EL NIÑO DIOS: NEMORTEMI Y LA CANDELARIA

CUANDO LAS TRADICIONES SE SINCRETIZAN

Han de saber que los nahuas, los antiguos mexicas no se regían por el calendario que trajeron los españoles, pues ellos eran muy diestros en observar el cielo y tratar de entender todo lo que sucedía en él.

Así llegaron a la conclusión, que Tonatiuh el Dios Sol que ellos con mucha minuciosidad observaban, para lo cual, construyeron observatorios astronómicos, con los cuales no solo miraban directamente a los astros, a ojo desnudo tomando como referencia los puntos del horizonte, sino también de forma indirecta, a través de las luces y las sombras proyectadas mediante proyecciones a cámaras obscuras o a estelas, como se pueden ver en Xochicalco o Chichen Itzá, dos centros ceremoniales.

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Así el Año Azteca constaba de 18 meses, de 20 días, que daba un resultado de 360 días, por eso para llegar a los 365, crearon esos cinco días aciagos, a los cuales llamaban «nemortemi», los que marcaban el fin de año que se conocía como el mes de Izcalli y coincidía con enero.

Una cosa importante es que en las diferentes regiones se discrepaba un poco con ese inicio, iban en parte de enero a marzo.

Fray Bernardino de Sahagún, uno de los frailes encargados de estudiar las diferentes costumbres y escribir sobre ellas, comenzó a hacer una investigación para ver las opiniones, llamó a sus informantes, a algunos sabios y eruditos aztecas para que juntos resolvieran cuándo era la fecha más probable del comienzo del año.

La respuesta final que le dieron fue el 2 de febrero, día de la Candelaria, según el calendario juliano vigente en esa época en Europa, entonces se abocaron a empezar a cambiar a quién se festejaba por las figuras que ellos traían, para tener un poco más de control en esa evangelización que se propusieron, también había que aprovechar la «fe» y la certitud que ellos tenían en sus ceremonias y creencias.

En este caso, resulta que en esa fecha que comenzaba el año de los antiguos mexicanos, acababan de pasar los cinco días «nemontemi», los cuales se conocían, como las 120 horas de «mal agüero».

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Según el mismo fraile nos cuenta que en esas hora ningún mexica se atrevía a hacer nada, pues al ser cinco días fuera del calendario ningún Dios los protegía.

Se consideraban como que la suerte podría jugar en la contra de los humanos, volviendo a esos momentos nefastos para su vida.

 “Estos cinco días a ningún dios están dedicados y por eso los llaman nemontemi, que quiere decir que están por demás; y teníanlos por aciagos; ninguna cosa hacían de ellos…”.

Bernardino de Sahagún

Eran días en los que no era conveniente el nacimiento de un bebé, ya que no contaba con amparo y por lo tanto no tenía lo que ellos llamaban tonali o sea destino, cosa muy importante para ellos, tener, se podría decir, una misión clara en la vida. En los casos de nacimiento en estas fechas los sacerdotes tenían que llevar adelante rituales para poder proteger y favorecer a ese recién nacido.

Además, durante estos días se evitaban también los excesos o tener tropiezos con consecuencias de las que uno pudiera arrepentirse, ya que estos días determinaban cómo iba a transcurrir el año siguiente y no había deidad que pudiera ayudar a solucionar el daño.

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Sin embargo, no solo eran días donde podían pasar infortunios sino además había que abocarse a la reflexión, a la meditación y meterse en la introspección, para recapitular en todo lo que se había realizado en ese ciclo pasado.

Donde se agradecía todo aquello que se había logrado, a las lluvias, que con ellas llegó el alimento, el vestido y todo lo que fue necesario para sobrellevar las necesidades, así como las diferentes acciones que nos beneficiaron y a su vez en lo que había que tener en cuenta para comenzar con ese nuevo ciclo que se avecinaba, pues también era fundamental todo aquello que se iba a dar en ese período.

Cuando terminaba, se puede decir que se purificaban para entrar con el pie derecho al año nuevo.

“…hacían gran fiesta a honra de los dioses del agua o de la lluvia llamados Tlaloque… En esta fiesta, en todas las casas y palacios levantaban unos palos como varales, de los cuales ponían unos papeles llenos de gotas de uli (hule), a los cuales papeles llamaban amateteuitl; esto hacían a honra de los dioses del agua”.

Bernardino de Sahagún

La bandera amateteuitl colocada junto a la casa, nos indicaba que había celebración. El color azul, es el que predomina en ella, porque es propio del agua y de sus divinidades. Era a la puesta del Sol cuando las enterraban en la arena.

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Tal vez, en esta temporada navideña, que comienza en diciembre y termina en febrero, se pueden ver reflejadas las celebraciones de la época prehispánicas donde si bien, quedaron los nuevos ritos establecidos y en la apariencia se festejaban como lo determinaban los conquistadores, en realidad detrás de ellos el corazón de los indígenas seguía vibrando con sus viejas creencias, lo que con el correr del tiempo llevó a estas fiestas tan mexicanas sincretizadas, donde la alegría, el gozo, el compartir, las hacen únicas en el mundo y que en muchas de ellas se vuelcan todos, sin importar la creencia que se tenga.

CONTINUARÁ….

MÉXICO

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8 comentarios en “EL NIÑO DIOS: NEMORTEMI Y LA CANDELARIA

  1. ¡Qué interesante, Themis! Me ha encantado y me he quedado con ganas de saber más. Eran grandes astrólogos, el calendario que tenían lo demuestra. Muy curioso lo de los cinco días sin protección de ningún dios, los días “nemortemi” para llegar a la precisión de los 365 días en el calendario.

    Un abrazo y te seguiré leyendo!

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    1. Sí eran grandes astrólogos y astrónomos, tenían una clara precisión sobre los eventos del Universo, se regían por él también en las ceremonias religiosas y en los destinos de las personas. Es interesante, más aún lo eran los mayas, gracias Maria Pilar, abrazos

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    1. Lo es, tenían otra forma de ver las cosas, y enfocar la importancia que tenían los diferentes eventos, era el cielo y sus astros quién regía la vida del humano y a quién en cierta manera tenían que ver. Gracias Julie, un abrazo inmenso

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