RUMBO A PUEBLA: EL CENTRO HISTÓRICO (5)

CUANDO LA LLUVIA NOS ENCUENTRA

Llegué al hotelito, luego de caminar por esas cuadras largas que parecen que nunca terminan, no sé el motivo de que en este Estado se me hace interminable llegar a las esquinas, hay veces que pienso y me pregunto si es que tienen más metros o es que en las ciudades anteriores menos, o soy yo que por algún motivo así lo percibo, un gran enigma que quién sabe si algún día responderé o solo lo recordaré cuando tenga que recorrerlas.

Había estado bueno el andarlas e irme encontrando con tantos lugarcitos hermosos que guardan tanta historia sobre todo de la Colonia, porque donde yo vivo, la verdad la Colonia parecería que no existió, bueno en las Iglesias pues esas fueron prioridad.

Subiendo la escalera para llegar a mi habitación me detuve a mirar un cuarto de azotea que estaba justo enfrente, revestido de azulejos con la que no podía faltar la Tonatzin, la Virgencita de Guadalupe, los azules que la cubrían resaltaban aún más frente a ese cielo cerúleo que tenía de fondo.

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*

Descansé un muy buen rato, dejé que el sol bajara, hasta que lo vi  por la ventana ya queriendo irse y decidí emprender la salida.

Estaba en la indecisión si ir al Paseo San Francisco de nuevo, recorrerlo mejor o ir al Centro Histórico, pregunté y me dijeron que quedaban cerca, así que no había motivo para elegir, podía hacer los dos, eso por lo menos era lo que me suponía, si solo veía la situación desde el punto de vista de las distancias y como siempre sucede no tenemos en cuenta otros factores que puedan desviarnos de ella.

Salí y me encontré con la calle donde el tránsito parecía que había crecido al igual que el movimiento, una fila larga de autos esperaban a que cambiara la luz en los semáforos.

*

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El cielo se estaba ennegreciendo, el gris entre sus claros y sus obscuros lo estaba tomando en sus manos, la lluvia parecía que era inminente, tenía que acelerar un poco mi paso.

Llegué a  la calle 5 de Mayo y empecé a recorrerla, no toda pues es larga, buscando las estatuas de bronce, el movimiento era grande, personas para un lado, para otro, muchas escenas para ser observadas, para ver ese comportamiento de quienes viven en una ciudad de millones, que es muy diferente a los que habitan en alguna más pequeña y ni que decir en el pueblo.

Comenzaron a aparecer los vendedores de sombrillas, paraguas, dando pregones muy simpáticos para lograr ventas, aconsejando que no dejaran de pasear que se llevaran uno de ellos y lo siguieran haciendo con comodidad.

Me acerqué a varias de las estatuas, estaban por doquier, cada tanto una de ellas engalanaba la calle peatonal.

*

*

El cielo seguía opacándose, decidí dar la vuelta e ir rumbo al Zócalo, no estaba lejos, los árboles longevos con sus troncos y ramas retorcidas me recibieron, el verde también se hace cargo de esta ciudad sobre todo en ese Centro Histórico, Patrimonio de la Humanidad que guarda la Colonia en él.

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Crucé la calle y agarré uno de sus senderos, iba viendo los diferentes atuendos con los que me iba encontrando, me llamaban la atención, la cantidad de turistas que estaban en la vuelta, familias enteras tomándose la foto del recuerdo.

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Llegué a la fuente y estaba mirando esos chorritos que nacían de ella, mientras el cielo no dejaba de cerrarse, un dejo de melancolía comenzaba a posesionarse del instante.

Me fui metiendo en él, ella suele llevarnos por lugarcitos muy protegidos y recónditos de nuestro interior, nos trae recuerdos de hechos acontecidos y que rememoramos con un dejo de tristeza por no poder superar el que se hayan ido, sin embargo también es inspiradora del arte, de la creación, suele elevarnos como por un trampolín y empujarnos a dar un salto para ese encuentro con la expresión que nace de adentro.

*

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Me llevó a Chopin que desde niña me marcó con sus compases ese sentimiento muy adentro mío, con esa música que hacía que resurgiera de donde me encontrara, que me iba llevando por caminos de una gracia eterna.

