CUTHÁ: SALIENDO DE LA TUMBA-CUEVA

«La vida es un sueño, nada es verdad«

«Ya nada verdadero decimos aquí dador de la vida.

Sólo como un sueño, sólo

en sueño hablamos en la tierra.

Nadie habla con la verdad aquí.

Nadie habla con la verdad aquí.

Nadie, nadie, nadie, vivimos realmente aquí.»

Cantos mortuorios de la mixteca

La muerte me hablaba desde esa oscuridad sin ojos, sin mirada, sin palabras, el frío recorrió mi piel con pequeños estremecimientos que helaban mis orejas, que me inmovilizaban frente a ese miedo que recorría cada célula, como si de cada una fuera extirpando señales guardadas de tiempos longevos, donde las cuevas eran un refugio, una casa, un lugar donde permanecer muchas veces con los ojos abiertos; ese útero renovador de vida cuando la vida aun estaba, para volver a amanecerla con esa luz ámbar que mostraba que la noche ennegrecida se había retirado.

El sepulcro es ese «tecalli «cueva, que como claustro descarna los huesos en esa emulación, esa vuelta a lo oscuro, «de ahí saliste, de ese lugar en el agua, para habitar los agujeros que la piedra proveía, todo es un recordatorio de los orígenes, para saber cómo volver a ellos cuando llega la hora de iniciar el tránsito a otro plano, a reunirse con los ancestros, con esos que se fueron antes para allanar el camino a su descendencia.

*

*

Esa metamorfosis necesaria, ese consumirse en esa, la casa de piedra que como matriz vuelve a regenerar la otra «vida», un acontecimiento más del devenir, para seguir en ese viaje cósmico en donde sin excepción estamos involucrados como si fuéramos uno en el todo.

No soy el final, tampoco el principio, soy otro acaecer que une a los dos, difícil entender con la visión de este plano.

Anticípame, imagina, flotas, imagina que te meces, imagina que no luchas, imagina que aceptas, imagina que te fundes, imagina que pierdes peso, imagina que te dejas, imagina que te elevas pues eres el retoño que en tu misma carne encuentras las nutrientes para brotar en una explosión que emerge en busca de la luz nueva.

El día que mueras te convertirás en un vínculo entre los dos universos que no se separan.»

Ahí sentada en ese nicho, solo absorbía esa trasmisión sin palabras, en la negrura total, la luz no estaba, una sensación de paz profunda me fue poseyendo, a medida que una aceptación total nunca vivida con tal profundidad se iba haciendo cargo de mí, ese sentimiento ancestral a ella, que puede ser la base de muchas fobias, ese miedo al cambio o el sentir que no se ha cumplido con el destino propio, que la existencia es vacía o el no estar viviendo, estar muerto en vida y ver que la hora llega.

*

*

«Eso lleva al terror, si me anticipas……si te toco siquiera con un dedo, aunque también eso puede hacer que despiertes.»

La misma fuerza que me hizo ir para atrás, que me hizo entrar a esa cueva creada, esa misma me hizo cambiar de lugar y enfrentarme con un rayo de luz muy fuerte que venía del afuera.

*

*

Con la boca abierta por ese cambió tan abrupto como si el vislumbrarla me renaciera, tan fuerte era que cerré los ojos y dejé que el silencio me envolviera.

En esa negrura que conmigo llevaba podía escuchar un murmullo como si la pirámide respirara, un canto suave, un susurro que hablaba de la eternidad y de la fragilidad de la vida.

«Que tu corazón se enderece, aquí nadie vivirá por siempre»

Netzahualcóyotl

En ese instante se abrió un mundo ese lugar no era un monumento a los muertos, sino un espacio sagrado donde la vida y la muerte se entremezclaban en ese ciclo cósmico interminable.

Ese mismo algo, esa fuerza intangible pero siempre presente que guía si la escuchamos, si la seguimos, si con nosotros la llevamos, me hizo pararme, caminar hacia ese albor al final del túnel.

No era solo un espacio físico el que había explorado, sino sin darme cuenta también una travesía a mi propia esencia.

Esa pirámide oscura y enigmática se había vuelto el espejo de mi alma, mostrado mis miedos, mis afanes, también la búsqueda de un sentido, de un significado en este juego eterno que entre la vida y la muerte que no se separan.

El corazón latía al son de la historia, entre caracoles y tambores y cantos lejanos que pregonaban el llanto por aquellos allí enterrados, de esa forma se les lloraba con cantos y danzas, donde el rito se hacía a la medianoche si la muerte había sido en batalla y las viudas y la familia vestían con atuendos del difunto y danzaban todos hasta el cansancio, inundados por el dolor, entre gritos y aullidos que se mezclaban con el ritmo atronador de los tambores y el sonido de los caracoles y las más hermosas elaboraciones poéticas , en un gran caos de música, versos, afectos, que expresaban el poder desgarrador de la muerte para aquellos que quedan y se rompía con ello el límite de la conciencia.

