LA SAL Y LA ALQUIMIA: EL UMBRAL DE LA SAL (3)

«El único enemigo a quien se debe temer es a uno mismo.»

Paracelso

Las piletas de sal y el rincón del jardín se entrelazaban en mi memoria como si fueran el mismo lugar, dos escenarios distintos custodiando un mismo secreto. El desierto brillaba con sus cristales eternos, el jardín susurraba con sus flores efímeras, y en ambos reconocía la huella de la Tríada y el eco de los alquimistas.

Comprendí entonces que no caminaba sola: cada paso sobre la sal y cada recuerdo bajo los ciruelos eran parte de la misma cadena, del mismo llamado hacia la Piedra Filosofal.

«Jamás creerse solo, ni débil.»

Paracelso

Ese que un día determinó una búsqueda dentro de un juego simbólico infantil que ya iba dando cabida a ese devenir que la Vida iría marcando a lo largo de su trayectoria.

El aire se tensó, la luz cambió. Algo parecía emerger desde lo profundo de la materia… todavía no era el momento de que asomara.

Cerré los ojos y el jardín volvió a mí. Los ciruelos formaban otra vez su cúpula sagrada, y en el centro, la Triada resplandecía con un fulgor desconocido, como si los siglos se doblaran y el tiempo dejara de ser frontera, desapareciera, no existiera, todo fuera uno y uno ese todo eterno, inmutable, intangible, envolvente y protector. El mercurio vibraba como un río plateado interior, el azufre ardía como un sol escondido, y la sal permanecía fija, sosteniendo la estructura invisible de todo lo que existe.

*

*

Ahí estaba la Creación misma, esa que solo tenía un camino para llegar a ella, ese que hay que encontrar en la Vida para seguirlo, fuera el que fuera, costara lo que costara.

Cada uno de los elementos se iban abriendo frente a mí, como si me hablaran, como si de una forma silenciosa me trasmitieran los conocimientos en ellos dormidos por mucho tiempo, con un lenguaje para ser develado, los enigmas se contestarían con el paso del tiempo.

El Hermano Ámbar fue subiendo rumbo a su cenit, con un manto de terciopelo cubrió al desierto. Las piletas de sal, comenzaron a encenderse volviéndose brasas en sus manos, también en ellas en su quietud, parecía escucharse el murmullo de un lenguaje antiguo, una voz que no provenía del aire, sino de la materia misma.

*

*

Entonces comprendí: el desierto y el jardín eran dos puertas del mismo umbral, dos espejos enfrentados. Y yo estaba en medio, llamada a cruzar por ese pasaje hacia lo que aún no había sido nombrado, sin temor y con confianza.

«El miedo y la desconfianza en el futuro son madres

funestas de todos los fracasos,

atraen las malas energías y con ellas el desastre”

Paracelso

Sentí que debía avanzar, no con los pies, sino con el alma, porque el misterio estaba a punto de abrirse, y con él, el siguiente paso en la búsqueda de esa Piedra la Filosofal, aquel sueño de una niña.

El jardín iba y venía, en cada momento se hacía más nítido, puro, simple, no era un recuerdo, sino una presencia entre flores blancas que caían y me bañaban y con su aroma me transportaban a otro momento, a otra frecuencia, a encontrarme con el entendimiento, la alquimia no era estar buscando fórmulas ocultas, ni siquiera en la mezcla de esos elementos sino en desarrollar la capacidad de ver lo eterno en el devenir de todos los días.

Guardando el equilibrio había que caminar entre las piletas, cuidando no caer en ellas, un reto para siempre en esta existencia, no perderlo o si sucede restablecerlo lo antes que se pueda, pues en él se encuentra la armonía y en ella el gozo, la paz y la serenidad que nos lleva a aceptar que lo que importa es el proceso, el descubrimiento, el llegar al Ser que llevamos dentro, más que el resultado, que solo es lo que pide un ego que busca encontrarle un sentido a la vida por el tener, el aplauso del afuera, el reconocimiento. Buscar la trascendencia en uno mismo…

*

*

El mercurio me habló en forma de río: -Fluye, nada permanece inmóvil.
El azufre me habló en forma de llama: -Arde, la vida se alimenta del fuego interior.
La sal me habló en su silencio: -Permanece, lo esencial siempre está en ti.

