UN VIVERO Y UN PANTEÓN (2)

ENTRE LA MUERTE Y LA VIDA

«…  y hoy no temo a la muerte amigo, porque ella significa descanso.»

Horacio Quiroga

Salimos del vivero, por unos momentos me quedé mirando esas biznagas que crecían en maceta, otra vida les esperaba, sin lugar a dudas no era el desierto junto a todas sus hermanas, habían nacido para recorrer otros derroteros, tal vez, fueron elegidas para robustecer su especie, para protegerla, pues cada día más el hombre hace estropicios con ellas, no solo el hacerlas pedacitos para elaborar dulces y adornar la rosca de reyes, ahora prohibido, por lo que estuvieron casi al borde de la extinción, sino además el desmonte para diferentes fines, el saqueo, eso si, si no hubiera una ley que en una parte amparara, este paisaje único ya no existiría.

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De frente las montañas relucientes con sus tonos amarillos se encendían, caminaban al ocaso, a ese instante donde la obscuridad las adormece, a su lado, los muros del panteón, ahí estaban, la muerte se aparecía de diferentes formas, tamaños y situaciones, mal emulando el humano a esa que llega y nos lleva, no por negocio, dinero o poder, pues bien sabe ella que a donde se va, eso viene sobrando, no vale nada, sino para proseguir el viaje que hasta aquí nos trajo.

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La muerte un remanso, serena y mansa, se aposentaba en ese panteón que tenía delante, en el cual iba entrando y a cada paso que daba el silencio se apoderaba, a pesar de la carretera que corría a su lado, no se sentía, como si el desierto creara un campo magnético que no dejaba pasar ningún sonido.

Sin lugar a dudas el mutismo se hace cargo y vuelca a reflexiones, en una parte como dijera Séneca, «…de la brevedad de la vida»… entre ellas que se nos hace corta porque así la volvemos nosotros mismos, por no saber aprovecharla, por perderla en cualquier ilusión que se nos presenta, por correr detrás de quimeras que se evaporan apenas se aparecen, por la pasión o las cosas materiales.

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Esa muerte que evoca las ausencias… las pérdidas… a ese corazón humano envuelto en tinieblas.

Ese silencio que aquieta las voces, que se niega a abrirse desde el adentro y a soltarse, donde los ecos se reproducen, y gritan y los fantasmas viven, lo perdido reaparece y sin estar, está, no es cierto que se ha evaporado.

Buscamos muchas veces el olvido, la resistencia que se niega a aceptar que para aquel rumbo vamos, mejor es no tenerla presente, no vaya a ser que nos enseñe a ser y con ello desconozcamos lo que creemos ser hasta ahora y nos demos cuenta de lo insignificante de nuestras vidas.

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Ya que si hay algo que al humano le merece respeto y lo para en seco, es la muerte, pues el miedo a ella, claro a la suya y a los de los que quiere, pues de todos los demás si hay que matarlos o exterminarlos o acabarlos de alguna manera, igual que a las biznagas, adelante…. no se detiene.

Tan inmerso en su egocentrismo está, que no puede ver más allá.

Era la primera vez que entraba a un cementerio en el desierto, en donde la tierra y la piedra es quien se hace cargo de su suelo, donde las tumbas en el piso están tan yermas como su alrededor, van dejando al descubierto las pocas  plantas que hay, nopales, sábilas y algún que otro árbol que por ahí crece, ni prados, ni nada verde junto a ellas que muestre que la vida existe.

¡Tan cercano está a lo inerte!.

Me detengo a observar una sombra proyectada en una pared, unas torretas se levantan, las ramas secas sin hojas de uno de los pocos árboles que se encuentran y lo que no puede faltar, las cruces y detrás, como dibujados un trébol de tres hojas y dos corazones que lo apuntan y ese Hermano Luminoso que la baña.

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Fuimos andando hasta la parte más antigua del lugar, esa que guarda los primeros recuerdos de otro siglo, bien atrás en el tiempo, donde la puerta de entrada estaba en otro lado, a un costado, aún guarda sus vestigios destruidos de lo que fue.

Las montañas ya pintadas de un rojizo luminoso estaban a su lado, los cactus, los árboles del otro lado del muro, mostrando tal vez que la vida ahí proseguía y que la muerte muchas veces invade al recuerdo de aquellos que emprendieron antes su marcha, hacia ese destino incierto que a todos nos tocara un día llegar a él y develar el misterio.

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Frente a esa puerta abandonada, donde se encuentran aquellos primeros allí enterrados, un mausoleo se levanta, sin lugar a dudas muestras un lugar de privilegio en aquellos años finales del 1800, donde alberga en su descanso final a algún ser prominente de la época y a su familia.

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Las lápidas muestran en sus inscripciones que desde el 1892 ahí yacen y otro que marca la fecha de la Revolución Mexicana, el 1912, el cementerio guarda la historia de un pueblo, a través de la muerte que puede mostrar el lugar que en la vida tuvieron.

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«Pero el asunto capital es la certeza, la seguridad incontrastable de que hay un talismán para el mucho vivir o el mucho sufrir o la constante desesperanza. Y él es el infinitamente dulce descanso del sueño a que llamamos muerte.»

Horacio Quiroga

Las cruces floridas dan ese detalle a color, algo que en todas partes en México se resalta, la muerte no tiene por qué ser obscura, se acompaña además de música, de comida, de rezos, aunque varía de región a región, en algunas es mucho más notorio que en otras. Eso sí, el color no se oculta, no es solo el negro el que amerita representarla.

