RUMBO A LA CAPILLA ENTERRADA

UN MISTERIO EN EL DESIERTO

Había amanecido con un frio congelante, dejando que un gélido aire atravesará la noche que se regodeaba con un cielo límpido, lleno de puntitos de luz donde había relucido la Estrella de Belén.

Le había dado un toque muy especial a esta Navidad del 24, donde ese misterio de la antigüedad, ese fenómeno que el cielo regaló y que hizo que los Reyes Magos emprendieran el camino en busca de un sueño, de un llamado en pos de ese pequeño Niño Dios que estaba por nacer.

Saturno y Júpiter se alinearon y mostraron una gran intensidad de luminosidad, para otros había sido en aquella época, una Venus radiante que hacía gala de su máximo esplendor, una super nova dicen algunos estudiosos del firmamento o acaso, ¿un cometa?, más allá de lo que fuera, hermoso espectáculo regaló el Cielo, en donde dejaba librado a la imaginación lo que pudo ser aquel camino que esos Reyes habían principiado, al encuentro del mesías siguiéndola a ella, fuera cual fuera el fenómeno que lo había ocasionado.

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FOTO TOMADA DE INTERNET

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Me levanté y me fui a preparar un delicioso aromático, mientras lo hacía disfrutaba el lienzo negro agujereado, ahí también andaba Marte mostrando su toque rojizo.

Había llegado el día de ir a buscar un lugar, que desde que había conocido a la región quería saber de él, había llamado mi atención más que otros, que también están escondidos en este desierto lleno de enigmas, era: la Capilla Enterrada.

Rumbo a la carretera partimos, había que tomar un camioncito que nos acercaría, para luego bajar, bajar cerro, camino a donde se encontraba.

Aún las focos del alumbrado no se habían apagado, las lucecitas en las casas daban su tintineo con un calor que alegraban al corazón, se veían hermosas, un pequeño detalle, no hacía falta más para mostrar el espíritu que se asomaba tras ello.

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También pasaríamos por donde se encuentran la mayor parte de las salinas, esos espacios donde se extrae la sal milenaria, que las entrañas de la tierra guardan y se sigue trabajando a la forma prehispánica, como si el tiempo se hubiera detenido en ellas.

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Descendimos en el paraje donde está la fábrica de bloques en el medio de la nada, desde ahí principiamos la bajada, al principio nada abrupta, como quien dijera decente, no hacia alarde de algo especial, sin embargo en cada curva que tomábamos se nos abría ese paisaje de cerros hechizantes en un amanecer que despuntaba, lleno de cactus columnares, que como presencias misteriosas observaban nuestro paso, se les vibraba.

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Serpenteando íbamos deslizándonos, en un silencio que a cada paso se cernía más sobre nuestras existencias, un mutismo profundo, donde ni siquiera algún personaje de los alrededores se atrevía a perturbar, ni el sonido de los habitantes nocturnos que se retiraban o de los diurnos que emprendían su día, ni los pájaros con sus alabanzas.

La luz cada vez se hacía más clara, el día abría y perdidas en un punto dentro de la inmensidad se veía muy a lo lejos una salina.

-Hay que bajar hasta allá y pasarla      

Seguimos, seguimos, mientras que frente a nuestros ojos se iban destapando vestigios de otras épocas.

Una ruina de una casa de piedras como la que construían los antiguos pobladores estaba a la vera del sendero.

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Frente a ella en la pared de una pequeña cueva, que tal vez en el pasado había sido el cobijo de los caminantes o de algún necesitado, se erguía un cactus columnar, creciendo en la piedra. Me maravilla el ver como la vida no se detiene y aprovecha cualquier pequeño espacio en donde pueda desplegarse, crecía con una resolución y un orgullo, bien nutrido con toda esa lluvia con la que la temporada lo había bendecido. Se veía agradecido, rodeado de pequeñas florecillas blancas, delicadas, etéreas que lo acompañaban.

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De repente, en una de las vueltas saliendo de las sombras, los rayos de sol dorados bañaban una parte de la falda, una luz hermosa se asomaba y con ello entregaba la claridad para apreciar con ojos nuevos a ese amanecer que provocaba a vivir el día con toda la intensidad pacífica que traía.

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Un grupo de salinas se veían ahí abajo, cercanas si se fuera volando o recto, pero bordear el cerro mostraba otra realidad a ser seguida, culebreando había que hacerlo, no quedaba de otra.

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Desde que descendíamos a lo lejos se veía un montículo con una cruz en la cima.

Tal vez, fue algún espacio sagrado en la cultura prehispánica que luego fue convertido en calvario, donde los salineros se reúnen para celebrar a la Santa Cruz, cada 3 de mayo.

Cuando llegamos a él después de un muy buen rato de caminata, una escalera invitaba a ser subida para llegar a lo alto.

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Sin dudarlo un instante emprendimos el ascenso, por unos peldaños de piedras rodeados de cactus como es la norma en ese entorno que se nos descubría.

CONTINUARÁ…

MÉXICO

DICIEMBRE 2024

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Agradezco foto tomada de internet

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14 comentarios en “RUMBO A LA CAPILLA ENTERRADA

    1. Hola Carlos, que gustazo saber de tí y que andes de paseo por el blog, te adelanto un poquito, si tiene un final feliz y muy movido, condimentos un gran encuentro, sobre todo por lo delirante, un sabroso desayuno para ese hambre que ya desbordaba y luego condimentado con un poco de sobresalto y algo inesperado que compartiendo la comida pudo ser solucionado. Abrazo grande, super inmenso

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  1. Un relato cautivador que nos lleva al desierto, donde cada paisaje y cada paso parecen guardar un misterio. La belleza de la naturaleza y la quietud del entorno invitan a reflexionar sobre la vida, mientras un amanecer lleno de luz guía el camino hacia lo desconocido. Un viaje lleno de paz y asombro.
    Me gustó mucho, Themis.
    Un abrazo 🤗 🌷

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    1. Gracias, el desierto es un lugar muy especial pues guarda en él muchos enigmas, que se van develando a medida que se va abriendo y conociendo. Es profundo, el silencio y la quietud son parte de él, aquí es muy especial es único en el mundo, habitado por los cactus columnares que te rodean por miles y guardan grandes conocimientos. Abrazo grande

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