CUTHÁ: DE LA TUMBA A LAS SALINAS

CRUZANDO PILETAS

Sigue el camino de descenso, ahora dejando las alturas, acercándonos a ese paraje de las Salinas Chiquitas, que están sobre la carretera a la cual necesitamos llegar para que nos recojan en la camioneta.

Por caminos de piedras vamos, cuidando mucho donde poner el pie pues las «boludas», están en su pleno apogeo, esperando una distracción para ver como rodamos, emulándolas, volviéndonos por momento una de ellas.

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Un mini resbalón me hizo abrir los ojos, chistecitos de la vida, llamándonos a la atención, que no andemos por el mundo como si estuviéramos en piloto automático o papaloteando, perdidas en todos los esparcimientos con que el paisaje nos tienta y si lo queremos hacer, mejor es detenerse por un momento.

Era una pequeña pendiente, sin embargo era mucho mejor bajarla en cuclillas, pues si había que caerse el piso estaba más cercano, las piedras bolas, rodaban y rodaban, pues más vale precaución que el ser muy osado, o que nos gane el creernos que si así veníamos podemos seguir igual, aunque el terreno se haya transformado.

Encontrar nuevas maneras, protegernos y olvidar las «rutinas», sobre todo con los años donde solemos anquilosarlas, es en cierta forma ir ganando nuevas experiencias, adaptaciones, conocimiento sobre nosotros, posibilidades y darle la vuelta a muchas situaciones que nos aquejan.

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La rutina nos envuelve y olvidamos por donde vamos, pues ella como a veces pensamos viene cuando volvemos hábito alguna circunstancia, y nos hace creer que se necesita que haya pasado mucho tiempo para que se instaure, sin embargo, hay momentos que es solo cuestión de instantes, pues ya nos creemos que tenemos mucha práctica y reaccionamos cuando el obstáculo nos atrapa, pues vivir es entrar en un gran viaje lleno de desconciertos para introducir  la enseñanza, que nos pueden hacer reír, como llorar, como asombrar, como asustar, como…..puede ser lo que ella quiere que sea en esa misión que tiene de abrirnos paso a nuestra esencia.

Subimos la pendiente y ahí se divisaban las primeras piletas como si flotaran, una visión muy mágica, venida de otro tiempo, de otro momento, donde el reloj de la evolución se había detenido,  detrás de ellas las montañas, lo onírico se hacía cargo del instante.

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Caminaba por esas salinas, sintiendo cómo el paso de los siglos había dejado su huella en cada cristal brilloso que se alzaba, como si el tiempo hubiera decidido encapsular sus secretos en la sal.

Cada paso que daba resonaba en mi mente, recordándome que, en algún momento, estas tierras fueron un vasto mar, un océano de vida y misterio. El aire, impregnado de un aroma salino, me envolvía como un antiguo manto, mientras mis pensamientos se perdían en la historia que se percibía de este lugar.

Desde el haber visitado esa tumba, estar dentro de ella, todos los sentires que nacieron, todo lo que me había mostrado, ese centro de aquella época que por defender estas fuentes habían llevado a esa muerte, de ese gran gobernante y guerrero.

Pensar que ese líquido de donde se extraía ese oro blanco venía de un tiempo en que las aguas se habían comenzado a retirar de la faz de la tierra, me llenaba de asombro, al igual que percibir esos pozos, con ese color rojizo que como espejo mostraba lo que lo rodeaba.

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Cada pileta era un eco de tradiciones ancestrales, donde generaciones enteras habían trabajado la tierra y el agua para obtener ese tesoro blanco que tantos codiciaban.

Me detuve un instante, admirando la belleza de ese espacio tiempo, viendo las cestas de mimbre, imaginando a los salineros de siglos atrás recolectando esa sal bajo el intenso sol del mediodía, como estaba ahora, en su cenit, descargando sus rayos sobre todos aquellos que bajo él se encontraban.

