CIUDAD DE MÉXICO Y EL GRITO

RUMBO AL ZÓCALO

Ya había visitado la exposición, era hora de retomar el camino, ir rumbo al Zócalo a esa plancha enorme y abierta, que no siempre fue así, cuentan que antes hasta la mitad del siglo pasado era un jardín europeo construido por Maximiliano, con muchas fuentes, árboles, bancas, sin embargo se decidió vaciarlo supuestamente para que lucieran más los edificios que lo rodean y así se dejó ese gran basamento que ahora se utiliza para congregar las grandes manifestaciones de la población, conciertos, protestas, eventos artísticos y de todo tipo y el gran Grito de Independecia.

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Seguí mi camino observando lo que me rodeaba, miraba para arriba, pues había allí una serie de adornos para conmemorar la Independencia que hacían que la mirada se dirigiera hacia ellos y empecé a descubrir las tiendas que había detrás.

Me encontré con el Arte Yawi, ese que hacen los huicholes, que son unos indígenas con una cosmovisión muy especial que habitan en el norte de México, con chaquiras, estambres, tejidos que los caracterizan por sus diseños y su forma de expresión, no la visite, sin embargo, tal vez algún día, suba para verla o el Pirates Burguer, con esa imagen del Pirata Barba Negra, vendiendo hamburguesas. Me hicieron reír, buen ingenio para atraer la atención.

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Ahí apareció él, pues ella, la sombra andaba desaparecida, pienso que no le había sentado muy bien la llegada a la gran ciudad y se negaba a aparecer, pero él, el reflejo estaba a sus anchas, por doquier se hacia notar, con tantos vidrios que lo mostraban e insistentemente insistía, quería su foto, ni modo, había que frenar la insistencia no fuera a ser que se traumara y quién sabe qué revolución podría ocasionarle al ego.

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¡Al fin!, el Zócalo apareció frente a mí, el sol estaba quemante más cuando se pegaba en ese vacío que como plataforma calentaba sin ningún impedimento, decidí caminar por la sombra, alejarme de esos rayos tan hirientes.

La bandera ondeaba en su asta, algunas personas se congregaban para ver el ensayo de los eventos que se realizarían al otro día que se trasmitían por una gran pantalla, lo que nunca falta las danzas folklóricas de las diferentes regiones, los cantos.

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Seguí mi camino en busca de la luminaria, que evocaba a la parte prehispánica del país, el Calendario Azteca o Piedra del Sol, que es un disco enorme macizo, con el cual los mexicas mantenían el sentido cíclico del tiempo.

En los edificios aledaños las pirámides, la Serpiente Emplumada y otros símbolos de los habitantes autóctonos de estas tierras.

Solo pude imaginarme cómo lucirían prendidos, pues se veían hermosos.

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Di la vuelta para ir por los pasillos obscuros que hay alrededor de la gran plaza y cobijarme de ese Tonatiuh extenuante, muchas personas circulaban por ellos, sin prestar mucha atención a lo que ahí sucedía, prendidos de sus teléfonos, sin ni siquiera poder subir sus ojos a otra cosa que no fuera ese «encierro» voluntario, otros con muchas prisa, caminaban rápido sin detenimiento, alejados de todo lo que allí acontecía, salvo los turistas que proliferaban y ya habían entrado al festejo por el cual habían llegado a la ciudad.

De repente me encontré detrás del gran escenario donde se ensayaba el gran espectáculo, un grupo de jóvenes se encontraban en él de espaldas, me llamó la atención ese detalle verde que se veía a un costado, sin lugar a dudas la ciudad reverdecía.

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Era hora del regreso, ya el cansancio, la hora, la falta de aire, el tumulto, decía que había que ir a descansar, paso a paso, sin prisas, me dirigí rumbo al Metro, me detuve unos momentos a ver esos vestidos tan característicos de México que cambian para cada celebración y que aquí mostraban los colores de la bandera, para lucirse en esa Noche Mexicana que se acercaba, eso sí del verde había variación para todos los gustos.

Me sacó una gran sonrisa.

