CUTHÁ: CRUZANDO EL UMBRAL

 LA TUMBA

Parada de nuevo en esa entrada, mirando ese cactus que a través de un mínimo detalle parecía que me hablaba y me llevaba hacia esos orígenes descarnados, él lo hace a través de sus espinas punzantes y dolorosas y también de la belleza como la que esa planta que tenía a su lado regala en esas flores blancas y tiernas con las que se engalana en cada primavera, mediante contrastes el desierto trasmite sus enseñanzas.

*

*

Una de esas espinas llamó a mi atención y le mostró su cara, la cual me provocó un escalofrío como si la muerte hubiera recorrido mi cuerpo, por allí andaba, por ahí daba sus vueltas como ráfaga.

 Recordé esas dos cabezas que se habían encontrado en ese templo de Xipe Tótec, «nuestro Señor el Desollado», ese dios venerado por estos parajes. Eran miradas similares.

*

*

Sus ojos negros, oscuros, pequeños y profundos, parecían brillar con una sabiduría antigua, y su boca, se movía lentamente, como si cada palabra que pronunciara fuera el eco de un tiempo olvidado.

No podía apartar la mirada, atrapada por la extraña conexión que sentía con esa entidad espinosa. La atmósfera a mi alrededor se tornó tupida, como si el mundo se hubiera detenido y solo existiéramos nosotras dos en ese instante, encerradas por una capa aislante.

Una pregunta nació, como si saliera de esa voz y retumbó como gong en mi cerebro.

-¿Tienes miedo?

Para luego seguir una afirmación

– Tienes un miedo que no has enfrentado en su totalidad, es ancestral

La oscuridad de esos ojos subterráneos, me remontó a aquellos instantes donde ese era el miedo atormentador de mi infancia, si, sin lugar a dudas, miedo atávico, unido además al encierro, las sombras.

*

*

Esas espinas que me hablaban que me decían que ellas eran parte de ese cactus, como los miedos eran parte de mí, más allá de que todo es hermoso y hay que encontrar la belleza en  lo que sea, descubrirla.

Como si siguiera hablando en ese idioma de trasmisión instantánea sin que mediara el uso de la razón ni el entendimiento, sino una absorción que iba a la médula, directo a donde tenía que llegar.

-Enfréntalos, primero aceptándolos, no son enemigos sino maestros que se disfrazan, así como cada espina que se clava es una oportunidad para crecer y alcanzar la serenidad, que es a donde hay que estar cuando te llegue el momento de trascender.

Ya lo sabes la vida son espinas, acompañadas de flores. Devela los misterios escondidos.

Sin pensarlo un instante, agradecí, pedí el permiso a esa cueva creada para que me dejara entrar, los pasos se sucedían como si fueran llevados por esa fuerza magistral que había percibido en el afuera. La oscuridad me absorbía, me sentía tragada por ella, en ese mínimo recorrido para llegar a la cámara principal.

*

*

Al cruzar el umbral, la luz del exterior se desvaneció, y mis ojos se adaptaron lentamente a la penumbra, caminé unos pasos, por un túnel corto y angosto, no muy alto que llevaba directamente a la bóveda central.

A medida que avanzaba, el silencio se hacía más insondable, pero no era un silencio vacío; era un silencio que se manifestaba de una manera reverencial, como si a través de él hablara sin voz la esencia del espacio.

Escuchaba los latidos de mi corazón que se acompasaban con los de la tierra, logrando un ritmo al cual iba entrando todo mi ser. Había algo de siniestro y de atrayente en el entorno.

Cada vez más resplandecían las sombras en ese pasillo, llegué al quicio de la no puerta que me obligó a agacharme en señal de humildad ante lo grande y poderoso de lo que ese lugar guardaba.

Había que bajar unos escalones primitivos para llegar a ella, a esa cripta que ocupaba la parte central de la pirámide, cuatro aberturas, cada una orientada a un punto cardinal la conformaba, detrás de ellas, salvo en esa entrada se encontraban los nichos.

*

*

Se sentía el lugar encerrado, el aroma a tierra húmeda centenaria aumentaba más la sensación de claustrofobia que se quiso hacer cargo del instante, soltar a la ansiedad, liberarla del control dentro mío, como todas esas fobias que habían en gran parte acompañado mi camino en la vida.

Recordé a la espina de ojos grandes que por momentos se me había presentado como una calavera con esos cuencos sin globo ocular.

«El miedo es un maestro con disfraz». Acéptalo.

El espacio era tan diminuto y oscuro que me sentí casi tocando la pared que tenía enfrente, no llevaba linterna ni nada con que alumbrarme.

Algo me hizo voltear y agacharme y ahí apareció la luz en la entrada, allá estaban mis compañeros de aventuras, en la plática y coronados por un cactus en un fondo de cielo cerúleo, se me hacían en otra galaxia.

*

*

Lo mismo que hizo que girara me llevó a sentarme en uno de los nichos, donde lo negro se acrecentaba.  Ahí me quedé, el lugar era pequeño, cargado de una energía que vibraba en cada una de las piedras, sentí que las paredes frías y rugosas me acogían en sus brazos ancianos, me iban envolviendo en un rebozo de paz que aquietaba mi mente, entré en otra frecuencia mientras el aire denso y perfumado aromatizaba el ambiente.