RECOMIENDO ESCUCHARLA MIENTRAS SE SIGUE LA LECTURA

En eso, sin esperarlo como si fuera una gran sorpresa preparada para acompañar el instante, se comenzaron a escuchar por las bocinas instaladas en la plaza, una de las obras más conocidas y bellas para mí de él, el Nocturno op.9 No.2, una pieza carismática, de una suavidad y sutileza inigualable que va mostrando en cada una de sus notas ese sentir del artista que la compuso, esa tristeza «magistral» que llevaba con él.

La dulzura acobijó al alma, fue invadiendo el espacio con cada una de las notas que iban naciendo, el gris del cielo invadía, detrás de la catedral se elevaba en ese firmamento que preparaba sus lágrimas para lanzarlas en cualquier momento, el ambiente se tornó sombrío, una brisa fresca acarició mi piel que hizo que me encogiera, un gran suspiro salió de mi boca.

Todos mis sentidos estaban presentes saboreando delicadamente ese regalo mágico, inesperado.

*

*

-Va a llover muy pronto- sentí decir a una voz cuando la música llegaba a su fin, me parecía que venía desde muy lejos, me fue sacando de mi ensoñación. Era un señor mayor que me advertía que me fuera a guarecer en algún sitio pues la lluvia se iba a desatar y duraba un muy buen rato.

Le agradecí y me fui caminando a la Catedral, ¡qué mejor lugar!, para pasar ese diluvio que se avecinaba.

Busqué en sus torres a la campana María, ¿cuál sería?, esa que los ángeles transportaron y la hicieron repiquetear despertando a los habitantes mientras se planteaban la imposibilidad de subirla por su gran peso, la que necesita tres hombres fuertes para mover su badajo de 300 kilos.

*

*

El cielo se vestía de luto, las nubes lo cubrían, iban cerrándose sobre si mismas, unos grandes lagrimones se esparcían por el suelo, elevé mi mirada y los ví caer, sentí su frescura en mi tez.

Llegué a la puerta de la Catedral, unos turistas contemplaban esas imágenes que la adornan, sin nada que los inmutara, estaban absortos y enfocados en ellas .

*

*

Me metí por ese agujero negro que era la entrada, cuando un gran trueno que hizo que todo bramara y vibrara, fue el preámbulo y la señal que la lluvia se desencadenaba.

Me sorprendió lo obscuro que estaba, más que allí afuera, las tinieblas parecían que surgían por todas partes, no habían casi luces prendidas, las siluetas como fantasmas deambulaban por los pasillos sin luz, un silencio sepulcral de fondo, alterado por un eco muy fuerte que ocasionaba cualquier ruido, las sombras aparecían y desaparecían, los pasos retumbaban, escuchaba a los míos y a mi respiración, me sorprendía la acústica del lugar.

Di la vuelta, sin poder ver mucho, pocos altares tenían una luminosidad tenue que los mostraban, tomé uno de los pasillos buscando la salida, no me invitaba a quedarme, aunque viendo que aún la lluvia estaba fuerte, me senté a encontrarme con el sentir del momento.

Estaba contemplando los claros obscuros que mostraba la puerta de acceso, cuando una mujer entra con paso apresurado y se enlaza con su pareja que la estaba esperando, en un beso muy tierno que le daba ese toque de amor al ambiente denso, se veía que era un reencuentro, platicaron por unos momentos, se hicieron unas caricias, él le acomodó el pelo mientras ella le contaba algo y él le susurraba en el oído.

*

*

Tomados de la mano se acercaron para salir, pero las gotas que caían sin parar los detuvieron junto a otras personas que aguardaban con cierta ansiedad el poder seguir su camino.

Al rato salieron todos y se sumergieron en ese mundo después de la lluvia.

*

*

Caminé a la luz grisácea, la lluvia había amainado, miré y vi esa escultura rara que no pude entender de qué se trataba que adornaba la entrada. Decidí irme.

*

*

Crucé de nuevo el zócalo, me detuve a observar una escena en una terraza, de esos restaurancitos, cafeterías que están alrededor y de nuevo sin preámbulo el cielo volvió a dejar caer el agua.

*

*

Rápidamente me guarecí en otro largo pasillo, donde un hermoso vitral decoraba la puerta de acceso y desde uno de los restaurant promocionaban los chiles en nogada el gran platillo poblano de esta temporada, cuando las granadas dan sus frutos y se encuentran todos los elementos que lo componen, en otra entrada les contaré de ellos.

