CRÓNICAS DESDE EL PATIO: LOS MORADORES DEL TECHO

LOS NUEVOS ACONTECERES

Hace tanto que no escribo sobre lo que ha acontecido en este patio milagroso que se han sumado muchos sucesos, ¡tantos!, que ya ni me acuerdo pues con eso que no los escribí, no los dejé en la memoria de papel estampados para luego rememorarlos, ahí se fueron y bueno, ni modo así es esto, tal vez en otro momento vengan desde el baúl de los recuerdos o tal vez ahora que los voy a recapitular salgan algunos hilados a los recordados.

Fue una mañana cálida, eso si me acuerdo, cuando el gallo cantaba todavía a la obscuridad, pidiendo a la aurora que se asomara, así ya dejaba su labor de despertador y se dedicaba a cuidar a su séquito de hermosas gallinitas, que en unos momentos más serían liberadas para que con serenidad, fueran recorriendo el terreno buscando sus sagrados alimentos.

Una leve vocecita se escuchó, quedita, quedita como un murmullo que venía desde muy lejos, al instante otra más se unía, eran dos que aumentaban el sonido y la nitidez, pudo vaticinar que estaban muy pero muy cercanas, salvo que parecían recién nacidas y sin esperarlo se unió al coro una tercera.

-¡Gatitos!- le dije a mi misma, que no quería saber nada en esa mañana que no era tal, pues la madrugada ahí estaba y ella fastidiada porque el sueño se había ido y bueno, no quedaba de otra que entrarle a preparar el café antes que las lluvias que estaban en su apogeo, lanzaran los baldes de agua desde el cielo.

La luz se mostraba tímida aflorando en un firmamento que se iba mostrando abierto, hasta que al ratito nomás, el trío alado de los cantores aparecieron y desde las varillas del techo daban su concierto de agradecimiento a ese día que tan esplendoroso había amanecido.

*

*

Tal vez pidiendo que por una jornada no lloviera para que tuvieran un poco de sosiego en la búsqueda de su alimento, pues era atípica tanta agua cayendo en el desierto.

Los días pasaron y los maulladitos se fueron convirtiendo en miradas ocultas entre las ramas de las enredaderas que crecían felices, cuando en cierta forma ya habían desistido de ello y secaban por falta del baño líquido que necesitaban.

Me sentía paranoica sintiendo que era observada y por más que miraba no encontraba a nadie, ni nada que pudiera darme esa sensación.

Cuando un día, sin esperarlo de atrás del muro lindero una cabecita asomó, era uno de los gatitos, me quedó viendo con la misma intriga que yo lo observaba a él, mi boca abierta sorprendida de ver al de la mirada que me perseguía.

*

*

Ahí también me di cuenta que el maracuyá estaba floreando, dos pimpollos estaban cerca de su cabecita, grande fue el contento pues me encantan sus frutos, pero esto se los cuento en otra vuelta.

En un instante un leve movimiento de las ramitas de la enredadera dejaron al descubierto otra carita asombrada que descubría el entorno.

*

*

-Viste- le dije a mi misma- no estaba loca como decías, no había entrado en la psicosis, el mal de la época, no era mi salud mental la que estaba siendo atormentada por visiones, ilusiones o tal vez, hasta alucinaciones no tenía que entrarle al Clonazepan como me recomendabas para bajar la ansiedad y no andar por la vida delirando.

Otro día, un negrito azabache se apareció, también muy compenetrado observando ensimismado, era el tercero.

*

*

Pasaron los días y nos fuimos conociendo, les encantaba observarme en todos mis movimientos, desde diferentes ángulos y en cualquier momento del día.

Ellos se aparecían, dueños absolutos de las alturas y yo de las llanuras, cada uno desde su mirador contemplaban, no me quitaban los ojos, era como su reality show en pantalla gigante.

*

*

Poco a poco fueron saliendo y ya tomaban el sol desde distintos ángulos, hasta que un día descubrí que no eran tres, sino cuatro, apareció otro, muy pero muy chiquitito, con un ojito medio cerrado, se le veía que era el más débil de la camada y que los más grandes lo cuidaban. No lo dejaban solo, siempre había uno de sus hermanos cerca de él.

*

*

Todo iba de parabienes en nuestra relación a la distancia, ellos alegraban mis jornadas y yo les hablaba y cada vez me acercaba más, claro que desde abajo y ya no se ocultaban o salían disparados, sino que se quedaban, sobre todo cuando el Hermano Sol ardía en el cielo y ellos buscaban sombra y las enredaderas unidas les daba ese fresco cobijo.

*

*

Todos ellos se acomodaban en diferentes partes del patio, y el Güerito que ya era todo un adulto, daba constantemente sus vueltas, iba y venía, estaba alrededor de ellos, me sorprendía lo pendiente que se veía, muy responsable.

Parecía más madre que padre, pero bueno, las cosas están cambiando y eso son estereotipos y pre-conceptos que traemos en la cabeza, una de las tantas veces en su ida y venida, se detuvo y muy seriamente, aunque es un decir, pues es un tierno y por más «Señor Gato» que sea ahora, no pierde esa inocencia que lo caracteriza, se quedó un muy buen rato mirándome también, como diciéndome que ahí estaba, «por si las flies», se me ocurría hacerles algo.

*

*

-Ni padre parece ser, pues ni uno solito salió como él, unos moteados grises y negros y el otro azabache, pero padre es quien los cría -le dije a mi misma, que con un bufido contestó que dejara de meterme en la vida de ellos y no anduviera ahí de chismosa, creando historias…

CONTINUARÁ…

MÉXICO

EN LA PRIMAVERA- OTOÑO DEL 24

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4 comentarios en “CRÓNICAS DESDE EL PATIO: LOS MORADORES DEL TECHO

  1. ¡Pero en qué luna estaba yo que no había visto una crónica de este mágico patio! Y con su olor a café, y encima ¡Los bellos gatitos! Uy sí, esperaré la continuación!

    Themis, este ya lo siento «mi» patio.

    Un abrazo grandeeeeeeeee

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