*

*

Entre fogatas que los iluminaban con esas llamas que revoloteaban también al ritmo de esos huehuetl que sonaban y ese grito doloroso que me hizo regresar a un episodio vivido entre los mayas, donde la dueña de la casa donde paraba, había recibido la noticia de la muerte inesperada de su hermana que habitaba otro pueblo más adentro en las cañadas. Ella había mandado mensajero para que fuera a verla, más ella dejaba para mañana, su esposo había dado permiso para que fuera, su hija iría a hacerse cargo de la casa, nada faltaría solo la voluntad de ella de ir. Un día pasaba, otro día, él le dijo, «ve por algo te llama, es una señal».

Los días pasaron ella no fue. Llegó de vuelta el mensajero entró en la cocina donde ella estaba, al momento salió de ella soltándose el pelo que lo traía atado en una larga trenza y lo tendió hacia su cara y en el gran patio de piso de tierra lanzó un grito desesperado, nacido de muy adentro, y entre grito y grito golpeaba sus manos en el muslos y sus pies en la tierra como en una danza, que duró mucho tiempo, lloraba, suplicaba, se culpaba, gemía, aullaba, se calmaba por instante, para regresar luego.

La catarsis mortuoria, esa práctica tanatomística que a través de esa danza, de esos gestos, de ese llanto, de esos cantos ayudan a drenar el dolor que emponzoña al ser, con  esa ebriedad en que lo sumerge, donde se funde la expresión con la tristeza que encierra al alma.

Para al final aceptar que el ser del difunto seguirá viviendo en ese canto que se evocaba, pues su alma perduraría siempre en el recuerdo que de ellos se guardaba.

Lo suelta, lo deja irse, pues también sabe que la muerte es algo natural, a la cual hay que respetar, ofrendar, no temer y aceptar.

*

*

Me paré frente a esa luz y empecé a caminar hacia ella, con un corazón rebosante, con ese encuentro, lleno de bondad y gratitud pues descubrí que no solo había sido un viaje al pasado, sino hacia a mi futuro, me recordaba que en esa búsqueda de la verdad siempre aparece la luz en la obscuridad.

Así con paso lento, firme, fui saliendo para encontrarme con una imagen muy mundana, estaban preparando la mesa para el desayuno.

*

*

Era hora de dejar el ayuno, de tomar fuerzas, para iniciar el descenso y sin esperar nada, me uní a ellos a compartir los alimentos, que sabían a dioses, a delicias, entre historias, risas y una piedra que me pusieron delante donde un corazón estaba dibujado en ella.

*

*

«No te lamentes mi corazón.

Ya no hagas nada.

 En verdad difícilmente

uno existe en la tierra.»

«La vida es un sueño, nada es verdad»

CONTINUARÁ…

MÉXICO

FEBRERO 2024

***

Agradezco fotos tomadas de internet

*

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12 comentarios en “CUTHÁ: SALIENDO DE LA TUMBA-CUEVA

  1. ¡Hola Themis!

    Este texto no se lee, se atraviesa. Como quien cruza un umbral entre planos. Hay algo telúrico en la forma en que lo narras, Themis, como si cada palabra estuviera templada en obsidiana y memoria ancestral.

    Me ha dejado esa sensación extraña y poderosa de haber descendido contigo a esa cueva sin nombre, y salir de allí con la respiración entrecortada, como quien ha visto su reflejo en la piedra húmeda y ha comprendido que la vida y la muerte no son opuestos, sino cómplices.

    Gracias por este viaje íntimo y cósmico.
    ¡Un fuerte abrazo!

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    1. Hola Tarkion, sin lugar a dudas descendiste y llegaste a ese `punto tan enigmático de esa pareja que viaja junta y que las dos son grandes maestras.
      Los ancestros están por todas partes, los sientes, sientes su presencia, sobre todo en muchos espacios. como esta tumba en este cerro tan especial.
      En esos parajes fluyes, si no te resistes viajas de otra manera, en esos viajes que te fundes, te disuelves en el espacio tiempo vas y vienes por él y el pasado y el futuro se presentan en el instante en el que te encuentras.
      Gracias por tus palabras, abrazo más que grande

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  2. Hola, Themis, ¡vaya! Qué reflexión más íntima y profunda, llena de sentimientos encontrados y después la paz y esa luz que surge a través de la abertura, ¡qué místico todo! Creo que, como me has dicho en algún comentario, difícil contar con palabras lo que viviste, aunque lo has hecho muy bien con esta reflexión, pero se nota que fueron demasiados acontecimientos íntimos vividos.

    Un abrazo. 🙂

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  3. Parece un lugar que anticipa tomar con naturalidad el estado de tránsito hacia la nada, cada cual leerá un texto distinto según el ánimo le de a entender esa experiencia. Tu presentación, ha sido muy hermosa y sincera. Gracia Themis. Un abrazo.