Me quedé parada en la espera que el tiempo me dejara ir al hotel, ya que la noche estaba llegando, el frío se estaba dejando sentir y ya quería refugiarme en mi misma. El seguir al Paseo San Francisco ya había sido deshechado.

*

*

Al salir me encontré con unos chorros danzantes, que se movían con sus luces, «…se hacía grandote, se hacía chiquito, estaba de malhumor, pobre chorrito tenía calor», mi voz interior cantó, me trajo la canción de Cri-Cri, el Grillito Cantor, que marcó a todas las generaciones de niños en México, con sus dulces letras.

*

*

Otro suspiro fuerte, acompañado de una gran sonrisa surgió, con ella dibujada en mi cara, con paso lento, cuidando no resbalarme, el mirar bien en donde pisaba, desanduve el camino rumbo al hospedaje, agradeciendo esas dádivas otorgadas.

CONTINUARÁ….

MÉXICO

JULIO 2023

***

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8 comentarios en “RUMBO A PUEBLA: EL CENTRO HISTÓRICO (5)

  1. Qué hermosura de artículo, Themis, he ido dejando la lectura de tu blog, para más tiempo libre. Pero la verdad que lo he disfrutado, todo, todo, hasta la música e Chopin, qué maravilla, tu entrada a la Catedral, tus observaciones, y hasta los puestos de globos de las calles, y viajar contigo a Puebla es como entrar a un trocito de cielo y recorrer recuerdos
    de cuando estuve allá. Gracias, amiga. Seguiré y disfrutaré tus pasos… Besos.

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  2. ¡Vaya momentos! Magia pura, intensidad de vida, esas fotos que ayudan a más precisión, aunque con tu narración no hiciera falta.
    Themis, hace dos años cuatro meses que no escuchaba a Chopin. No podía. En este momento, algo recorre todo mi cuerpo. Yo pensaba si darle o no clic y decidí hacerlo, algún día lo tenía que enfrentar: era el favorito de mi mamá, se lo ponía en su lecho de enferma. Y hasta hoy, es que lo vuelvo a escuchar, desde que ella se fue no lo había conseguido. Por tanto, no necesito decirte lo especial que ha resultado este nuevo paseo en el que tu yo interior sale a soplar con calidez.

    El abrazo que te mando en esta ocasión es más que especial, sé que lo entenderás.
    🌹🌹🌹

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    1. Hola Maty, no me tienes que decir nada, basta con esa intensidad que recorre mi cuerpo, esa emoción que me llegó de leer y vivenciar el sentimiento que trasmiten tus palabras, para que todo esté dicho. Mis ojos se nublaron, igual que en ese momento cuando lo escuché.
      Gracias por haberlo hecho, por haberle dado el click y de esa manera encontrarnos en un instante unidas por la magia del Universo.
      También hoy para tí un abrazo super especial.

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  3. Hola, Themis: ¡qué preciosidad de relato y, además, acompañado por la melodía de Chopin! Qué maravilla, me ha dejado tranquila para el resto del día. Las imágenes también una maravilla, me ha encantado la de la Catedral desde dentro, la primera de ellas, muy bonita con el juego de claros y oscuros y al fondo esos colores, grandes contrastes en ella.
    Un abrazo. 🙂

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    1. Hola Merche, la melodía de Chopin es una belleza y escucharla en ese zócalo que sus compases se impregnando en él, una gran maravilla. Esa foto también me gustó mucho, un sentir muy constrastante del instante, muchas emociones y sentires encierra esa imagen. Gracias y un abrazo grandote

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  4. Y una vez más querida themis me hiciste mojarme con las lagrimas de ese cielo de luto. Me hiciste adentrarme en la oscuridad de la catedral y me hiciste conocer todas esas historias de desconocidos.
    Bellísimas fotos.
    Escuché la música mientras leía y fue mágico.
    Un gran abrazo

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    1. Sí Gusanito Volador, ese cielo que lanzaba sus grandes lagrimones un instante para contemplarse y refugiarse en él después de haber estado en ese regalo de la música con esa melodía extraordinaria que hablaba más del momento que todas las palabras juntas. Instantes mágicos que nos regala la vida, gracias, abrazo don alas para que te llegue

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