EL CENTRO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE MÉXICO

EN BUSCA DE LA SORPRESA

Ya llevaba unos días en la gran urbe congestionada, contaminada donde la realidad se parecía más a una película de ficción que a una historia real, caminaba por ella a paso de tortuga pues no conozco animalito más lento,  cada paso que iba a dar llevaba consigo el máximo esmero, como si fuera en cámara lenta, aumentarlo significaba que enseguida la respiración faltara, que empezara el sofoco y había que detenerse para reponerse.

Por eso era bueno ir jugando a estar flotando en ese gas incoloro que me rodeaba, como si fuera el espacio exterior, que hacía que la atención plena se enfocara solo en esa labor.

La vida crecía de nuevo en todas partes, adaptándose a esos nuevos tiempos que la conformaban, después de haberse retirado por muchos años, era hermoso verla, cómo regalaba esos detalles a color para recrear la visión y darnos un poco de sosiego. Los pajarillos también abundaban, de un lado para otro iban atareados.

*

*

Me dirigía al metro, había salido con mucho tiempo por delante, pues no se sabe con lo que se puede encontrar, el bullicio de repente surgía sobre todo cuando cualquier cosita obstaculizaba el fluir de los autos, en donde algún ansioso desesperado se colgaba del claxon y los changos imitadores lo secundaban.

La ciudad latía con un ritmo frenético hasta en los lugares más tranquilos, se sentía el entorno alterado.

Bajé las escaleras tomándome mi tiempo, el calor se dejaba sentir, era demasiado fuerte, viene el tren, subo, todos los asientos llenos, unos ocupados por niños y una mamá clavada en su teléfono, una de ellas se quería parar y sentarse con ella, pues el pasillo la separaba de todos los hermanos y de ella. Cada vez que hacía el movimiento para pararse la madre la sujetaba con su brazo que atravesaba con él el pasillo, sin sacar sus ojos de la pantalla.

Otra señora que venía parada se empezó a mover en su espacio, como si algo la fastidiara, la sacara de sus cabales y me miraba, cuando sin mediar absolutamente ningún aviso le dice a una de las niñas que venía sentada.

-Levántate y dale el asiento a la señora, no ves que es mayor-se refería a mí.

La niña de unos doce o trece años dudó.

Mientras la señora le seguía insistiendo. Hizo un gesto de pararse, miró a la madre que por fin levantó los ojos de la pantalla y la sienta.

Las miradas de ambas mujeres se enfrentaron con un odio que surgía por los ojos, sacaban chispas.

-Gracias- le digo a la niña- quédate sentada yo me bajó pronto- pues ya veía venir la toletole y la verdad que no quería estar en el medio, el resto del vagón ya se había enganchado en lo que sucedía y habían levantado sus ojos de sus amansa locos, y se aprestaban para ver si podían captar algún videito para tik tok. Les sonreí a ambas mujeres, les agradecí y me acerqué a la puerta para bajarme.

Llegamos a mi estación,  descendí y me apresté a salir de ese mundo subterráneo, donde las emociones trepidaban, en los andenes, otro revuelo, una discusión quién sabe por qué, no me detuve a averiguar, más valía salir lo más de prisa posible, caminando lento.

Dentro mío le dije a mi misma que ya lleva tiempo sin asomarse, no quiere salir a vivir enredos, la desgastan.

-Hay que andar a las vivas

Subí las escaleras en cada escalón me paraba y miraba para arriba donde se veía el cielo y los jacarandas con muy pocas flores.

*

*

Era Bellas Artes, un montón de bicicletas con un guía estaban haciendo una visita al Centro Histórico.

*

*

A su lado el organillero, ese personaje infaltable de las calles del viejo Tenochtitlán, sobre todo por esos lugares, mientras hablaba con una señora, sonaba el ritmo de «México lindo y querido».

Seguí mi camino con la misma pesadez que venía, a cada paso tomaba un trago de agua, pues la deshidratada estaba ahí nomás a un paso del descuido. A medida que me iba metiendo las masas se hacían más densas, a pesar de ser temprano en la mañana, ¡al fin!, encontré el lugar que buscaba, hice mi mandado y me apresté a ir caminando al Zócalo.

*

*

Entre otras cosas iba en busca de unos vitrales que quería conocer, a los cuales nunca llegué, quedaran para otro momento sin embargo, la vida me fue sorprendiendo metiéndome en lugares que no había pensado llegar a ellos.

Mientras caminaba, todo se iba convirtiendo en un pequeño infiernillo, un caos auditivo, unido a esa pequeña marabunta que caminaba por un estrecho senderito en el centro, donde puestos ambulantes de todo tipo proliferaban. La escena no dejaba de tener su atractivo, especialmente si se observaba desde el lado de los estímulos: voceadores con voces contagiosas que llamaban la atención de los paseantes, ofreciendo ofertas irresistibles, promociones que prometían cambiar vidas. Vendían artículos para teléfonos, computadoras, música de todos los géneros, memorias y un sinfín de objetos que parecían que harían de la vida un lugar más colmado de placer, donde se pudiera alcanzar, aunque fuera por un instante, esa felicidad ansiada y, al mismo tiempo, frenar ese ruido mental que resonaba en la cabeza, más ensordecedor aún que el estruendo externo.