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    1. Gracias, si, fue mi viaje, tal vez haya muchos que no les diga nada, al contrario, que piensen subir toda este cerro para ver esto, más si pensaban encontrarse con una zona arqueológica descomunal. Te mando un abrazo grande y feliz fin de semana

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    1. Hola Eva, fue una gran caminata hasta llegar hasta esa tumba piramidal, el estar un muy buen rato dentro, ese viaje y ese descanso que fue después de un ascenso muy largo y con algunos obstáculos. Gracias, abrazo más grande

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    1. Gracias Julie, un lugar que guarda mucho y una cultura también con ritos muy impactantes sobre la muerte, toda la forma de velación, donde la catarsis era imprescindible, y no guardar el dolor con uno, sino liberarlo y evitar que envenene al cuerpo y al ser de los que quedan. Los cantos mortuorios eran verdaderas poesías para el difunto, por eso en ellos se guardaba el recuerdo y con ello se lo llevaba con uno. Te mando un abrazo super grande y que tengas una semana maravillosa

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      1. Es un escrito profundamente poético, introspectiva y cargada de simbolismo, que explora la relación entre la vida, la muerte y la trascendencia a través de una experiencia casi mística. El lenguaje es uno de los puntos más fuertes. Frases como «el frío recorrió mi piel con pequeños estremecimientos que helaban mis orejas» o «un murmullo como si la pirámide respirara» crean una atmósfera vívida y envolvente. El uso de imágenes sensoriales (oscuridad, luz, tambores, caracoles) transporta al lector a un espacio limítrofe entre lo físico y lo espiritual, lo que lo hace profundamente evocador.

        Me parece admirable cómo transformas el concepto de la muerte de algo temido a algo sagrado y natural. La metáfora de la cueva como útero, el sepulcro como «tecalli» (casa de piedra) y la idea de una metamorfosis cósmica reflejan una cosmovisión ancestral, posiblemente inspirada en culturas mesoamericanas, donde la muerte es un tránsito, un regreso a los orígenes y una renovación. Esto se refuerza con citas como la de Netzahualcóyotl: «Que tu corazón se enderece, aquí nadie vivirá por siempre».

        El relato alterna entre la experiencia personal y reflexiones más amplias sobre la existencia humana. La invitación a «imaginar» (flotar, fundirse, elevarse) es un recurso poderoso que no solo describe el proceso de aceptación de la muerte, sino que también interpela al lector, haciéndolo partícipe de esa transformación. Este enfoque introspectivo conecta lo individual con lo colectivo, lo terrenal con lo cósmico.

        Uno de los aspectos más interesantes es cómo entrelazas lo trascendental con lo terrenal. La experiencia mística en la pirámide culmina en un desayuno compartido, un acto simple pero lleno de significado: la vida sigue, y la muerte no es un abismo, sino parte de un continuo. Esta yuxtaposición de lo sagrado y lo mundano (el corazón dibujado en la piedra, las risas entre los alimentos) le da al relato una calidez humana que contrasta con su tono inicialmente sombrío

        La descripción de los ritos mortuorios, como la danza de la mujer maya o los cantos acompañados de tambores y caracoles, es sobrecogedora. Estos pasajes muestran cómo las culturas ancestrales canalizan el dolor a través del arte y el cuerpo, transformando la pérdida en algo que trasciende. La «catarsis mortuoria» que describe el texto no solo es un mecanismo de duelo, sino también una afirmación de la permanencia del alma en el recuerdo colectivo.

        En resumen, este prosa poética es una meditación bellamente escrita sobre la muerte como parte esencial de la vida, impregnada de una sensibilidad poética y una conexión profunda con lo ancestral. Su fuerza radica en su capacidad para transformar el miedo en aceptación y en su habilidad para entrelazar lo místico con lo cotidiano.

        Magistral, sin más.

        Saludos, Themis.

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      2. Hola Marcos, que hermosamente bello es la forma en que describes y hablas e interpretas esta parte del viaje. Has llegado al meollo, a encontrarte con esa transición entre un plano y el otro que en última son lo mismo.
        Sin lugar a dudas lo ancestral de las culturas mesoamerivanas está en ello, México te lo trasmite, te lo muestra, si viajas por esos senderos, si te dejas absorver por su parte mágica, pues los caracoles, los tambores, la danza, la tienes junto a tí, claro, no mortuoria, sino con otros significados, pero esos son sonidos que están por todas la regiones, Ese llanto de aquella mujer, todo ese duelo lo hizo frente a mí, ahí estaba, sintiendo viviendolo y sobre todo, viendo lo que sucedió después de él, su alma quedó en paz, fusionó se podría decir a su hermana.
        Ese sentir del salir y que estuvieran preparando el desayuno, algo tan mundano dio una claridad a todo lo vivido indescriptible, al igual que la llegada de la piedra con el corazón.
        Gracias Marcos, un gusto leerte. Abrazo

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