La penumbra se volvió un refugio, la muerte estaba presente, el tiempo se desvaneció, mis pensamientos fluían por un riachuelo cantarino que me hizo olvidar que el mundo existía y una voz misteriosa repetía.

-Encuentra la belleza en mí y la hallarás en tí…

CONTINUARÁ..

MÉXICO

FEBRERO 2025

***

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19 comentarios en “CUTHÁ: CRUZANDO EL UMBRAL

  1. Un texto profundamente simbólico y envolvente, donde el desierto se vuelve umbral y el miedo, maestro. La imagen del cactus como espejo interior es poderosa: espina y flor, herida y revelación. La narración avanza como un rito de paso, con una atmósfera que se siente en el cuerpo y conduce a una verdad íntima: solo al atravesar la oscuridad se accede a la belleza que habita dentro.

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      1. Toda la razón Lincol, te mueven mucho internamente, más cuando son espacios poco transitados por el ser humano, son muy pocos los que llegan, el camino es arduo, y el desierto siempre guarda sus mensajes dentro de su silencio y su aridez. Abrazo bien grande y gracias

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  2. Es un relato que me ha gustado mucho. Es introspectivo, poético y cargado de simbolismo. Explora temas profundos como el miedo, la aceptación y la trascendencia a través de una experiencia mística en un entorno ancestral. El texto tiene una atmósfera densa y envolvente y su estilo evocador logra transmitir una conexión visceral entre tu y el espacio que describes.

    El inicio es hipnótico: la imagen del cactus con sus espinas punzantes y las flores blancas establece un contraste entre dolor y belleza que marca el tono del relato. Me gusta cómo el cactus se convierte en una especie de guía espiritual, “hablando” a través de sus espinas y provocando un escalofrío que vincula a la narradora con la muerte y los orígenes. La referencia a Xipe Tótec, “nuestro Señor el Desollado”, añade un trasfondo cultural prehispánico que enriquece la narrativa y le da un aire de misterio ancestral.

    La interacción con la entidad espinosa —con sus “ojos negros, oscuros, pequeños y profundos”— es fascinante. La pregunta “¿Tienes miedo?” y la afirmación “Tienes un miedo que no has enfrentado en su totalidad, es ancestral” me resonaron profundamente. Este diálogo interno (o sobrenatural) transforma el relato en una reflexión psicológica sobre los temores atávicos, como el encierro y las sombras, que llevas contigo desde la infancia. La idea de que los miedos son “maestros disfrazados” es poderosa y está bellamente expresada.

    La descripción del descenso a la tumba es uno de los puntos más fuertes. El túnel angosto, el silencio reverencial, los latidos del corazón acompasados con la tierra: todo crea una atmósfera inmersiva que mezcla lo siniestro con lo sagrado. Me encanta cómo el acto de agacharse para entrar en la cripta se presenta como un gesto de humildad, y la sensación de claustrofobia que lucha por dominar a la narradora refleja su conflicto interno de forma palpable.

    El momento en el nicho, donde la penumbra se convierte en refugio y las paredes frías te envuelven “en un rebozo de paz”, es sublime. La transformación del miedo en serenidad, acompañada por la voz misteriosa que dice “Encuentra la belleza en mí y la hallarás en ti”, es un clímax emocional que eleva el relato a un nivel espiritual. La imagen del “riachuelo cantarino” que hace olvidar el mundo es poética y tranquilizadora, dejando una sensación de trascendencia.

    En términos generales, el estilo es lírico y sensorial, con frases largas y cargadas de imágenes que a veces rozan lo onírico. La narración en primera persona hace que la experiencia se sienta íntima, como si estuviéramos dentro de la mente de la protagonista. El uso de elementos naturales (cactus, espinas, tierra húmeda) y culturales (Xipe Tótec, la pirámide) teje una conexión entre el paisaje y el alma de la narradora, lo que me parece brillante.

    Me dejó con ganas de saber más sobre los “compañeros de aventuras” al final, que aparecen brevemente. El “Continuará” sugiere que hay más por explorar, lo que es emocionante pero deja la historia en suspenso.

    En resumen, me ha gustado mucho por su profundidad emocional, su atmósfera mística y su capacidad de transformar una tumba en un espacio de autodescubrimiento. Es un texto que invita a releerlo para saborear sus capas de significado. Me ha dejado intrigado y conmovido, preguntándome qué vendrá después.

    Te felicito.

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    1. Hola Marcos, qué gran comentario me has dejado, con el puedo ver claramente como llego a los lectores, cuales son los puntos que atraen, la atmósfera que hay que alcanzar.
      Es que cada día, cada caminata se está volviendo un descubrimiento además de una aventura, de un ejercicio y sobre todo de conocer y meterme en lugares poco visitados de este desierto de cactáceas que son entidades muy pero muy especiales.
      Parecen algunas de ellas venidas de otra parte como esos cactus columnares que solo aqui crecieron y se expandieron por cientos de hectáreas, muchas veces puedes sentir como vibran, ese hablar sin transmisión, sin embargo algo se abre en uno. Distintas formas de comunicación.
      Sobre los compañeros de aventuras no hablo pues en cierta forma no tengo su permiso y si vez la más de las veces salen de espalda.
      Aún quedan como dos o tres capítulos,
      Mil gracias por tus palabras, me gusta mucho learlas y abrirme a sentirlas para aprender como llevar mis narraciones.
      Abrazo ultra grande…..

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