Muestran que es parte de la vida, que hay que despedir a quien emprende ese viaje de otra manera, no solo con llantos, con congoja, con tristeza, más allá que se sienta mientras se elabora el duelo, sin embargo, esa certeza que acompaña de que hay una franja que divide a ambos y que en algunos momentos puede ser cruzada, eso da una esperanza que no hay un abandono total, sino a través del sentir hay un regreso.

La Guadalupe, la que no puede faltar, esa Madrecita, esa Tonantzin que nos acoge en su seno, guarece a estos dos que murieron juntos según me dijeron en una cantera, cuando una detonación explotó antes e hizo que no pudieran salir, quedando sumergidos en ella.

Juntos emprendieron su viaje y juntos permanecerán en el tiempo.

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Las cruces sembradas se extienden por todo el terreno, junto a los restos de las últimas ofrendas del día de los Santos Difuntos, esperando ser recogidas en el que viene, cuando otra vez todas luzcan en su máximo esplendor, que se adornen con flores y velas.

Los restos de un tapete de pétalos de cempaxúchitl también de aquellos momentos, están guarecidos en este mausoleo, que aún guarda esa coca cola y la calaquita de azúcar, que se dejó como ofrenda.

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Las tumbas de los angelitos, los Muertos Chiquitos, como se les llama, donde el color se hace más estridente, ese amarillo que emula la luz.

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A lo lejos se extienden piedras y tierra, tumbas y cruces, mausoleos, el silencio se une a ese Hermano Dorado que se va, que nos deja, que cumple su tiempo y regresa, una y otra vez, la noche se acerca y en la cabeza ronda aquellas palabras:

«…curiosidad un poco romántica por el fantástico viaje…»

Horacio Quiroga

Así desandando el camino, fue el regreso, al llegar y salir al patio de la casa, como mágica aparición estaba ELLA que con su sonrisa caracteristica que nos muestra que su nuevo ciclo comienza.

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y parece decir:

-Aprovecha, estás vivo. ¡Vive entonces!, no te pierdas en ensueños vanos que a nada llevan, encuentra tu felicidad adentro de tí y en el estar en afinidad con la naturaleza que te rodea…

MÉXICO

ENERO 2024

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UN VIVERO Y UN PANTEÓN (1)

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8 comentarios en “UN VIVERO Y UN PANTEÓN (2)

  1. Esto es bellísimo Themis, bello bello. La vida retratada en la forma en que la miras, la realidad hecha poesía. La verdad de la vida. ¡A vivir mientras tanto!

    Imágenes únicas, un cementerio lleno de tierra, el lugar de los muertos chiquitos, todo ese ambiente le da el realismo y estruja por lo mismo.

    Siempre disfrutando estas lecturas te dejo un inmenso abrazo. 🌹

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    1. El cementerio en el desierto es muy particular, pues como la lluvia no llega más que poquitísimas veces no hay forma de que grandes árboles se hagan cargo de él, le den sombra o que el verde sea quien lo tapice. Gracias Maty, te mando un abrazo bien grande

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  2. ¡¡Claro que sí!! Vivir cada momento como si fuera el último.
    Me ha gustado el recorrido que nos has ofrecido y las imágenes que como siempre son maravillosas.
    Al menos por aquí, poco hablamos de la muerte. Si la mencionas parece que traerá mala suerte. Y a veces es necesario hablar de ella pues siempre nos ronda, a los mayores pero también a los jóvenes.
    Abrazo grande Themis y seguimos

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    1. A vivir mientras se pueda que para eso andamos por estos lados.
      La Dientona siempre anda dando sus vueltas, marcando que las cosas no duran para siempre, una gran enseñanza, para que justo no te llegue la mala suerte sino que te prepares para ella, pero son puntos de vista, me eduqué en uno y cuando llegué a México me la vida me enseñó el otro de una forma muy drástica, para que no quedara duda. Gracias Amaia, abrazo bien grande

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  3. El silencio de esos cementerios, de esos lugares abandonados, pueblos abandonados aquí en España, me hiciste recordarlos, sentir esa desolación del abandono, incluso del olvido. Preciosas fotos, excelente reflexión, Themis. Y no, no le temo a la muerte, la Pelona, me arrebató el miedo allá en México, visitando los cementerios en Michoacán, tan distintos y tan llenos de cirios y ofrendas… Pero todo es lo mismo, silencio de los que ya se fueron y muestras de nuestra vivencia. Gracias por tu trabajo, tus fotos, tus palabras. Mi abrazo fuerte.

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    1. El día de Muertos, los cementerios en todas partes se visten de otra manera, para el recibimiento, son diferentes en muchos lugares antes de que ello suceda. En el desierto son de tierra, pues aquí todo es piedra y tierra, en su mayor parte.
      La Democrática o Pelona, es otra cosa aquí por estos lares….. gracias Julie, abrazo grande

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  4. Hola Themis, muy buena reflexión sobre la vida y la muerte. Particularmente, no me gustan nada los cementerios, no por lo que representan, sino por lo que son en sí, deberían estar estructurados de otra manera, que no se perdiera tanto terreno. Hay que darle otro enfoque al tema de la muerte y a los cementerios, aunque es difícil porque va unido a la religión, pertenece a las creencias innatas de la gente.

    Como dices en tu párrafo final: vivamos mientras podamos y disfrutemos.

    Un abrazo. 🙂

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    1. Sí, así es Merche, algún día tal vez se verán de otra forma.
      Lo importante es no desconocer el final de este viaje en el que andamos y el de prepararnos para él, viviendo el presente y abrazando lo que viene o no viene. Abrazo bien grandote y gracias

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