EL ENCUENTRO CON LAS JACARANDAS

CUANDO EL MUNDO SE VISTE DE MORADO

Acabo de enterarme de que estos árboles tienen una peculiaridad en la forma de ser nombrados, son femeninos en el Norte del continente y masculinos en el Sur, ¿traen consigo un problema de género, acaso?, ¿será mejor escribir les jacarandes y de esa manera zanjar el conflicto?. Sin embargo, luego pensé que eso es mejor dejarlo para aquellos que esclarecen el lenguaje inclusivo y mientras nombrarlos de acuerdo al hemisferio en que me encuentre.

Había salido de la casa rumbo a tomar el camioncito que me llevaría a la ciudad, en ese día a la semana que me vuelvo citadina y me codeo con el trajín de la gran urbe cercana, que anda de nuevo alborotada, entre el calor que calienta como plancha al hormigón de las calzadas, la gente que nos volvemos como hormigas locas pidiendo agua, los conductores que usan el claxon para abrir camino y se cuelgan de él a veces como desquiciados. Todo se vuelve una locura, eso sí, no está organizada.

Ahí iba caminando y de repente, ¡BLIM!, se aparece él, vestido de violáceo con la montaña detrás y contrastado por ese cielo azul con nubes blancas que lo cruzaban.

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Ese simple hecho alegró mi día pues cuando la belleza se cruza en el camino es señal que «el artista divino» anda dando sus vueltas, ese que desde el principio de los tiempos quiso atraer al ser humano a través de ella, no solo para impregnarle sus ojos sino además fascinar a su alma, por eso regó por todas partes colores, formas, sonidos, texturas y de esa forma fue plantándole un camino estético, emocionante y regalarle «una experiencia de Dios que va directo al corazón» y nada tiene que ver con las doctrinas.

Más allá que la prisa solo me permitió parar unos instantes a mirarlo, sin embargo, fue el regocijo llegó a todo mi ser.

Me habían mostrado que :Ya llegaron, ya están aquí, ahora hay que salir a encontrarlos.

Llegué y el camioncito esperaba, faltaban unos minutos para su partida.

El sonido del silbato alertaba a todos los rezagados que en unos instantes era la hora de partir, que se apuraran, que no siguieran dando vueltas, y ahí se les veía venir a pasos ligeritos, pues que se fuera sin ellos era tener que esperar otro largo momento.

Sentada delante en ese asiento que me gusta, donde voy observando a la carretera que se abre y ese paisaje que embelesa, me metí a hacer las respiraciones, pues no hay que perder los momentos que tenemos para hacerlas y tomar conciencia de ella, en vez de quedarme solo abstraída mirando a la nada, sino aprovecharlos e ir creando el hábito y la respiración es uno de esos ejercicios que se pueden hacer donde sea y mientras, todo el cuerpo se relaja y se despeja.

Inspiro en uno, suelto en dos, inspiro en tres, suelto en cuatro y así sucesivamente hasta que los pulmones aguanten.

Había sido uno de esos aprendido en la clase de yoga y hay que practicarlo para cada día aguantar más e ir aquietando la mente, el cuerpo, el ser entero.

Iba mirando los quiotes florecidos, también con su flor amarilla y su largo, bien largo tallo que aparecían por todos lados, una maravilla, «el artista divino», de nuevo se soltó y nos anda dejando todos estos puntos de luz.

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Tal vez, es Jofiel ese arcángel del rayo amarillo del espectro de luz, que en su salida va punteando el camino al infinito y deja paso al arcángel Zadquiel el que  es “la justicia de Dios”, que trae consigo el séptimo color del arcoíris.

Eso color que dicen, que se dice que limpia y purifica todo lo que toca, por eso, también dicen que dicen que si lo invocas puede ayudarte a sanar la mente y el cuerpo mediante él.

Por otro lado, es el pasaje de lo físico a lo divino y cómo no va a ser después de tener la fortuna de estar bajo él, siendo bendecido de caminar entre esa maravilla florida que como cúpula cobija.

Ahí andaba entre las respiraciones que aquietaban y ponían un alto a los divagues, cuando se apareció delante, tan grande fue la sorpresa que me tragué la inspiración.

¡Azul morado!, ¡todo floreado!, que hacia conjunto con ese cielo celeste fuerte.

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Seguimos el camino y más grande fue el pasmo cuando al llegar a Tehuacán, saliendo de la carretera, tomando la avenida que marca el acceso, ahí a lo lejos se ven ese conjunto de ellos, pues están plantados a la orilla y en el camellón del centro.

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¡Qué deleite para la mirada!.

Y ni se diga el asombro al agarrar la avenida de los árboles ancianos, donde ellos también empezaban a florear.

Así mirando para todos lados, embriagando al alma con ellos, fue esta entrada a la ciudad.

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Eso sí, un pequeño detalle tímidamente asomaba, tal vez un poco apocado aún, por el despliegue que se cernía a su alrededor y eran esas otras flores que en un ratito nada más deleitarán con su color y nos dirán si este año las lluvias vendrán o como en el anterior serán muy limitadas, como pronosticaban  por los mayas.

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Después de los amarillos, llegan los morados y detrás, si detrás los rojos de los flamboyanes y con ello nos muestra que el desierto aún guarda en sus entrañas, el recuerdo de sus inicios antes de volverse semiárido.

MÉXICO

MARZO 23

CIUDAD DE MÉXICO: LAS JACARANDAS EN FLOR

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EN BUSCA DE LAS FLORES AMARILLAS (2)

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14 comentarios en “EL ENCUENTRO CON LAS JACARANDAS

  1. Me había llamado la atención que mencionaras al jacarandá en femenino y ahora que te leo, me entero que en el norte son ellas, mientras que acá en el sur son ellos.
    Preciosas las fotos y esos coloridos árboles.

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  2. ¡Qué maravilloso paseo nos has regalado, Themis! Yo también me paro a admirar las maravillas que la primavera nos regala. No es lo común viviendo en una ciudad, pero es una experiencia que te llena de energía positiva.
    Sobre el lenguaje, no me gusta retorcerlo con la excusa de hacerlo inclusivo. Pienso que hay que dejarlo libre, con todos sus matices y diferencias, esa es su riqueza. Claro que sobre este tema, hay gente por acá que no está de acuerdo.
    Un abrazo, Themis!

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    1. Me gusta mucho que paseen conmigo me siento acompañada cuando lo vivo, cuando lo escribo.
      A mi me pasa lo mismo recibir todos esos presentes de esta estación en donde todo florea y hace gala de su belleza, para que el alma realmente despierte después del recogimiento del invierno.
      El lenguaje es algo del tiempo, irá para donde tenga que ir, fue un juego con las palabras, me sacó una gran sonrisa descubrirlo. Gracias María Pilar, abrazo grandote

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