La magia estaba por todas partes, se mirara para donde se mirara, ella aparecía, se lucía, reía, cantaba, con las risas y los cantos y las historias de aquellos que dejaron su vida ahí, entre la sal, en ese proceso hechizante de volver al agua sólida, de transformarla en pequeños diamantes, como hábiles alquimistas de la naturaleza.

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A medida que nos adentrábamos más, el aroma salino, fresco y que revitalizaba nos envolvía, se podía escuchar el canto de los pájaros a lo lejos, y los que no podían faltar cuando uno llega al «paraíso», los pequeñitos vampiros, los zancudos que estaban en su apogeo, sangre nueva había llegado, había que aprovecharla. Por otro lado, no permitían que me detuviera.

Los destellos dorados se mezclaban con el blanco puro, en las diferentes piletas creando un paisaje etéreo que parecía sacado de un sueño. Era como si la tierra misma estuviera viva, contando su historia a través de los reflejos y sombras de un paisaje ensoñado.

Parecía que cada piscina contenía un fragmento del sol, mientras él calentaba las piletas para que el fluido se evaporara atrapando en cada grano que se formaba esa la luz que le regalaba.

*

*

Mientras continuaba mi camino, me di cuenta de que estas salinas eran más que un paisaje, eran una vasija de tiempos, un lugar donde el pasado y el presente se entrelazaban. Y así, con cada paso que daba, me sentía más conectado a la esencia de la tierra, como si las vivencias de aquellos que me precedieron también fluyeran a través de mí, guiándome en mi propia travesía por este mundo lleno de maravillas.

*

*

Seguíamos y seguíamos y las piletas no se acababan, aparecían, nos rodeaban, nos llevaban a esa carretera que nos aguardaba.

La sombra se reflejó teñida con el color de esas aguas, en ellas se imaginó que por momentos las surcaba, siendo su cayado el remo con el cual se deslizaba y fluía, fluía aprendiendo como hacerlo en la vida.

*

*

Estaba en ese espacio de conexión entre el ser y la naturaleza, un lugar vivo, lleno de historias, que se abren a aquellos que tienen un momento de quietud para escucharlas, vivirlas y junto a ello, rememorar su propia existencia. 

Ya llegábamos al punto de encuentro, el último tramo, atravesarlo y desembocar en ese letrero tan familiar después de tanto tiempo circulando por esa carretera:

» CONCEDA CAMBIO DE LUCES.

SE VENDE SAL».

*

*

Estábamos en ella y al mismo tiempo como si nos hubiéramos sincronizado, llegaba la camioneta a recogernos

MÉXICO

FEBRERO 2025

***

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10 comentarios en “CUTHÁ: DE LA TUMBA A LAS SALINAS

  1. Qué maravilla de viaje, Themis, esa inmersión en un paisaje que no solo es tierra y sal, sino memoria y tiempo detenido. Leerlo es casi sentir el crujir de los cristales bajo los pies, la brisa cargada de historias antiguas y la luz danzando sobre las aguas. Un recorrido que no solo es físico, sino también un tránsito interior, un encuentro con lo que fue y con lo que aún sigue vibrando en cada grano de sal.
    Me ha encantado, un fuerte abrazo y perdona que en otras ocasiones pensé que eras un chico, hoy leyendo comentarios ya veo que no.
    🤗😘🌷

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    1. Hola Ivonne, gracias, todos los alrededores son lugares muy mágicos, enigmáticos, que guardan la esencia de lo que fue y aún sigue estando, muchas veces es como vivir en un túnel del tiempo.
      No te preocupes estoy acostumbrada que se confundan, por eso respondo sin importarme el sexo que me atribuyen, te mando un abrazo bien grande

