Y así como no queriendo la cosa,
llegó el dos de mayo, día previo a la celebración, día de aprontes, había que subir montaña para llegar al lugar donde estaba el ojo de agua de donde nacía el esencial líquido del cual todos nos nutríamos, en donde estaban las cruces, que eran las que protegían el territorio.
-«DONDE HAY CRUZ NO HAY CHOPOL»- una vez me decía un niño mientras hacía una con dos pedazos de madera que había encontrado, ya que en la casa no había ninguna y él estaba muy preocupado.
Trataba de convencerme de que toda casa tenía que tener una cruz, pues era su protección hasta que un día ya cansado de mi necedad y de mi no entendimiento, fue y consiguió lo que necesitaba y se la puso a hacer.
Cuando la acabó, la pintamos y quedó durante un tiempo como parte del altarcito, como era un poco grande al final pasó afuera, se la puso en la pared, eso le dio una alegría muy grande, que cada vez que llegaba a la casa se acercaba a verla, pues todos se habían burlado de él pues las maderas estaban desiguales, más allá que las corregimos.

Chopol era el malo, el que hacía maldad, por eso la cruz para ellos tenía un significado muy especial, era la fiesta más importante del lugar y se llevaba adelante un rito hermoso y muy sentido, donde todos se enfocaban pues era cómo un renacer, por lo menos en la fé que se tenía en los designios del Cielo.
Por otro lado era la fiesta para pedir la lluvia, que llegara a su debido tiempo, que los bendijera, antes en la época prehispánica en esa fecha se hacía una ceremonia al Dios Tlaloc, entre los nahuatl Dios de la lluvia, Chaac, para los mayas, pues sembrar y que el Cielo regara, iban juntos para que el fruto fuera el mejor y la cosecha abundante.
Habían empezado con los arreglos, donde cada familia plantaba su mesa y sus bancas, alrededor de las cuales se congregarían los diferentes núcleos familiares.

Los hombres eran los que se encargaban de ello, de hacer todos los preparativos, generalmente eran los jóvenes y los niños más grandes quienes lo hacían, pues desde pequeños les ponían obligaciones para que fueran aprendiendo a resolver todos los problemas con aquellas cosas que tenía a su alrededor.
Había que checar y limpiar bien el lugar por donde el agua salía directito del ojo de agua, un poco más abajo para no contaminar la fuente, su nacimiento. Allí estaban los encargados de limpiarla.

El riachuelo brotaba de ese ojo donde un fino hilo de agua lo derramaba y se disponía con mucha timidez a bajar la montaña, mientras iba engordando ayudado por la lluvia que lo nutría, era hermoso ver como de algo tan pequeño se podía volver una serpentina que crecía y se volvía parte de un río caudaloso.

El lugar era muy rico en vegetación lo que daba una intensa sombra a pesar del sol que quemaba en el cielo y de los días en donde no se aguantaba ni respirar de lo caliente que todo estaba. La tierra achicharraba el alrededor. Llegaba a ser como un horno que cocía lo que cerca de él había.

La casa de arriba estaba bien cerquita como quien dijera en el mismo rumbo, espacio en donde siempre había fresco y la brisa corría, pues tenía árboles que daban sombra y guardaban la humedad por eso muchas veces venían simplemente a disfrutar del sitio el cual era un remanso, más allá de los animales que perturbaban el silencio del lugar en algunos momentos, pues muchos de ellos son tan alborotadores que contaminan sobre todo auditivamente, aunque se crea que eso no es así, más allá que no son los sonidos humanos que causan estridencias que hace que uno cimbre todo dentro, también sucedía que en muchos momentos parecía que todo se hubiera detenido, con mucha facilidad uno entraba en la vibración de la contemplación y eso llevaba a que el ritmo se apaciguara, era el mismo sin embargo estaba fuera, dentro de uno había un equilibrio perfecto.
Ahí se gozaba de un pequeño oasis de humedad, sombra, fresco, era un deleite estar en él, dentro del gran oasis que era toda la montaña, más allá que el centro poblado carecía de ello pues para construir y sacar tabla habían tumbado todos los árboles que les rodeaba.