*

*

El aroma de las comidas callejeras se mezclaba con el olor a plástico y metal de los puestos, el smog que proliferaba con más ensañamiento soltaba ese olor putrefacto, creando una sinfonía de sensaciones olfativas que no se podía decir agradable y alimentaba a esa sensación de caos organizado. La multitud se desplazaba con un ritmo propio, algunos detenidos en los puestos, otros apresurados, todos atrapados en esa vorágine de estímulos y promesas. En medio de ese bullicio, trataba de mantenerme presente, sin dejarme arrastrar por la marea de voces, ofertas, ansiedad, desasosiego,  buscando en esa confusión la calma dentro de mí misma, para encontrar un resquicio de paz en medio del torbellino que parecía envolver todo a mi alrededor.

Sin lugar a dudas, venía de otro planeta dentro de la misma Tierra….

CONTINUARÁ…

CIUDAD DE MÉXICO

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10 comentarios en “EL CENTRO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE MÉXICO

  1. Lo viví en mi último viaje y pensé que no viviría allí por nada. Admiro la ciudad pero es demasiada gente, demasiadas actividades en la calle, demasiado calor
    sobre el asfalto. Me decepcionó como han dejado ahora El Zocalo, me gustaba
    más antes, me parecía más grande, más hermoso…Un placer leerte, amiga. Mi abrazo fuerte.

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    1. Sí, Julie para vivir no está, es un pequeño infiernillo en todos los aspectos, yo voy pues no tengo más remedio, me quedo unos dias y salgo disparada. Por qué te decepcionó el Zócalo o hacia mucho tiempo que no ibas o te tocó algún evento especial?, pues generalmente está igual, salvo con más calles peatonales y lugares donde caminar, eso si, cada día hay más personas en él. Abrazo grande y gracias

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  2. Themis! Hola, inevitablemente me agité contigo y sentí lo que describes, tremendamente. Pero escribir ese caos de esta manera lo hace más visible, más palpable. O sea, se palpa sin duda una realidad que las palabras adornan con ese sabor que no es digno de ser ignorado: ¡Es una gran ciudad a pesar de todo! Tu narración es taquicardiaca, de tan real. Un fuerte abrazo! 🤗

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    1. Hola Maty, sigo con tu ciudad y con todo lo vivido en ella, donde luego viene el momento de las sorpresas una biblioteca en un Iglesia, dos hermosísimas exposiciones, el día del niño en el zócalo y para completar el muro de los cráneos en el Templo Mayor.
      Todo un periplo taquicardíaco con diferentes enfoques y momentos de remanso, y silencio, la ciudad es bella, bella, su ritmo delirante, eso sí si no te unes a él y estás como observador y sigues en el tuyo, se la pasa uno muy bien, salvo por el aire que sí, está terrible.
      Abrazo bien grande, super grande y gracias.

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  3. Una protagonista sin nombre que recorre una ciudad caótica a un ritmo pausado que contrasta con el bullicio urbano… qué bonita experiencia. Retratas con viveza el caos de la metrópoli a través de imágenes como el smog, los cláxones, los jacarandas y el organillero tocando «México lindo y querido». Escenas cotidianas, como la discusión en el metro por un asiento o los vendedores ambulantes, añaden autenticidad y reflejan la vida urbana con sus tensiones y colores. La narración en primera persona transmite la alienación de la protagonista, que se siente como una extraña («venía de otro planeta») mientras busca calma en medio del torbellino.

    Me ha encantado tu estilo sensorial y tu retrato de la alienación urbana.

    Un abrazo.

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    1. Gracias Marcos, la Ciudad de México, es un gran vértigo, muy loca, atiborrada de personas, y visitarla es por un lado todo un poema al caos y por otro todos los sentidos se hacen eco en ella, es muy vívida, donde miles de escenas puedes percibirlas en el mismo momento, sobre todo en el centro. Te mando un abrazo bien grande

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  4. Hola, Themis, un detalle que quisieran dejarte el asiento, no todo el mundo lo hace.

    Qué difícil es la ciudad cuando no se vive en ella. A mí me crispa los nervios, muchas ofertas culturales, pero mucho estrés, prisas, contaminación… No sé si merece la pena.

    Un abrazo. 🤗

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    1. El problema es que no era el de la señora que lo reclamaba para mi y la niña como que le dio un poco de miedo creo, la forma en que se lo dijo y luego la mamá que la sentó, y la otra que ya le iba a contestar y se iba a armar algún problema. La niña se veía con cara de asustada, como yo, por suerte quedó en la nada. Eso sí, hay muy buenos gestos, tanto de mamás que levantan a sus hijos como de mucha gente joven que te da el asiento. Eso me tocó de regreso. La ciudad tienes que ir con los nervios relajaditos. Abrazo bien grande Merche y gracias

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