EL DULCE LAMENTO DEL OCASO

El cielo me regaló una sorpresa.

Entorné la puerta y ahí me la encontré.

No pude hacer otra cosa que,

quedarme boquiabierta.

Era la belleza que asomaba

entre el techo de enredadera.

No esperaba nada, el otoño había llegado, el solsticio ahí andaba como si nada, no demostraba otra cosa que el día se acortaba, eso me maravilló, ver como de un instante para otro las jornadas se desaparecían sin dejar rastros, como si hubieran sido recortadas por una mano misteriosa que las llevaba a que la obscuridad se las tragara.

La luz huía, dentro de la casa las sombras teñían los aposentos, no solo con la negrura que llegaba sino con el silencio. Todo se acallaba, el frío estaba presente como si una muerte súbita alcanzara al momento.

Algo dentro mío tenía cierta tristeza, un murmullo suave, casi un suspiro, que la penumbra otoñal despertaba. No era dolor, sino nostalgia, ese hilo de seda que entrelaza el recuerdo de la luz perdida. Mi corazón, como un pájaro en su nido, se recogía, sintiendo el abrazo frío pero honesto del tiempo.

Y justo entonces, me paré, algo fuera me llamaba:

-No tristes, ven acá, el presente es la única realidad, encuentra la hermosura en él.

Me abrigué. Salí con paso calmo. Abrí la puerta. Elevé la mirada y estaba El, yéndose.

El cielo se rendía en un adiós glorioso, a través del tapiz de la enredadera, que tejía un techo vivo de hojas y de frutos, de tallos ya ocres y desnudos, vi la promesa de una armonía efímera.

*

*

Allí, donde el azul profundo y sereno, ese, el azul cerúleo, el de las horas puras comenzaba a ceder, estallaba un fuego manso.

*

*

El sol, descendiendo, pintaba su despedida con colores vibrantes, toques de ámbar líquido, pinceladas de rosas y oro viejo que se derretían sobre las nubes bajas.

*

*

Cada rayo era como un beso que se demoraba, filtrándose por los huecos de la enredadera. El aire se hizo  con la suavidad de un fresco que acariciaba, la melancolía se dulcificó, ya no era tristeza, sino asombro ante lo finito, ante la certeza de que incluso el fin puede ser la obra de arte más tierna.

*

*

Y yo, de pie bajo ese techo de vida en ese cielo, me sentí parte de ese atardecer bello, muy bello, donde el silencio ya no era inmutable, sino una cuna de cobijo para el corazón.

*

*

¡Qué sorpresa!, me regaló el cielo, esa rendición ante lo divino, que sin pedir permiso, florece incluso en la hora más corta y oscura.

MÉXICO

SEPTIEMBRE 2025

***

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14 comentarios en “EL DULCE LAMENTO DEL OCASO

    1. Mil gracias Eva, fue tan raro ese día de un instante a otro empezó a obscurecer cuando menos lo esperaba, y esa sorpresa de qué estaba pasando, qué sucedía y ahí estaba la magia en el atardecer que ya marcaba el camino a ese invierno para podernos resguardar. Abrazo grande

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  1. ¡Themis, esta vez te pasaste! Cada vez más poeta, qué bellas palabras y forma de unirlas, encima son de las mejores imágenes que he podido ver, ¡Y eso que normalmente la cámara no le hace justicia a lo que tú estás viendo! Qué bueno que has podido vivir esta maravilla, ¡Qué bueno que has podido verterla en tus lindas palabras! Un abrazo muy grande.

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    1. Gracias Maty, los cielos en el atardecer cuando empiezan los fríos dejan el consuelo de sus colores vibrantes que los hacen volverse maravillas, quedarse contemplándolos es renovar el alma y aquietarla, Las palabras nacen solas…. Abrazo gigante

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  2. ¡Aplausos, Themis! Te quedó una prosa poética muy bella, muy rítmica y bonita. Además, acompañada de las imágenes, mejor aún. Te felicito por ese regalo que el cielo te hizo y por esas palabras que tú nos regalas a nosotros.

    Un abrazo. 🙂

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