LA SAL Y LA ALQUIMIA: PARACELSO (2)

«Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis».

Paracelso alquimista siglo XVI

Corría en siglo XXI en el desierto en México seguía caminando entre esas piletas blancas donde la sal cristalizada relucía, creaba un paisaje de pureza y deslumbre, donde las luces que la tocaban establecían pequeños arcoíris, matizando ese escenario de otra época.

Ahí los siglos se habían estacionado, venían desde los comienzos de la vida en la Tierra, la sal había preservado su permanencia haciendo alarde de una de sus característica, de la que hablan los textos alquímicos que la asocian con la «fijación» lo que lleva a que algo se quede en su esencia.

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Se volvía el cuerpo material y físico de una sustancia, dándole estabilidad, purificación y nacía de la tierra misma unida al mar y al sol, es lo que queda después de que algo se quema, se descompone, se deshidrata, residuos que sobreviven, el esqueleto cósmico de la materia, resistente e imperecedero, al cual hay que mezclarlo con algo para resaltar sus peculiaridades o incluso para crear el elixir de la vida eterna.

Mientras caminaba recordaba a los alquimistas, cuando se me habían manifestado, cuando me habían enseñado su búsqueda y sus descubrimientos, en aquellas lecturas en las que me iniciaban aún siendo pequeña, ir tras esa Piedra Filosofal, el cimiento de todo crecimiento en todas las áreas y el encuentro con el sentido de ser en este Universo. Mis oídos se regocijaban con el resonar esas palabras, más allá que no entendía mucho de qué se trataba, sin embargo, había que salir a buscarla o crearla para saber de qué hablaba.

“La suerte no existe y el destino depende de los propios actos y pensamientos”

Paracelso

Ahí en ese momento estaba en el siglo XX, en un rincón del jardín bajo los grandes ciruelos, enormes para mí, que como una cúpula cubrían ese pequeño escondite guarecido, que no permitía que nadie me viera por las ventanas, si querían saber que hacía tenían que acercarse, ahí la Triada Alquímica estaba protegida, solo por un descuido sería descubierta.

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El mercurio, el azufre y la sal la Tria Prima de Paracelso, médico y alquimista suizo alemán, el rebelde  que desafió las tradiciones de su época rechazando la autoridad de los antiguos y proponiendo una nueva forma de pensar sobre las enfermedades, las medicinas y las maneras de tratar a los pacientes, el abogaba porque cada uno era un individuo y necesitaba tratamiento personal, así como que las enfermedades eran causadas por gérmenes, no solo por los humores como se pensaba en aquella época, allá por el siglo XVI .

Ahí estaba esa Tríada, que custodiaba con total seriedad, había logrado llegar a los tres elementos que componían todo el universo y a mí misma, los que eran fundamentales para un  alquimista, que representan el alma, el espíritu y el cuerpo, o el fuego, el aire, la tierra y el agua. Esta teoría que ellos proponían que todas las sustancias estaban compuestas por ellos, incluso el humano, en distintas proporciones y cuando se desequilibraban, ¡ZAS!, surgían las enfermedades.

“Cuando el alma está fuerte y limpia, todo sale bien.»

Paracelso

La había alcanzado después de un tiempo de estar esperando reunir los elementos, ahora comenzaría la gran aventura sin permiso.

Era la primavera, las frágiles flores blancas y delicadas de los ciruelos, con su aroma dulce e intensa quedaba estacionada en ese rinconcito de ensueño, mientras la brisa que corría acompañada de mariposas, abejorros, abejas dejaban caer los pétalos en una danza llena de suavidad y pureza. Por ahí un guitarrero ese bichito de colores metálicos que llevaba su música dentro y que cuando se lo atrapaba y se cerraba el puño con delicadeza sobre él, como el cautivo en su encierro que para darle vida hacía sonar su cántico, el cual escuchaba acercándolo a mi oreja.

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Las piletas se extendían en ese paisaje de piedra, de montañas, de canastos que orgullosos mostraban la cosecha de miles de diamantes blancos.

Algunas de ellas con sus piedras boludas puestas en su base para resistir el proceso de concentración de sal y la erosión que el agua causa, esas que se encuentran en todo el alrededor de las cuales hay que aprender a cuidarse, pues como hasta a los grandes maestros se les cae un borrón y aquí en esos parajes hasta a los grandes y antiguos expertos si se distraen, ruedan frente a ellas.

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Los siglos se entremezclaban, diferentes momentos del devenir de la vida se cruzaban, siete décadas habían pasado.

«Contra cada padecimiento crece una planta»

Paracelso

Las piletas de sal brillaban como espejos del tiempo, y en su resplandor reconocí la misma pureza que había custodiado bajo los ciruelos de mi infancia. El jardín y el desierto se unían, como dos rostros de un mismo secreto. Allí, entre los cristales que la tierra había fijado durante siglos y las flores que una vez protegieron mi cobijo sagrado, descubrí que la búsqueda no era lineal: era circular para entrar a la espiral, un hilo invisible que enlazaba memorias, paisajes y siglos en una sola trama.

El aire en el desierto se volvió más espeso, como si en cada cristal vibrara una respuesta aún no develada. Algo me observaba desde la iluminación de esas aguas inmóviles, algo que aguardaba mi siguiente movimiento. Sentí que debía avanzar, pero no hacia afuera, sino hacia adentro, hacia el fondo mismo, de la materia y de mí.

El silencio entonces se volvió encubridor, y en esa quietud comprendí que la revelación estaba cerca… aunque todavía oculta, como un secreto que se ofrece y se encubre al mismo tiempo.

CONTINUARÁ…

MÉXICO

JUNIO 2025

***

LA SAL Y LA ALQUIMIA

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4 comentarios en “LA SAL Y LA ALQUIMIA: PARACELSO (2)

  1. HERMOSA REFLEXIÓN FRENTE A UN PAISAJE INCREÍBLE. y CON LAS REFLEXIONES DE pARACELSO, LA PROFUJNDIDAD DEL RAZONAMIENTO ES MÁS INTENSA, MÁS REFLEXIVA, MÁS HONDA,,, nE HA ENCANTADO, THEMIS. MUCHAS GRACIAS. YO NO TENGO E CERCA ESTOS PAISAJES, PERO HA DE SER HERMOSO CONTEMPLARLOS,

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    1. Hola Julie, gracias, me alegra mucho que te haya gustado, Paracelso, tiene muchas reflexiones muy profundas sobre todo de la forma en que había que encarar la vida y el cuidado del cuerpo. Muy avanzado para su época.
      Los paisajes aquí son de una gran belleza y sobre todo el silencio y la soledad en que se encuentran, es tan vasto todo que es difícil encontrarse con alguien, sobre todo en los sitios no concurridos, salvo los pastores de chivos.
      Te mando un abrazo muy grande y feliz fin de semana

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  2. Hola, Themis, un acierto, en la entrada de hoy, poner las frases de Paracelso. Habrá que esperar a ver si consigues la alquimia, aunque según me has dicho en bloguers…, regular acabó la cosa, jeje.

    Un abrazo. 🙂

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