TENOCHITLAN: FRENTE AL MURO DE LOS CRÁNEOS

“…y llegamos a una torre pequeña de sus ídolos, y en

ella hallamos ciertas cabezas de los cristianos que nos

habían muerto, que nos pusieron harta lástima.”

Hernán Cortés

Estaba parada frente al muro mirándolo, por todos lados aparecían personas unas detrás de otras, el movimiento era constante, era un día especial, muchos se habían volcado al zócalo para festejar el día del niño, en donde se encuentra el Templo Mayor y su museo en la Ciudad de México y aprovecharon para visitarlo.

Me abstraje de todo ese bullicio de vibras pues el silencio era un acto solemne, como que impresionaba al entrar, ni los niños hacían alarde de su capacidad de crear agitación, impactaban las luces que detenían a quien fuera, lo metían en la penumbra, en ellas resaltaba ese muro lleno de calacas una al lado de otra.

Imaginé lo que habían sentido los españoles cuando vieron las cabezas de sus compañeros y de sus caballos atravesadas por las sienes por varas o postes de madera, mientras se descarnaban para luego en algunos casos ser parte de los tzompantlis o «estantes de cráneos», que eran comunes en diversas culturas mesoamericanas y servían para exhibir las cabezas de guerreros derrotados, víctimas de sacrificios y otros cautivos, con fines rituales y triunfales.

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En el caso del Huey Tzompantli, se estima que inicialmente contenía cientos de cráneos; incluyendo mujeres y niños lo que fue una gran sorpresa para los investigadores pues en una parte se creía que solo se usaban las cabezas de hombres en edad de ir a las batallas.

Este muro estaba compuesto por hileras de calaveras de víctimas de sacrificios humanos, a quienes se les arrancaba el corazón y posteriormente se les cortaba la cabeza, otros eran decapitados primero como hizo el dios con su hermana. Los cráneos eran colocados con la región facial hacia afuera en la fachada externa, mientras que en el interior de la estructura miraban hacia adentro. La torre tenía cerca de dos metros de altura y un espesor de alrededor de 1.6 metros, todo ello en honor a ese dios, la deidad solar y de la guerra, su patrono, Huitzilopochtli, quien los había guiado para asentarse en esa región donde encontraron el águila sobre el nopal comiendo una serpiente.

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Ese dios que fue sincretizado con Jesús cuando se tomó la fiesta de su nacimiento cerca de la Navidad para hacerlos uno, el momento que se festejaba el renacimiento, el paso de la obscuridad a la luz o con el Espíritu Santo, convirtiendo a la representación del mismo de la paloma en un colibrí, como era reconocido este dios, «el colibrí zurdo», símbolo del mensajero de los dioses, de fuerza, la reencarnación de los guerreros caídos.

Dentro de su cosmogonía los que caían en la guerra en manos de los enemigos o las mujeres durante el parto que eran asimiladas a guerreras lo acompañaban en su viaje por los cielos. Según Sahagún cuenta que «los muertos esperaban en una llanura a que el sol comenzara a salir, como su brillo se volvía cegador solo aquellos que sus escudos tuvieran muchos agujeros de flechas podían mirar al sol a través de ellos sin sufrir daño. De esta manera solo los guerreros más valientes podían tener una buena vista. Después de cuatro años, las almas de estos muertos se convertían en colibríes y mariposas y regresaban a la tierra.»

Miraba ese muro esas calacas alineadas, pensaba en ese ritual de llevar a los prisioneros para ser decapitados y extraído su corazón como ofrenda que alimentaba los orígenes de esa cultura, respeto y temor hacia sus dioses, donde con estos actos se mantenía el equilibrio del universo conocido.

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La idea de adornar el muro con estos rituales parecía, en realidad, una forma de inmortalizarlos, de transformar la historia efímera en un testimonio eterno de su devoción y poder, una afirmación de su identidad y también, un temor heredado.