De a poco iban viniendo a montar el espacio para que estuviera listo para el otro día, dos niñitos llamaron mi atención, pues con mucha destreza fueron cortando las ramas y armando la mesa y la banca, más allá que estaban un poco desconcertados con la cámara y conmigo, por otro lado no hablábamos el mismo idioma, lo bueno que uno cuenta con el gesto, esa conversación que está más unida al corazón y que es mucho más honesta, con los niños se logran muchos acuerdos con ella, es mucho más claro que la entiendan, pues a ellos la mayor parte de las veces las palabras los enredan y los hacen tergiversar o deducir cualquier cosa o no saber ni de que se trata, sin embargo el gesto, ese si es muy descifrable y muy difícil de mentir con él.
Poco a poco fue quedando el lugar armado, lo que faltara se haría al otro día.
Las mujeres por otro lado habían quedado en el pueblo donde estaban preparando todo aquello que iba a llevar la ofrenda que era lo primero que se hacía, llevaba café, posh (aguardiente), pozol que era una bebida de masa de maíz con agua, semillas, flores para las cruces, velas, el copal, el que nunca falta en una ceremonia en cualquier parte de México, ese humo aromatizador que sale de una resina de árbol, aroma característico, que poco a poco lleva al alma a otra frecuencia, lo va envolviendo, para que se vuelva parte del ritual, con él se limpia todo lo que se pone en ella y también a las personas.
Habían algunas que se responsabilizaban de ir a recolectar las flores por toda la montaña, para el vestido de las cruces.
También tenían que preparar la comida para el otro día, por lo menos tener todos los ingredientes listos para levantarse muy tempranito y poner a preparar lo que se iba a compartir.
Con toda la paz que el lugar regalaba, con ese aire que recorría el espacio, hacía que la respiración por un momento dejara de ser caliente para volverse una frescura la cual el cuerpo agradecía, se iban acabando los preparativos para que al otro día cuando se trajera la imagen de Jesús crucificado, se colocara arriba de la ofrenda, comenzara la fiesta donde la parte ceremonial era la que primaba y donde todos se enfocaban, para que la lluvia fuera derramada desde el Cielo y beneficiara a todos los «cristianos», los animales, las plantas…….
CONTINUARÁ…..
MÉXICO
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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!


Aunque crezcamos nunca deberíamos perder la inocencia, la alegría y la sinceridad, el mundo sería mejor y nosotros más felices. Un cordial saludo
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Y si por algún motivo la hemos perdido tendremos que salir en pos de ellas para saber en donde se quedó y recobrarla.
«En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos»
Otro abrazo
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Reblogueó esto en Espacio de Arpon Files.
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Gracias Arpon, un abrazo
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Un corazón simple como el de un niño es lo que nunca deberíamos perder. Seríamos más felices.
Me gustan mucho tus relatos, siempre te lo digo pero no me importa repetirme.
Besos, Themis.
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De acuerdo Paloma, me gusta mucho que me lo repitas, un abrazo bien grande y feliz semana
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A veces me pregunto, ¿Cuales otras herramientas tendrían idéntica eficacia que las creencias para alcanzar plena confianza en que llegará la felicidad? Esa es la cultura que les ha traído hasta aquí. Verdad? Un abrazo.
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La fe es la más valiosa, el corazón simple como el del niño, que cualquier cosa hace que brote de él la alegría, que confía en lo sagrado sin tener conocimiento de ello. En gran parte por eso han llegado hasta estos días, más allá que al irla perdiendo ya van desapareciendo. Felices Pascuas, Carlos, un abrazo grande
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Excelente crónica y fotos.
Un abrazo
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Gracias Carlos, me alegra que así lo veas. Felices Pascuas
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