(Sacada del archivo de las entradas escritas que quién sabe por qué causa quedaron rezagadas en el tiempo)
Era el día del solcitcio de verano,
que anuncia la llegada de los meses más cálidos en el hemisferio norte, y es cuando el Sol alcanza su máxima altura, siendo el 21 de junio el día más largo y la noche más corta del año, sin embargo, en su realidad no lo parecía, el fresco hacía días que se había instalado y las nubes en el cielo mostraban los días sin lugar a dudas, más cortos, pero por otro efecto.
Por otro lado, se esperaba esa alineación de todos los planetas que se iban a juntar en una reunión con la luna, que de vez en cuando se la veía que se aparecía por algún agujerito que dejaban los nubarrones cargados de agua, que se negaban a soltarla por estos lugares, solo hacían alarde de que la llevaban.
Ahí estaba un poco perdida en la nada, en esos instantes en donde el pensamiento era como si se borrara, cansado de tanto crear fantasías, recrear situaciones, hablar, hablar consigo mismo en un largo soliloquio, que no siempre conduce a otra cosa que a alterar la paz del estar en la «masnada», ese estado de total despegue donde no hay ningún motivo que nos lleve a hacer, controlar, o no permitir que la vida transcurra sin nuestra intromisión.
De repente, veo a unos metros a un diminuto ser que va serpenteando, se muestra como una gran culebra en tamaño mini, me le acerco, pues no son fáciles de verlas.
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En realidad, parecía una lombriz solo que llamaba la atención la forma de desplazarse, generalmente viven bajo tierra por eso no se las ve con mucha frecuencia, comen hormigas y pequeños insectos que se le aparecen por su hábitat.
Me quedé pensando qué la había llevado a salirse pues lo hacen cuando llueve mucho y la tierra se inunda, sin embargo, eso no sucedía por estos lugares, que andaban rogando al cielo, haciendo misas, y rituales para ver si caía algunas gotas de ese preciado líquido, que según circula, por culpa de una avioneta que tira algo a las nubes, se sigue de largo, sin embargo, esto es otra historia que luego se las cuento.
Alguna otra cosa la había llevado a salirse de su protección subterránea, tal vez: ¿tendría hambre?.
Eso sí, me quedé un ratito con ella, mirándola viendo qué bien se contorneaba, como daba su impulso y se iba rumbo a donde está la enredadera en el piso y el único pedacito de tierra que dispone el lugar, disputado él, además por el papayero y el chayotero también. Hasta que se perdió bajo las hojas que se extienden por el suelo.
Hablando del papayero, ese hermosísimo ejemplar que crece y crece y cada día se despliega más, el cual acaba de regalarnos dos deliciosas papayas, que habían llegado al punto preciso de su dulzor, de las que salieron el año pasado y que no habían madurado, lentas, muy lentas muchos meses de espera, después de haber dado una gran cantidad rápido, muy rápido.
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También ya empezó a prepararse para las de este año, no solo con sus flores que cada día abundan más, sino además ya se formaron las pequeñitas mini papayitas, que serán toda una gran curiosidad el saber qué tan grandes saldrán, y cómo se comporta en su segundo año de ser el frutal del patio, el cobijo de esa pequeña gorrioncita traviesa que le encanta meterse entre sus hojas e irse dejando caer de una a otra.
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Sí, hay una gorrioncita que es preciosa, la compañera de Brincos, ese, el gran atleta que se dedica al salto alto y al largo, que son tal para cual y que forman unas familias bien grandotas, se la ve loca, loca, que le encanta el juego, más allá que ya dejó de ser una adolescente y que lleva unos buenos años en la vuelta.
Ella quién sabe por qué, es un ser feliz, contento, lleno de nuevos descubrimientos todos alrededor del jugar, como otra acción que hacía, que al principio no la entendía y es quedarse con las alas abiertas de cara a la pared para luego dar una suerte de vuelta en el aire.
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Resulta, que le encanta andar buscando algo que comer en ella, así que lo que hago cuando pongo el arroz es tirar algunos granitos y esperarme a que llegue, verla como aletea, como sube y baja, como prefiere esos a los que están en el suelo y dar esa vuelta que maravilla con su habilidad.
Cuando mude a la rosa, esa otra belleza que nos engalana, ella se le acercó, pues es curiosa como ella sola, le encantan las cosas nuevas, fue la primera en probarla, posarse en la olla-maceta y ponerse a jugar en ella, subía y bajaba.
La rosa por otro lado, pasó de sus colores amarillos, naranjas, a una suerte de rosas y blancos, como que se fue destiñendo, eso si el rojo aún lo mantiene no tan reluciente, sin embargo, ya lleva más de dos semanas abierta, no pierde ni un solo pétalo y si la contamos desde que era un pimpollo mucho más.
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Con cuatro gotas que cayeron el otro día, bueno un poquito más pues permitieron formar una pequeña poza en el patio, se dio la salida de las reinas hormigas para realizar su vuelo nupcial, que generalmente lo hacen en mayo, pero se ve que al no tener ninguna señal, se quedaron en el hormiguero aguardando el mandato para salir a poblar otras tierras. Eso sí, algo que me sorprendió fue, que eran muy poquitas las que asomaron y que este año no llegaron las que caen del cielo.
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¡Claro!, que este año no se han aparecido para nada las arrieras, esas otras que la verdad llegan y se adueñan, y no es por nada pero mejor es que se hayan ido de los alrededores.
La vida se recrea en este patio que cada día se está engalanando más, unos se han ido, otros regresan y otros en su primera vez, miran todo con cierta extrañeza, tal vez, dilucidando si se van a quedar o se van o de qué se trata este ecosistema de cemento, tan característico de las ciudades y que se expande a los pueblos como modelo, que no queda de otra que ir tratando de acomodarse en él, pues por lo que se ve llegó para quedarse, por lo menos por el momento.
MÉXICO
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Ahora que lo dices por acá sólo han aparecido hormigas pequeñas ¿pasará algo con las arrieras? La flor blanca, supongo de la papaya, está hermosa tanto como la rosa que no perdió nada en ese tiempo. Cuántas cosas hermosas ves querida Themis
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Algo pasó con las arrieras pues tampoco se le vieron mucho por el monte, como que la falta de agua las afectó. Son hermosas las flores, la papaya ya está dando sus frutos, muy sabrosos y la rosa volvió a sacar esas bellezas aunque no han durado tanto como esas primeras. Gracias Luz y abrazo
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Themis, me haces penr en lo que un patio dá de sí… Es maravilloso. Y la gente pasa sin darse cuenta de lo que le rodea. Gracias por hacerme ver lo maravilloso. Un fuerte abrazo y mi admiración siempre.
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Hola Julie, el patio es un lugar muy mágico, aparecen seres, situaciones, que alegran la vida y te hacen ver le mundo con otros ojos, Lugar de reflesión y contemplación, gracias, abrazo grande
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