¿Qué había dentro de las cabezas y del sentir de quienes los dirigían?, ¿lo  mismo que en la actualidad?, ¿sembrar el miedo, el miedo a la muerte, ese que todos traemos dentro y nos causa terror?, ¿pues junto a él está el sometimiento, la obediencia y si ensalzamos el ego con él, lo transformaremos justamente en una búsqueda, en una meta personal para ser alcanzada?. Las interrogantes surgen, claro otro era el contexto o acaso, ¿era el mismo disfrazado de actualidad?.

Nos hablaba de una conexión con lo salvaje, con lo misterioso, con aquello que trasciende el propio sacrificio y lleva a ese juego entre la vida y la muerte, donde ni una ni otra prepondera, a una se la lleva en el andar y a la otra se la espera y lo que es más en muchos casos se la busca, como lo hacían los guerreros, estar en los momentos más propicios para hacerlo, ofrendarse para que ese ciclo continuara.

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En su forma de ver el mundo y sus creencias esa ofrenda de seres humanos venía de la idea de que la muerte era necesaria para que continuara la vida, la llevaban muy dentro de si mismos, la veían como una parte fundamental y al sacrificar con ello mantenían ese orden e impedían que ese mundo desapareciera, por eso los jóvenes mexicas aspiraban a morir en la guerra para volverse parte de esos guerreros que estaban al lado de ese dios Huitzilopochtli, en cada amanecer, con su escudo levantado para poder mirar a través de los huecos que las flechas habían dejado, observarlo sin enceguecer y saberse con ello valientes, dignos representantes de su raza, de su estirpe, de su pueblo.

Había que dejar el entendimiento de lado, no era algo para ser comprendido, encerrado en conceptos tan lejanos a ese momento y tan cercanos a esta actualidad frívola que tenemos al lado, romantizada y que sin embargo, sigue descuartizando, claro que de otra manera, tal vez con una diferencia, nadie busca ofrendarse a un dios en este mundo «occidentalizado»», sino el ganar notoriedad con su presencia entre sus semejantes….o también en ese momento, ¿era lo mismo?.

CONTINUARÁ…

MÉXICO

ABRIL 2025

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Agradezco fotos tomadas de internet

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EL MURO DE LOS CRÁNEOS: HUITZILOPOCHTLI

TENOCHTITLÁN: CUAUHTEMOC

TENOCHTITLÁN: EL MUSEO DEL TEMPLO MAYOR

HACIA EL ZÓCALO DE LA CIUDAD DE MÉXICO

MUSEO DE LA CANCILLERÍA, KASUMASA NAGAI

MUSEO DE LA CANCILLERÍA DE LA CIUDAD DE MÉXICO

EL CENTRO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE MÉXICO

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10 comentarios en “TENOCHITLAN: FRENTE AL MURO DE LOS CRÁNEOS

  1. Hola, Themis. Estoy disfrutando mucho las entradas que estás publicando últimamente, me conectan con mis años jóvenes, cuando escuchaba un programa de misterio que me fascinaba, y algunas veces hablaban de temas similares a los que tú ahora exploras.

    Tu texto me despierta reflexiones sobre la muerte ritualizada, la memoria colectiva y el poder de los símbolos ancestrales interpretados en nuestra realidad contemporánea. Invita a contemplar una cosmovisión en la que la vida y la muerte no se oponen, sino que forman parte de un engranaje sagrado en constante movimiento.

    La figura de Huitzilopochtli, ese dios solar y guerrero, se entreteje simbólicamente con el imaginario cristiano, dando lugar a una narrativa sobre fe, poder y trascendencia.

    Creo que los mecanismos de control basados en el miedo han adoptado nuevas formas, ya no se ofrecen corazones a los dioses, pero las dinámicas de sacrificio persisten de otras maneras.

    Y entonces las preguntas son: ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar hoy para mantener el orden que nos da estabilidad? ¿Quiénes son nuestros dioses actuales? Tal vez el dinero, la tecnología… o esa ansiada dosis de notoriedad en redes sociales que dura apenas unos minutos.