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Para volver a asombrarme, el verde cruzaba las calles, eran árboles longevos sin lugar a dudas que estaban reverdecidos, con muchas hojas nuevas, que lucían con sus colores brillantes, bañadas por esa lluvia dadivosa que caía todas las tardes.

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Subí al vagón en un ¡TRIS!, una integrante de la generación Z se paró y me cedió el asiento, jóvenes que tienen de alguna forma conciencia, que están valorando la vida tal vez de otra manera, aunque ejercen sus actos sin salirse de sus pantallitas que como extensión de su esquema corporal ya asimilan, preparando a las futuras generaciones para el encuentro con la inteligencia artificial, que ya los llevará por un mundo simuladamente creado, que para nada será el verdadero, sin embargo creerán que si, al cual lo tendrán insertado en su cuerpo, sin necesidad de cargarlo siquiera.

Ya había llegado, tomé la calle arbolada que me conducía a la casa, otra vez surgió él, quería una foto con ese fondo verde que lo rodeaba, ni modo, un ¡CLICK!, y seguir la marcha, por lo menos era uno y no los dos disputándose el instante, ella seguía sin aparecer.

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Tomé de nuevo ese pasadizo verde, ese que cubre todas las vibras y limpia de energías cargadas,  sentirse por unos momentos sumergido en un pedacito de naturaleza.

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Cuando de repente otra sorpresa, todos los arbolitos tenían bebederos para los pequeños alados, que volaban divertidos dentro y picoteaban por todas partes miguitas que alguien tuvo el cuidado de llevárselas, acordándose de esa vida que había que fomentar.

Pensando, en esos pequeños cambios que estaba vivenciando en este gran monstruo que no detiene su crecimiento, que con pequeñas acciones que no acaban con la totalidad del fenómeno de contaminación al que están sometidos, colaboran con ese pequeño granito de arena, que cuando se van sumando se va volviendo una playa.

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Ejemplos para ser emulados, que nacen del corazón abierto a compartir con otros, para que se vayan extendiendo por todas partes, para que cada día sean más los que logren poner ese pedacito minúsculo enfocado hacia un cambio de actitud y de esa manera otros se contagien y seamos todos los encargados de revertir ese fenómeno del cambio climático, de la contaminación, de las guerras, del exterminio que en última instancia redituará en el «acabose» de nosotros mismos o de nuestras descendencia.

Me vino la canción de Fito Paez, esa que dice:

«Y hablo de países y de esperanzas
Hablo por la vida, hablo por la nada
Hablo de cambiar esta, nuestra casa
De cambiarla, por cambiar nomás»

¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón»

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MÉXICO

SEPTIEMBRE 2023

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LA CAPITAL DEL IMPERIO Y KAFKA

LA CAPITAL DEL IMPERIO: MÉXICO

BIOMBOS Y CASTAS

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RINCONES URBANOS: LA CALLE REGINA, CIUDAD DE MÉXICO

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13 comentarios en “CIUDAD DE MÉXICO Y EL GRITO

  1. Gracias Themis, tienes razón, parece que la inteligencia se acabará refugiando en el obscuro reflejo de un paraíso sin sombras. ¿Será que sólo en el nuevo mundo artificial cabrán todos los sueños de casi todos? Un abrazo.

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    1. Si, esa canción es hermosa muy sentida, la escribió cuando un loco conocido por envidia entró a casa de su abuela y la mató al igual que a una de sus tías, muy terrible.
      Llega al corazón realmente y en el sur se volvió en una época un ícono para lucha por la paz y la no violencia, por el cuidado de la tierra, Gracias Maty abrazo inmenso

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  2. Ay Themissss! Otro paseo entrañable. Y con la canción, trataste. Las fotos me hicieron sentir hasta los rayos del Sol, el bañito de conocimiento con la anécdota de Maximiliano. El ensayo!!! Ahhh qué gran día NOS tocó!
    Niña, algo pasa cuando te leo que me emociono. Si logras eso, ya sabes, verdad? No necesito decirte más.

    Precioso paseo Themisss!

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    1. Indudable Maty fue un gran día, rodeada de los preparativos para el festejo. Me alegra que te emocione leer y acompañarme en los paseos, es un gran gusto, te mando un abrazo grandote y una muy feliz semana

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