LA IDA A TEHUACÁN

EL ENCUENTRO

Llevaba como dos meses que no me acercaba a la ciudad, después de que había ido a Puebla, ya me quedé en el pueblito y como el sol arde en el cielo cerúleo y cuando ya baja su pasión se desploma la noche, y de vez en vez, le da con beneplácito de todos, el llorar con sus dulces gotas y generalmente empieza al atardecer, por eso no había regresado tampoco al monte .

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No veía al mar de cactus desde hacía mucho tiempo, salvo desde lejos, y menos aún lo había atravesado, pero como en todo, llegó la hora que venía dilatando desde hacía un tiempo, de tener que darme la vuelta y llegar al movimiento de la urbe, tal vez también familiarizándome con ella más pequeña, para prepararme a llegar a la «Capital del Imperio», como le dice un amigo a la Ciudad de México.

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Lo decidí la noche anterior, y apenas amaneció comencé a hacer los preparativos para la ida, para que no me agarrara el sol del mediodía al regreso.

Todo empezó a salir de maravillas, apenas llegué a la parada estaba detenida una camionetita esperando pasaje, me subí a ella y aunque no era el camioncito donde desde adelante podía ir contemplando el paisaje, lo fui haciendo por las ventanillas.

Apenas entramos al desierto, los cactus se desplegaban alegres, gigantes, enhiestos orgullosos de ser lo que son, antenas que se comunican con el infinito y por ende con las estrellas.

De repente sin esperarlos, comenzaron a aparecer árboles con sus flores amarillas, al principio con timidez para luego desplegarse lejos bien lejos por las laderas de los cerros.

Estaba bello, bello el desierto, en eso estaba en el deleite cuando un aroma inconfundible comenzó a entrar por las ventanillas abiertas, era a zorrillo y así sin quererlo invadió la atmósfera con ese perfume a almizcle fuerte, potente, que no se va por más aire que entre.

Me llevó a aquel personaje inolvidable de los años de la otra montaña, «Puf Puf Pufito», el zorrillito travieso que volvió loco al Chimichurri, el perro que junto con su amigo el Charro Mexicano cuando eran cachorros, confundieron a uno de ellos con un tlacuache al que todas las noches correteaban y se llevaron la gran sorpresa cuando fueron perfumados con su esencia.

Aquí les dejo la historia que está bueno leerla si quieren alegrar el día y ver la vida en otros puntos del Planeta.

A mí en lo personal el aroma no me molesta, hay algo que mi olfato o mi cerebro lo confunde con el de un café medio raro.

Ahí seguíamos cuando en una de las paradas cerca de una comunidad subió otro pasajero, que la fragancia que traía desplazó al zorrillito e invadió todo el espacio, su olor era tan fuerte, parecía que se hubiera bañado con la loción de «Siete Machos», esa que dicen que otorga seguridad y confianza en cualquier conquista que quieras emprender, eso sí será cuando se administra con moderación, pues de esa manera como él la traía, solo corre a los que se le acerquen  y lo proyectan lejos para desaparecerlo. Pero bueno, hay veces que a uno se le pasa la mano sobre todo cuando está inseguro y no sabe cómo salir adelante de alguna situación o encuentro especial o lo que sea que lo aguarda.

Así seguimos por un tiempo, con la mezcla exótica de ambos, aromatizándonos mientras en una de las vueltas, cuando se bajaba la montaña, a lo lejos se divisó la ciudad.

Entramos en ella e inconfundible su movimiento sus imágenes de otro tipo de vida y acciones.

Eso sí, no puede faltar esos extraños paisajes, como el que aquí se encuentra un campo de magueyes, tal vez para hacer pulque o mezcal cuando llegue el tiempo en el medio de ella, pero bueno así es México.

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Al fin llegamos, yo traía mis botas que era una vergüenza pues estaban adornadas con tierra de todo los colores y el lustre inexistente, así que al tomar la calle del gran camellón ahí vi a un bolero que estaba sin trabajo, esperando y le pedí que me las lustrara.

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Eso que me encanta, sentarme y observar lo que sucede, ahí estaba en una sombrita hermosa, descansando un poquito y tomándome mi tiempo para emprender el movimiento, entrando en la frecuencia para que no me descuadrara, cuando empiezo a sentir a las palomas pasar volando y pararse a unos metros y ahí observo a una señora que saca una bolsa y les empieza a tirar migas de pan, a lo que siguen llegando de todas partes, se veía que la conocían y lo que es más hasta la esperaban.

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Ya el bolero había terminado de dar los primeros pasos y se aprestaba a echarle una substancia que hizo maravillas y que era la primera vez que me la ponían, pues las dejó con un hermosísimo brillo.

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Cuando veo a las aladas sobrevolar mi cabeza e ir a posarse a ese árbol anciano que daba la sombra que nos cobijaba, me sacan de observar la acción y me vuelven a llevar a ella, como buena curiosa saber qué era lo que había pasado.

Ahí me encuentro con otra escena hermosa, una pequeña niña de esas que apenas hablan y su idioma aún es ininteligible  corre entre ellas y mira con carita sorprendida que se le escaparan, y sigue corriendo con sus pasitos aún tambaleantes y su madre detrás y la mira con cara de desconsuelo, buscando una explicación del por qué se alejan de ella y su boquita se abre y su mirada trasmite no entendimiento, sus párpados bajan un poquito y sus manos se juntan y se queda cómo haciendo un «puchero»n, se da vuelta y le dice algo a la madre que no se entiende y la mamá le sugiere que las salude y les diga adiós con la manita. Solución que le encantó y muy dispuesta con una sonrisa las saludaba mientras caminando se alejan.

