LA CRUZ DEL NATUCHO: LLEGANDO A LA CIMA (2)

LA SUBIDA DEL CERRO

El desierto un espacio vasto y árido donde el Círculo de Fuego descarna todo lo que encuentra a su alrededor, la sombra de la sombrilla que cargaba apenas atenuaba el ardor, pero aún así, ofrecía un pequeño alivio, un instante de respiro en medio de ese mar de piedra.

De repente se me apareció la imagen de Xipe Totec, «Nuestro Señor el Desollado», dios de la agricultura, la fertilidad y la renovación entre otras cosas. Me asombró, ¿qué hacia él en mi camino?.

Venía de la Ciudad de México de estar viendo el Huei Tompozcalli, ese muro de los cráneos, realizado para Huitzilopochtli, en esta región el culto era para él: Xipec Totec, importante dentro del panteón mexica, sin embargo no tan ostentoso.

También él me había sorprendido mucho cuando hace ya un tiempo me enteré de que se había descubierto muy cerquita, en la región, el primer templo dedicado a él que también fue de gran asombro para los estudiosos de estos vestigios antiguos, que por donde se camine se encuentran.

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Me había llamado mucho la atención y producido en cierta forma un: «Ay, nanita», el tipo de ceremonias que se le hacía y de cómo se le reverenciaba.

A él se le representa como un hombre vestido con la piel de una víctima sacrificada, pues en su mito esta deidad se había desollado a si misma para traerle el alimento a los seres humanos. Impacta la imagen, sin embargo lo que simboliza es el proceso del maíz, esa mazorca tan esencial en la alimentación de los pueblos prehispánicos que según se cuenta fue en esta región en donde se le domesticó, ella se quita de la piel vieja para renacer cuando se seca y la cáscara al desprenderse revela los granos que darán origen a nuevas cimientes. Esto en sí es otra historia, para otro día.

Seguía caminando por instante pensando que tenía que ver él con la Santa Cruz, ¿qué lo uniría a ella?, mi cabeza loca tal vez, solo eso, mientras sentía a esa arena, si así se le podía llamar a esa amalgama de rocas y cantos, cómo crujía bajo mis pies y el aire ardiente se filtraba por cada rincón y mi piel se sentía cocida por la intensidad del sol.

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Otra fantasía loca brotaba en mi mente, que apareciera una de esas motos que han invadido el pueblo, las «uber motos» que las llamas y te llevan a donde sea, de repente siento un motor y una se detiene a mi lado, era un vecino que llevaba el mismo destino que el mío, me invita a subir y allá nos fuimos.

Fantasía cumplida, miré al cielo y agradecí que me hubiera escuchado.

Claro, que ella solo nos dejaría ahí, en la falda del Natucho, donde estaba el espacio que se celebraría la comida después de terminada la misa que se haría mero arriba del cerro, al cual había que subir y ahí sí, solo los pies nos llevarían.

En un ¡tris!, llegamos, el toldo que nos guarecería después de bajar del cerro ahí estaba desplegado, esperando que la concurrencia llegara, más allá que el día que se había presentado con una ola de calor, era arriesgado para estar caminando por esos parajes donde la tierra quemaba.

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El espacio de la cocina donde se habían preparado los alimentos, los habían realizado la otra Maguito, la que cocina, con todo su grupo, otras señoras que con mucha dedicación colaboran para hacer del día una gran ofrenda al cerro y a esa cruz que su cima lleva.

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La gran olla, donde el aroma que lanza ese molito de pollo va extendiéndose por todo el alrededor, abriendo al apetito y preparando a los sentidos para el instante de la degustación, acompañado de un arroz rojo.

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En eso llega el Padre y ya era la señal que había llegado la hora de subir, camino arriba hasta alcanzar a esa cruz que nos espera vestida de fiesta para ser honrada, para dejar que su misterio abra los corazones de quienes se arriesgan a estar cerca de ella en ese instante, para rebasar las apariencias y entrar en su misterio.

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Estas ceremonias cristianas que se llevan a cabo en gran parte de México de una forma donde el pueblo colabora y se vuelca a ellas con una gran devoción y que también  son parte de ese sincretismo, la Cruz en Mesoamérica, simbolizaba la conexión entre el cielo y la tierra, lo divino y lo terrenal y algo fundamental para ellos, los cuatro puntos cardinales, también representaba la dualidad, la regeneración, la vida y la muerte.

Ese emblema que traían los cristianos entraba perfectamente en sus concepciones, esa representación del espacio-tiempo, esa imagen del mundo.

Íbamos subiendo la cuesta con paso lento y constante, mi sentir que fluía libre dentro de mi misma me fue llevando por diferentes caminos que había recorrido, más cercanas a ese México profundo, donde esa ceremonia se había vuelto la fundamental en la comunidad, que incluso unía a un pueblo dividido y lo regresaba a ser uno en el corazón, pues ahí solo Dios era el amo y señor y estaba por encima de todo, unía todas las creencias que ellos llevaban dentro, donde se le celebraba con una ofrenda tradicional, como venía de tiempos inmemoriales, donde los principales eran los encargados de llevarla a cabo. La música que ameritaba el momento la que se llevaba adelante con tambor y un flauta que marcaba una melodía hipnotizante, a la usanza antigua.

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El rezo por parte del tuhunel, su guía espiritual que había sido consagrado por el obispo a falta de sacerdotes en la región. La música de guitarras y violín cantando las alabanzas que el momento señalaba, a la usanza cristiana.

