un lugar de honor para ofrecérmelo en el momento que se sirvió el ponche como mi primer logro en hacer un buñuelo.

Así llegó la Navidad, pasó la semana y todo estaba listo para esperar el Año Nuevo, de vuelta se hicieron buñuelos, era imponente la cantidad de ellos que se elaboraron pues ya iban a ser los últimos, al igual que el ponche hasta el próximo año y éramos más de veinte personas en la casa y las visitas que llegaban.

El 31 de diciembre era un día esperado pues se hacía el baile anual del pueblo en donde toda la comunidad se reunía después de cenar en el salón de fiestas del lugar a festejar en grande y a esperar la llegada de ese recién estrenado año.

Para allá fuimos, nos tocó una gran mesa junto a la pista al lado de las autoridades del lugar, parecía un sitio de honor, todo iba de maravillas, entre baile, pláticas, risas, la alegría se sentía, de repente mi amiga que estaba embarazada a término me dice que no me moviera de su lado pues algo le estaba pasando.

Ahí me quedé junto a ella cuando comenzó la cuenta regresiva todos al mismo tiempo coreaban los números que iban marcando los segundos que faltaban para gritar:

¡¡¡¡ FELIZ AÑO NUEVO !!!! y que los saludos se soltaran.

En eso se estaba ya clamando al año cuando se escuchan una serie de disparos a lo lejos que se empiezan a acercar hasta que las detonaciones son fuera, se oyen gritos, los que estaban en el exterior entran a las corridas como en desbandada .

-¡Los Hernández!, ¡los Hernández!- se escucha y  al momento de nuevo una serie de balazos que se alejan.

No salía de mi asombro de ver todo ese movimiento, de sentir tan cerca muchos balazos y el casco de caballos, igualito a una película de quién sabe qué época.

En el mismo momento de estos acontecimientos mi amiga me dice:

-Creo que ya va a nacer- muy tranquila manda a uno de sus sobrinos a buscar a su esposo y me empieza a contar que en el pueblo hay dos familias rivales, uno son los Hernández y los otros no recuerdo como se llamaban y que siempre andan armando pleito y entran balaceando al pueblo y que todas las casas cierran las ventanas y las puertas mientras ellos están, que entre ellos se agarran a disparos y que bueno vienen desde hace muchos años la disputa, son medio unos bandidos, pero que no tuviera miedo, era muy difícil que mataran a alguien pues disparaban al aire solo para amedrentar a la gente y mostrar lo fuerte que eran. Se matan solo entre ellos.

No entendía mucho que era lo que sucedía, ni la situación en la que me encontraba, entre balas, corridas, cascos de caballos al galope, gritos, sin embargo ahí estaba junto a una parturienta esperando al esposo que no aparecía y que cuando lo hizo primero contó lo sucedido, para luego buscar la forma de llevarla a una clínica que estaba en otro pueblo a bastante kilómetros de distancia.

Resulta que habían llegado los Hernández al baile y sin mediar palabras y a los disparos se habían robado a varias de las muchachas que estaban fuera.

Algo muy típico del lugar, que se las llevaran sin mediar palabras, a veces estaban de acuerdo entre ellos y bueno era consensuado, sin embargo había otros casos en donde ella no sabía nada y a las malas era llevada y ya luego la familia estaba difícil que la volviera a aceptar en la casa si es que regresaba.

Ahí una contracción nos sacó a las dos de la historia y nos hizo ponernos a respirar para que se apaciguara, mientras se encontraba locomoción.

Salimos fuera a esperar, mientras un gran grupo de gente caminaba detrás avisando que ya iba a nacer el bebé y un camión se para frente, nos suben a él, mientras en la parte de atrás comienza a repletarse de todos los que la van a acompañar a la clínica.

Llegando una enfermera la recibe y no permite que nadie entre, se inician las protestas pero dicen que van a ir avisando de cómo va el proceso.

Ahí prácticamente en el medio de la nada, en una noche fría, un cielo obscuro repleto de puntitos luminosos comienza la espera. El camión se va.

*

*

Bien o mal todos nos acomodamos y sigue la alegría y los comentarios por todo lo sucedido, cuando de repente sale la enfermera y avisa que aún falta unas horas aunque va rápido para ser primeriza.

Había pasado un buen rato los niños ya empezaban a dormirse, cuando llega el camión y de él bajan una serie de zarapes que los empiezan a repartir entre los que allí estábamos, se acuestan a los niños en el piso, previo poner un plástico sobre él en el cual se les deposita, cestas y una olla bien grande donde algo humea, jarritos y servilletas.

¡Son los buñuelos y el ponche!

Una muy inesperada  sorpresa que se vuelve un deleite en esa noche fría que calienta al cuerpo y lo vuelve dulce.

Así se inició ese nuevo año allá por los setenta y algo del siglo pasado, donde en la vida hubiera imaginado comenzarlo de esa manera, la cual rompía también con todos los esquemas de lo que esas fiestas eran.

Se abre la puerta y la enfermera grita:

-Fue niño y los dos están bien- pregunta por el padre que dando tumbos se acerca pues con tanto festejo y aguardiente ya casi ni de pie puede estar, lo deja entrar para que conozca a su hijo y vea a su esposa e inmediatamente lo saca diciéndole que a las tres de la tarde tiene que ir a buscarlos.

Todos subimos al camión y emprendemos la retirada.

¡¡¡Había nacido el esperado!!!

Nos dejan en la casa, solo el padre sigue la parranda que va a durar tres días de festejo, como era la costumbre, olvidando ir a buscar a su mujer y a su hijo a la clínica, cuando regresó solo tuvo tiempo de reponerse para emprender el viaje a la Ciudad de México, las vacaciones ya habían terminado y el trabajo estaba esperando.

MÉXICO

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4 comentarios en “DELICIAS CULINARIAS: LOS BUÑUELOS (2)

  1. Una fiesta de fin de año de lo más movidita.
    Entre el parto y los Hernández no hubo tiempo para el aburrimiento.
    Aquí llamamos buñuelos a otra cosa, suelen ser redondos y van rellenos de algo, dulce o salado. Pero también se fríen.
    Me ha gustado el sistema de la tela en la rodilla, ya se ve que es más difícil de lo que parece.
    Un abrazo grande, Themis.

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    1. Gracias Eva, si fue una extraña fiesta, con muchas sorpresas, todo fue para mí un gran espectáculo.
      En Uruguay igual los buñuelos son como los que tú dices, me encantaban los de espinacas.

      Nunca aprendí a hacer un buñuelo a la usanza de México. A pesar que la masa se estira parecería que con facilidad, si lo haces un poquito fuerte se abre, a parte tienes que llevarlo a que sea prácticamente transparente.
      Ellas sí que tenían una práctica prodigiosa y una facilidad que asombraban.
      Me alegra saber de tí, se siente tu ausencia. Te mando un abrazo grande y espero tu pronto regreso para disfrutar tus historias.

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  2. Aunque parece que algunas de aquellas viejas costumbres chocan contra lo admitido hoy en general como bueno. Hay que contar que la situación social de entonces resultaría incomparable. Ahora las balas las dispara el dinero negro. Un abrazo.

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