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Escenas hermosas para ser disfrutadas, esos primeros descubrimientos que hace un ser del mundo y las emociones que entran en juego y que de alguna manera hay que aprender a manejar para que la frustración no nos gane la partida.

Ya estaba en el final un buen movimiento con la franela, dejan las botas relucientes  y a otra cosa mariposa.

Seguí mi camino al centro, viendo que el regreso a clase había llegado por el movimiento en las papelerías y el tránsito congestionado, alborotado.

Cómo la escuela vuelve loco al mundo, es increíble el efecto que provoca, como si a todo lo sacara de sus casillas. Fenómeno extraño, «psicotizador» y se le llama educador, las concepciones humanas también son insólitas, a veces parecería que no se las ponen a pensar, pero bueno, eso es otro asunto.

El zócalo se estaba vistiendo de fiesta, en unos días nada más comenzaría el mes de la Patria y estaban adornándolo, habían pintado el kiosco que relucía y una cantidad de sombrillas verdes estaban extendidas en el suelo.

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Di las vueltas que tenía que dar, ya el calor asfixiante se empezaba a sentir, a pesar de que aún no era demasiado tarde, eso sí, me hizo huir y emprendí el camino al camioncito.

Pero primero tuve que parar una lucha o competencia interna que he empezado a sentir, entre los egos de estos dos «personajes» o cómo se les quiera llamar, la sombra y el reflejo, hacía tiempo que este segundo no se presentaba, más allá que parece que también busca notoriedad, lo empecé a sentir desde el viaje a Puebla. Ahora son los dos los que quieren sus «selfies» y a cada rato quieren parar y esta vez para colmo la querían sin sombrero.

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Crucé el parquecito y ya habían empezado a colgar las sombrillas o paraguas, se veían lindos, ¿será que las van a colocar todo alrededor del kiosko?. Estará para verse, la próxima vez que regrese.

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El camioncito prendió su motor y emprendió la marcha, cuando pasamos por ese restaurancito «El Buen Sazón» que es quien me marca que la salida está adelante y ya se avizoran a lo lejos las montañas, el descampado y la ruta de subida, mi corazón siempre da un vuelco, se alegra infinitamente, ¡vamos de regreso!.

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Escuchábamos música romántica que traía en un sonido moderado el chofer, no era encajosa, ni fastidiaba, se dejaba oír  recreaba viejas baladas y otras que quien sabe de cuándo eran y quién las cantaba, sin lugar a dudas un alma soñadora.

Mientras delante se abría el camino, la montaña de cactus dejaba ver a lo lejos los árboles amarillos, ¡qué maravilla!, la vida sigue, ahí estaba, frente a mis ojos que se admiraban.

MÉXICO

AGOSTO 2023

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10 comentarios en “LA IDA A TEHUACÁN

  1. Lindo lindo paseo! Narraciones aún más humanas -si se puede-, lo que dices de la pequeñita que comienza a descubrir el mundo aún tambaleándose, precioso. El detalle del lustre de tus botas: me encantó también, como todas esas cosas tan aparentemente sencillas pero tan lindas que conforman nuestro vivir y a las que la mayoría no les prestan atención.
    Paisajes hermosos, qué bueno que eres precavida y te regresaste a buen tiempo. También me intriga lo de las sombrillitas…

    Gracias Themissssss!!! Una vez más 🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹

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    1. Hola Maty, son escenas hermosísimas de contemplarse, es la vida actuando, dándote momentos sencillos, simples, cotidianos, cargados de enseñanzas, sonrisas, remanso para el alma, me gusta contemplarlos. Ya verás lo de las sombrillitas lo hermoso que quedó, te va prontito. Abrazo bien grandote y gracias

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  2. Hola, Themis, qué gracia me ha hecho lo de la colonia o aroma de «siete machos», jajajajaja, muy bueno, madre mía qué viaje, entre el zorrillo como tú lo llamas (aquí en España les llamamos mofetas y, por suerte, no me he topado nunca con ninguna) y el aroma de ese hombre, no me imagino el viaje que pasarías. Aunque, por lo que leo, te dio un poco igual pues fuiste disfrutando del mismo para luego escribirlo aquí en el blog. Muy bueno, también he leído la historia de Puf, muy buena también, muy divertida.
    Un abrazo. 🙂

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    1. Es muy famosa la loción de los «Siete Machos», se llama así pues está compuesta de siete flores machos y es muy famosa, salvo que no te puedes poner demasiado pues llega a ser muy fuerte. Es muy chistoso todo lo que hay alrededor de ella.
      Fue un viaje muy diferente a todos por esos aromas sorpresivos que se presentaban, se me hizo muy chistoso, es que a veces la vida no sabe con qué sorprenderte y sale con cada puntadas magníficas. Puf Puf un personaje sin lugar a dudas. Abrazo grandote

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  3. No sé por qué el momento del regreso siempre me alegra el espíritu más que la incertidumbre de la partida, aunque ahora me dicen que es bueno abandonar lo mejor que tenemos y partir en busca de la aventura. ¡Uno sabe que apenas es nada sin la compañía de los libros! Un abrazo.

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  4. Me hiciste recordar esos viajes en autobús, de Morelia a Jalisco, distintos pero parecidos.
    Un bonito viaje, Themis. También recordé contigo el Zócalo… las librerías, detrás de la Catedral y tantas cosas inolvidables de la ciudad. Gracias por transmitirnos tus viajes.
    Es un placer leerte. Mi abrazo.

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