UNA ESCALERA AL ENCUENTRO 2

EL ASCENSO AL ALBA

Salí de casa temprano, cuando el sol asomaba tímido aún, para subir el cerro rumbo a la casa de Maguito, hacerle una visita y ver el pueblo verde desde las alturas.

Me encontré con unas escaleras que ni sabía que existían, tras la sorpresa, emprendí el ascenso, sintiéndolas peldaños de una pirámide que me llevaban a un momento trascendente.

Cruzar un portal, pensé.

Donde el renacimiento estaría a mis pies, mostrándome un desierto florecido, reverdecido y el espíritu que en mí dormía sorbería de sus tragos y despertaría.

*

*

Llegué a su casa, los perros salieron a recibirme con sus ladridos desganados, como avisando y dando cuenta que era conocido el que arribaba, enseguida Maguito se asomó y me abrió su cerca de resorte de colchón para que pasara y que la esperara un momento, pues algo estaba haciendo detrás de su ranchito.

Un fogón improvisado en el suelo estaba prendido, las llamas me llamaron a que las contemplara, daban sus giros y revoloteaban como si quisieran alzar el vuelo, como ave presa en su propio fulgor, que la brisa la condenaba a mecerse sin dejar que se elevara.

Me quedé mirándolo, embrujaba con su canto de silencio, con sus cenizas que cuando se desprendían emitían un sonido mudo, me metí en él, en esas formas con las que entonaba y usaba para su magia los colores del sol y el corazón, me arrastró sin remedio a un momento que ya no existe, solo allá dentro en el recuerdo.

La danza me absorbió con su baile ancestral, quedé varada en la quietud total, abstraída mirándola sin darme cuenta que Maguito desde otra orilla me hablaba, era un leve murmullo, escuchaba su voz a lo lejos, como si viniera de otro mundo.

*

*

Estaba como en trance, atrapada en un espejo ardiente, presenciando un ritual sigiloso, donde las formas eran las que gritaban:

– ¡Despréndete!- cuando un pájaro con un chillido estridente pasó volando y me trajo de regreso.

-Pase, no se quede ahí fuera, vamos a tomar un café

Entramos y rápido se puso a hacerlo. Un café de olla, que empezó a impregnar el espacio con el aroma de la canela, la que abre al alma a un ambiente cálido, alivia las pesadumbres y mejora el ánimo .

Más allá que solo el ascenso había logrado su cometido, las endorfinas circulaban por todo el cuerpo y las seratoninas no se quedaban atrás y la felicidad estaba ahí sentada a la mesa en la simpleza y la sencillez de un espacio que olía a orégano y a hierbas del monte.

*

*

A eso se le añadía la risa esa que se desataba por cualquier tontería que se dijera, incluso cuando el cuento traía dejos amargos en su relato, sin embargo, ella sabe darle ese giro que lo hace estallar en una reverenda carcajada o por lo menos sacar una sonrisa y confiar en lo primero, en lo que está más allá del Cielo.

Una vez parece que de muy pequeña la perdieron en el monte y le agarró la noche, esa noche oscura, más terrorífica aun pues antes de que eso ocurriera le habían estado hablando de las culebras y los coyotes que cuando ella llegaba con sus estrellas, salían a buscar alimento en esa tierra solitaria del desierto, cercano a la nada.

Empezó a llover, la riada enseguida atravesó el cauce de ese río que hacía unas horas estaba vacío, el llanto la llevó al desconsuelo, a no saber qué hacer y cómo cruzar ese torrente rugiente que la hacía tiritar aún más, no solo del frío sino de ese terror arrollador que se había posesionado de todo su cuerpo.

La lluvia cesó, la riada empezó a menguar, su llanto sin embargo, se hizo más fuerte y repercutía por todo ese monte de cactus y piedras y desde muy lejos en el silencio de una noche amansada, su gemido fue escuchado desde un ranchito que estaba del otro lado de la ribera.