    Un abrazo 🤗 

    Beatriz (Historia)

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    1. Hola Beatriz, gracias por esta reseña tan bien enfocada y que lleva a unas preguntas muy pero muy interesantes.
      Todo sigue igual de cierta manera, se ha cambiado el discurso sin embargo el corazón sigue en la misma, se han prohibido formas y se han implementado nuevas autorizadas y justificadas, ahora se sacrifican regiones enteras, y la muerte de inocentes se ha transformado en daños colaterales sin ningún valor, con un lamentarlo de la boca para afuera, sin embargo justificado en el objetivo que se buscaba, más si este se vio cumplido y si no un perdón y a otra cosa.
      Los dioses cada día más claros el poder, el dinero, la notoriedad, el ser alguien aunque sea por un instante, poder decir «fui viral», un logro de vida, eso si, en cierta manera cambian los empaques, el ser humano sigue siendo el mismo desde el inicio.
      Abrazo bien grande y gracias

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  2. ¡Cuántas atrocidades de unos y otros! Y cuánta sumisión de las creencias, ahí quedó la historia, Themis. Para hacernos reflexionar… Ojalá algún día nos demos cuenta del respeto que nos debemos unos y otros ante la muerte. Ese respeto nos haría comprender que no necesitamos guerras para amarnos, para enriquecernos comúnmente de nuestras propias culturas. Me encanta leerte. Volver, desde tan lejos, a México y repasar la historia. Gracias. Mi abrazo fuerte y feliz fin de semana.

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    1. Hola Julie, la historia nos muestra, nos hace caminar por momentos hacia atrás y nos confunde con el ahora, pues hay tantas similitudes, aunque en crueldad parecería que cada día se acrecienta, el amor aún no ha llegado a esta esfera en que vivimos, tal vez es lo que necesitamos aprender para elevarnos y ser de otra manera en otro de los cielos. Abrazo grande y gracias, feliz semana

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  3. Me ha encantado tu relato, Themis. La narradora, inmersa en el bullicio del Día del Niño en el zócalo, se abstrae para contemplar el muro de cráneos, un testimonio sobrecogedor de los rituales mexicas. Tu prosa, densa y poética, captura la solemnidad del lugar, con imágenes como las calaveras alineadas bajo luces tenues y la mención de Huitzilopochtli, el dios colibrí, que conecta la muerte con la vida en la cosmovisión mesoamericana. La narración alterna entre la descripción histórica (tzompantlis, sacrificios, guerreros convertidos en colibríes) y preguntas existenciales sobre el miedo, el poder y la permanencia de esas prácticas en un contexto moderno “disfrazado”. El relato brilla por su capacidad de transportar al lector al pasado mexica mientras plantea interrogantes atemporales sobre la muerte y el sacrificio. Es un relato poderoso que invita a meditar sobre la conexión entre lo salvaje y lo contemporáneo.

    Mi enhorabuena.

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    1. Hola Marcos, gracias por tus palabras que valoro mucho, dejan en claro un poco el contexto en que fue escrito, ese viaje que une lo actual con lo que fue, y que en apariencia hay cambios sin embargo no son tan claros, sigue latente esos sentimientos «crueles», más primitivos, instintivos del humano, que perduran aún disfrazados de poder y conquista. Abrazo super grande

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  4. Hola, Themis, eran sus costumbres, así es… Me has quitado la visión que tenía yo en la cabeza. Para ellos, eso era cultura, religión, vida y muerte, y así hay que verlo, tienes razón. Hoy quizá no se comprende porque es otro mundo diferente.

    Gracias por mostrarlo y por enseñarnos.

    Un abrazo grande. 🤗

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    1. Sí Merche, eran otras concepciones que se tenía sobre lo que sucedía, otro sistema de creencias que hacían ver las circunstancias de manera diferente. Actualmente vivimos en un mundo que parecería distinto intelectualmente, pues si se ve todas las barbaries que se cometen sin importar si son niños, ancianos, enfermos, mujeres, o lo que sean, podemos darnos cuenta que no ha cambiado mucho, salvo que ahora es masivo, se extermina. Abrazo grande y gracias por el comentario

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