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  2. ¡Themis! Lo de esta ocasión, dos paseos. Uno, el de las boludas (oye, me asustaste, qué bueno que no te caíste). O sea, ese maravilloso paseo en el desierto y, como sabes que voy contigo (ni remedio, tú nos llevas), yo estaba en otro siglo en realidad. Te veía transparente, como alguien en otra era que paseaba por donde yo. Ahora sí «me viajé», verdad? Bueno, es que es mágicamente maravilloso todo esto. Y el otro, fue el viaje de las reflexiones. Muchas de tus frases son objeto de una sabiduría artística. Porque la vida es arte, sin el arte no hay vida, y lo has dejado penetrar de tal manera en tu ser que ya es parte de todo lo que vives. Y como esto lo compartes, haces un relato que es especial por todo el calor humano que transmites y por la sabiduría que te está dando la vida. Incluso me planteas una visión más amplia de mi vida actual con todo esto. Ya tú me dirás si todo esto merece un café recién molido con el abrazo correspondiente. Ya, sabía que sí. O sea, dáte por abrazada.

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    1. Hola Maty, sí, las boludas estaban en su apogeo, Qué bueno que te viajaste, es lindo hacerlo dejarse fluir, es una forma de entrar en la magia, de soltarse a ella.
      Sin lugar a dudas la vida es arte y el primer arte que hay que aprender es el arte de vivir, buscar la belleza con todo lo que te encuentres, padezcas, sientas, pues siempre la hay cuando no tenemos concepciones sobre ella.
      Claro que merece un café y un abrazo y me llegó y me sentir abrazada, gracias una delicia, otro para tí, que vuele.

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  3. ¡Que buenas aventuras! Y tambien, buenas reflexiones. En esos paseos surgen muchos pensamientos, muchas consideraciones sobre las cosas. Me gusta mucho el pensar en cómo ha cambiado el mundo y que a pesar de ello, hay rastros de su pasado. Como esas salinas que evidencían el mar ancestral. También el imaginar a los indígenas trabajando las salinas resulta una imagen evocadora. Me encantó tu paseo Themis. Saludos y abrazo fuerte.

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    1. Hola Ana, hasta el día de hoy las salinas muestran ese trabajo y la forma de hacerlo de antaño, es una región que muchas veces te sumerge como por un túnel del tiempo por las costumbres que se mantienen y te llevan.
      Es algo que atrae sobre todo cuando llegas a partes de este desierto que percibes que hace muchos, muchísimos años que nadie pasa por ellas y se mantienen intactas hasta en la vibras que emanan, Abrazo grande bien grande y gracias

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  4. Sí es muy curioso, Themis. Yo vivo cerca de las Salinas de Imón, un pueblecito de Guadalajara, en España, cerca de Sigüenza, estas salinas fueron las más importantes de la Península Ibérica, te hablo de la época de los romanos y voy algunas veces a verlas, todavía tienen sal. Aunque hoy están abnadonadas, todavía tienen esos pilares y parecen un lugar muerto, como un un mar en pequeño, pero están vivas junto a su río salado. Me ha gustado mucho leerte, conocer contigo estos lugares que no conocía y que estuve tan cerca de ellos allá en Puebla, México. Gracias, amiga. Preciosas las fotos. Ya te mandaré fotos de Imón, para que veas la diferencia y a la vez el parecido en estas distancia que nos separan.

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    1. Hola Julie si mándame fotos cuando puedas para que las vea y las conozca, también tiene su río salado y no están junto al mar.
      Si, si estuviste en Puebla estabas a unas horas nada más de este lugar único con sus cactus. Te mando un abrazo super grande, que tengas una muy bonita semana pásatela muy bien

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  5. Hola, Themis, lo de las salinas, recuerdo tu otro artículo, es un milagro de la naturaleza, no hay duda. ¡Qué curioso! Estoy acostumbrada a verlas, aquí en España, al lado del mar, pero allí, en pleno desierto, con los cactus a su lado, es asombroso. Gracias por mostrarlas. Un buen descenso, menos mal que sin caídas, que tuviste.

    Un abrazo. 🙂

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    1. Hay tantas en todos los alrededores que te cruzas con ellas cuando sales al monte a caminar, lo más extraño es que está el Río Salado, justamente porque su agua viene es salobre y en muchas partes hay pozos con un agua similar. Si en el medio del territorio se encuentra la sal milenaria. Abrazo grande y gracias.

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