De ahí salieron a buscar de dónde venía ese desconsuelo, con antorchas en las manos, que fulguraban en esa noche eterna para ella, como la luz de la esperanza.  A los gritos la llamaron, gritos que repercutían, daban vueltas e hicieron que su alma sintiera que había alguien cerca, gritó, gritó, y fue oída.

Desde la otra orilla la voz surgió:

-Aquí estamos, espera que el río baje y vamos por ti

Así fue, como le prometieron, vinieron, la envolvieron en un rebozo que llevaban, uno de los hombres la cargó, fueron a la casa, le cambiaron la ropa vistiéndola con lo que ellos tenían, le dieron algo de comer, la arroparon y ella quedó profundamente dormida en la paz de saberse protegida.

-Por eso, ya no confío mucho en los otros, siempre ando como duende solo en el monte siendo yo mi guía y mi Dios que me protege.

El café ya estaba servido el aroma que irradiaba se sumaba a las risas, al contento, al saberse que no hacía falta nada, todo se tenía y si no desde allá arriba proveían con aquello que se necesitaba.

*

*

Después de un rato de risas y más risas, donde las lágrimas brotaban una detrás de otra, ahora no de lamento, sino de dicha, por estos momentos que la vida mandaba y compensaba todo lo vivido.

Era hora de regresarse, de ir bajando la cuesta, de volver a la «civilización», y dejar esos parajes de silencio, cargados de un gozo tan sencillo, simple, tan auténtico.

Al salir las llamas del fogón, se prepararon para cocer los frijolitos algo mucho más terrenal. El pájaro de fuego fue liberado, alzó el vuelo y se perdió en el firmamento.

MÉXICO

SEPTIEMBRE 2025

***

UNA ESCALERA AL ENCUENTRO 1

MAGUITO

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8 comentarios en “UNA ESCALERA AL ENCUENTRO 2

  1. ¡Themis! Así como el patio, Manguito también es ya parte nuestra. ¡Vaya mujer!

    No me deja de sorprender tu capacidad amplia y notoria de reinvención de ti misma, de cómo en tus palabras aflora la poesía. ¡Cuánto se podría curar con poesía! Un abrazo muy grande 🤗🤗🤗 ah! Con esencia de canelita y sabor de hogar.

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    1. Gracias Maty, si, Maguito ya es conocida con todas nuestras andanzas juntas, la poesía me está rondando y yo la dejo, por algo será, jajajajajaa. Te mando otro abrazo con sabor de monte y aroma a hierbas

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  2. Hola, Themis , vaya historia la de la pobre Maguito, seguro lo pasó mal, eso marca de por vida. Por suerte sigue con sus costumbres y no le importa vivir en el monte. Una gran historia, Themis. Da recuerdos a Maguito.

    Un abrazo para ambas. 🤗🤗

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    1. Sí la marcó en su vida sin lugar a dudas, más todas las cosas que vivió por eso toda su vida la entrega a su Dios, que siempre dice la guió y la protegió, quedó sola desde muy pequeña. Es que es alguien criado y que siempre vivió en el bosque de cactus, lo conoce muy bien. Gracias Merche, si le daré tus recuerdos, se va a poner feliz. Muchos abrazos para tí.

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  3. Y qué rico ese café de puchero, Themis, esas vivencias que nos cuentas y son imágenes vivas de un espacio acogedor, misterioso, diferente… No dudo que fue un amanecer precioso. Me gustó leer y sentir lo que nos transmites, lejano y cercano a la vez. Gracias. Mi abrazo. Feliz semana.

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    1. Hola Julie, fue un muy bonito momento no solo es estar arriba del cerro viendo al pueblo abajo todo verde, el compartir con Maguito que siempre tiene algún cuento, historia, vivencia para transmitir y es una excelente narradora aunque no lo sabe, y detrás de lo que dice está la enseñanza. Me gusta compartir instantes con ella, por eso cada vez que puedo me subo, es otro mundo dentro de este gran mundo. Gracias, te mando un abrazo con sabor a inmensidad y una semana muy serena

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