El instante tan sublime que se presentaba viendo a esa Tríada ahí delante mío exhibida, la cual había perdido todo valor, no era el poseer, sino el ser. El mundo se borró, flotaba en otra frecuencia cuando un grito retumbó:

-¿Qué estás haciendo?, ¿qué haces con el mercurio?-había sido descubierta, estaban exhibidos mis pequeños hurtos para llevar adelante ese juego de revelación, en un segundo todo se derrumbó, desperté a ese nuevo instante con la boca abierta, sin saber que responder, pues estaba entre dos mundos, mejor, entre miles de mundos para ser explorados.

*

*

Caminábamos rumbo a la casa, mientras seguían saliendo de su boca un regaño tras otro, un no creer lo que se había descubierto, pues supuestamente no podía ser, sin embargo, era. En el mutismo y la obediencia mayor nada en mí respondió ni se inmutó.  

Como marcaba Paracelso en sus enseñanzas había que tener siempre pensamientos positivos sin importar frente a lo que uno se encontrara, estar conectado y resguardado en ese interior donde el mundo no llega, permanecer en silencio y guardar siempre discreción.

-Siéntate ahí y no te muevas hasta que te diga- Así fue. Mientras, la paz regresó, el agua descendió y otra idea surgió en esa meditación obligada.

«Los sueños deben ser escuchados porque muchos de ellos se vuelven realidad»

Paracelso

Sin lugar a dudas como lo muestra la vida de este gran alquimista, todo lo nuevo suele brotar en los márgenes, allí donde las normas se cuestionan y el conocimiento se atreve a soñar.

En ese instante lo comprendí, la Piedra Filosofal no se encontraba en algún lugar, sino en el despertar del corazón a algo muy adentro de sí mismo, nacían más interrogantes para ser develadas en el sendero. Cada uno somos alquimistas y llevamos con nosotros  nuestro laboratorio, un recipiente donde ensayamos el renacer y la transformación.

«Que no sea de otro quien puede ser dueño de sí mismo»

Paracelso

El Hermano Dorado siguió su ascenso, inundando con sus rayos cada grieta en el desierto y también cada piedra.

*

*

Con una gran sonrisa en la cara, quedé inmóvil, el mensaje había sido develado y el traía la enseñanza que esperaba desde siglos atrás, la verdadera alquimia es aprender a unir lo que fluye, lo que enciende, lo que permanece…dentro de uno mismo.

Así mi corazón latió con gran regocijo, el camino no acababa aquí, sino que apenas empezaba.

«Alterius non sit qui suus esse potest», que significa: «Que nadie sea ajeno de sí mismo»

Paracelso

MÉXICO

JUNIO 2025

LA SAL Y LA ALQUIMIA: PARACELSO

LA SAL Y LA ALQUIMIA

RUMBO A LA CAPILLA ENTERRADA: LAS SALINAS 3

RUMBO A LA CAPILLA ENTERRADA: LA SANTA CRUZ

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6 comentarios en “LA SAL Y LA ALQUIMIA: EL UMBRAL DE LA SAL (3)

  1. Gracias, la tecnología con sus miles de vueltas que con paciencia hay que ir descubriendo. Me alegra que te haya gustado las fotos, son muy lindas, el espacio es muy mágico que te lleva a un viaje por el tiempo. Paracelso tenía un enfoque sobre todo de la medicina y los medicamentos que todavía no se llega a ellos, abrazo grande

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    1. Gracias, la tecnología con sus miles de vueltas que con paciencia hay que ir descubriendo. Me alegra que te haya gustado las fotos, son muy lindas, el espacio es muy mágico que te lleva a un viaje por el tiempo. Paracelso tenía un enfoque sobre todo de la medicina y los medicamentos que todavía no se llega a ellos, abrazo grande

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  2. Hola, Themis, ¡vaya! Te regañaron por buscar algo muy bueno, eso no debería ser, jeje. En cualquier caso, lo descubriste, sacaste a flote las enseñanzas y el verdadero sentido de la vida. Muy bueno y acertado, igual que las citas de Paracelso.

    Un abrazo. 🙂

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    1. Hola Merche, no sabían lo que hacía y los desconcertaba. Solo fue el inicio en un juego simbólico infantil, que dio comienzo y que consciente o inconscientemente sigue su camino y se sigue destapando poco a poco.
      Las citas son las que realzan lo escrito y le dan contexto de aquella época. Abrazo grande y gracias

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