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El pueblo era uno y en el ambiente flotaba esa unión de espíritu que iba más allá de las ofensas y todos se volcaban a la celebración pues también se reverenciaba en ella al agua, se la agradecía, se pedía a la lluvia que pronto se presentara para comenzar la siembra y con ello esperar los sagrados alimentos que la Madre Tierra proveería.

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Y por último antes de compartir los alimentos, el bautismo en agua, para la purificación de todos, dos largas filas, una de mujeres y otra de hombres, iban pasando y con unas palabras se les derramaba en la cabeza, cuidando que no cayera al suelo ni una gota pues era concebido como líquido espiritual que ameritaba otro proceso para regresarlo a la tierra.

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Luego beber de ella para que recorriera todo el cuerpo y lo nutriera.

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Otros con adornos y muchas velas, también en la cima de un cerro en Oaxaca, donde la Tonantzin, «Nuestra Madrecita», la Virgen de Guadalupe acompaña y con un rezo y una ofrenda, se la conmemora.

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Llegamos a la cima, ahí con sencillez y simpleza, con una majestuosidad que solo evocaba al momento, esa bella cruz donde bajo ella yace el pueblo, muy libre, muy abierta, revoloteaba su manto en una danza con esa brisa juguetona y cálida que la acariciaba .

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Comenzó la ceremonia para los pocos elegidos a llegar a ella.

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Se desplegaba todo el espíritu que merecía ese momento de unión al cielo…

Una entrega total a esa experiencia sublime, que nos unía a todos en una atmósfera impregnada de fiesta espiritual, un acto de comunión y gratitud, donde el límite entre lo terrenal y lo divino se esfumaba dejando una certeza dentro del corazón que ese instante era algo especial y celestial.

CONTINUARÁ….

MÉXICO

MAYO 2025

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10 comentarios en “LA CRUZ DEL NATUCHO: LLEGANDO A LA CIMA (2)

  1. ¡Hola Themis! De verdad que es conmovedora la devoción de todo un pueblo, mi México amado y también ni América toda, completa, de todos los días. Nuevamente la magia, qué bueno que participas de estas sagradas ceremonias. Me siguen asombrando tus fuerzas interiores y exteriores. Gracias por traer todo esto. Ah! Cada vez que leo «CONTINUARÁ» me da una alegría, que parecen dos. Muchísimos abrazos!!! 🌹🤗🌹🤗🌹🤗🌹🤗🌹

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    1. Hola Maty, la fe, esa que mueve montañas, cuando se va por estos caminos que la vida me manda la encuentras a tu alrededor, estar compartiendo esas «sagradas ceremonias», como bien dices, es poderla sentir, ese espíritu que se va extendiendo, que te envuelve y te transporta a todos esos misterios, más cuando son al aire libre, en lugares mágicos que ese mismo sentir de quienes se congregan a su alrededor lo crean por ese enfoque sin duda y esa entrega. Gracias, abrazo infinito

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  2. Hola Themis, muy interesante como siempre. Nos muestras un poco el sincretismo que se dio en el territorio hoy llamado México, al arribo de los españoles. Me encantó que comentaras sobre la cruz, que ya era un símbolo para la gente prehipánica y que al llegar los conquistadores, fue relativamente fácil que se incorporara y aceptara por los conquistados. No sabía que esa región donde vives se dió el origen del culto a Xipe-Totec. Voy a averiguar más pues estos temas me encantan. Saludos.

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    1. Hola Ana, ahora ando en ello en el sincretismo es que se me aparece por todas partes, bueno está en todo México en algunos lugares más notorio, en otro no tanto. La cruz era algo vital para los prehispánicos y hasta el día de hoy en las comunidades más alejadas las ponen en los cruces de camino y hacia los cuatro puntos cardinales.
      En esta región no fue donde empezó el culto, es algo incierto aunque se cree que fue en algún lugar en Jalisco sobre el Pacífico, sino que en esta región se hizo el primer templo consagrado solo a él, tal vez me expresé mal.
      Voy a escribir en cuanto termine con el Natucho una entrada sobre él.
      Gracias Ana, abrazo grande

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  3. Hola, Themis, una gran subida para un buen momento. (Menos mal que tuviste un poco de ayuda).

    Me ha gustado la tradición del agua y tal y como lo hacéis, que no se desperdicie, que se beba después, todo lo que simboliza, así como el resto de momentos que narras. Bonitas tradiciones con una gran carga de fe detrás.

    Un abrazo. 🙂

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    1. La verdad Merche que fue muy buena, pues de ahí en adelante, salvo al llegar a su falda y luego hasta la cima no había ninguna otra.
      Esa tradición del agua, fue de una comunidad en la que viví, maya tzeltal donde guardaban muchos ritos que ellos decían que venían de los abuelitos de los abuelitos y se realizaban con una devoción y una entrega de corazón y espíritu como pocas veces había vivido. México es un país de fe y en los lugares alejados de la civilización lo sientes de una manera hermosa. Gracias Merche, abrazo grande

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  4. Hermoso lo vivido en ese lugar, Themis, Sin duda un lugar sagrado. Llegar allí ya forma parte del privilegio de lo que has compartido. Mi felicitación por este ritual que fortalece la fe y la tradición que nunca debe perderse. Mi abrazo fuerte. Feliz semana.

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    1. Hola Julie, son muy hermosas esas ceremonias guardando lo tradicional, como en Chiapas y Oaxaca, también en otro lugares de México, México es un país donde la fe, está en todas partes, no importa a que credo o ritual la vuelques, esa comunión con lo superior es parte fundamental. Me gusta ser parte de ellas, sobre todo las que nacen en el pueblo, feliz semana para tí también, un gran abrazo

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