TEHUACÁN: EL INICIO DEL CICLO ESCOLAR

LA LOCURA RESURGE

Había comenzado la escuela y con ello la ciudad había despertado a sus antiguas costumbres contaminadas de estruendosos sonidos, de todo un mundo alborotado, las papelerías estaban atiborradas, las largas filas salían por las calles y todo regresaba al gran desbarajuste.

Ese, el que había pensado en algún momento que ya se había frenado, que la pandemia había llevado a que el ser humano hubiera aprendido, tomado conciencia de que había que frenar ese movimiento incesante y estrepitoso, que a nada conducía, que había que ser más flexibles, que la prisa proviene del diablo y que no depara nada sano .

El inicio de las escuelas y el ciclo escolar después de haber salido de la pandemia por ese covicho que nos había visitado y se piensa que de repente todo lo vivido fue para dejar alguna enseñanza, sin embargo, apenas se lanza la voz de recomenzar con lo que era, los viejos hábitos regresan y con ello, el caos.

Siempre me impactó como la escuela llevaba a este tipo de comportamiento con todo lo que ello significa, ¿es acaso lo que educa?, ¿es acaso a lo que está abocada?.

Padres locos que corren de un lugar a otro tratando de repartir a sus hijos en los diferentes lugares que les corresponden, para luego ir a sus trabajos o cumplir alguna tarea o seguir la maratón de cubrir las listas de objetos pedidos y libros que la mayor parte de las veces ni se leen o lo que es más si lo hacen no los entienden, ese consumismo desbastador, ese gastadero que es ese inicio a la formación, para educar ciudadanos útiles para la sociedad. Consumo y ansiedad dos señales que lo acompañan.

Sin lugar a dudas, esa ha de ser la enseñanza esperada para que el engranaje siga funcionando.

Movimiento frenético, un tránsito desbordado, pues aunque quede a una cuadra todo llevan a sus hijos al «centro educativo» en auto, cláxones sonando por todas partes, pues no vaya a ser que se llegue tarde ya sea a dejarlos o a recogerlos, la gente caminando por las veredas y chocándose entre sí, todo aquello que había hecho pensar en una esperanza de cambio cuando se llegaba a la ciudad y era un remanso, donde no se sentía la locura acostumbrada, había sido fulminado.

El inicio de clases presenciales, lo había logrado, éxito del sistema, volver a lo de antes y regresar al mundo malhumorado.

Más allá tenía que dar muchas vueltas, así que mejor era observar el alrededor y disfrutar de aquello que se presentaba.

El colorido de la fruta al llegar a los alrededores del mercado que había regresado a su antigua fisonomía, las veredas repletas, en un flujo continuo, donde la venta de frutas y verduras se había vuelto a extender en ellas, sin que hubiera servido para nada aquella medida tomada antes de la pandemia, que a todos los puestos ambulantes los habían mudado, ahora aparecían nuevos, esos que se reproducen frente a las necesidades de la vida y a su encarecimiento.

Aun no estaban en su apogeo, era temprano.

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Eso sí, ver el colorido de sus frutas, de sus verduras, la frescura que irradiaban, que parecían recién cosechadas, ese sentir que todavía y en algunas cosas se consume vida no «transgenizada», ni productos cultivados a base de químicos , es un regalo.

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Los nanches habían llegado, era su temporada, por todas partes relucían con ese amarillo lleno de luz, y no podía faltar su salsa picosita para hacerlos más sabrosos, darles ese gustitos a picor y ese detalle de color.

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La flor de calabaza y los rabanitos, que abundan en esta época, cosechadas en la mañanita para ir a venderlas al mercado, a todas esas marchantitas que al verlas con tanto atrevimiento mostrando su esplendor, no pueden  dejar de pensar en una deliciosa sopa con ellas o hacerlas rellenas de queso, capeadas y en una salsita roja o tal vez mejor, agasajar a su familia con unas quesadillas, sofritadas con mucha cebolla  blanca, ajo, sal y chile al gusto y unas hojas de epazote y lo que no puede faltar hebras de queso oaxaca.

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Y esos rabanitos, tan rojos, desbordantes de antioxidantes, de vitamina C y B9, llenos de minerales, potasio, yodo, hierro, magnesio, zinc y otros más, con altas propiedades diuréticas y desintoxicante sobre todo del hígado, tal vez pensar en hacer un pozole con ellos, para ahora que se acercan las Fiestas Patrías y donde él se consume mucho por ser un platillo representativo de la gastronomía mexicana que viene desde la época prehispánica.

Solo de pensar en comer esas quesadillas y tomar ese pozole, se hace agua la boca y se antoja.

Muy tímidamente ya se observan los preparativos para la celebración del Grito de Independencia, los carritos con las banderas, las guirnaldas y todos esos elementos en verde, rojo y blanco, que adornan las casas en esta época.

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Aún no engalanan todas las calles, pues se espera ese 1ero de Septiembre que marca el inicio del mes de la Patria para que comience el gran despliegue, aunque muchos negocios ya empiezan a rescatar de sus bodegas los elementos para la venta.

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Ahí de repente, me encuentro con una de las Farmacias Similares del Dr. Simi, que está tan de moda últimamente desde que una fans lanzó uno de los muñecos de peluche de él, en un concierto de Aurora, la cantante británica quien lo abrazó y tuvo un gesto muy tierno, a partir de ahí, comenzaron a aparecer en todos los conciertos de extranjeros, pero esto mejor se los cuento en la próxima entrega de este día de locos con el inicio de las escuelas.

CONTINUARÁ….

MÉXICO

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17 comentarios en “TEHUACÁN: EL INICIO DEL CICLO ESCOLAR

  1. Hemos vuelto a lo mismo y yo diría que hasta con más fuerza. No sé si será bueno o malo. Desde luego aprender no aprendemos mucho, es como si nos faltara memoria.
    Me encantan los mercados con todo ese colorido. Me ha llamado la atención la flor de la calabaza, aquí no la he visto nunca a la venta.
    Abrazo

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  2. Hola Themis, gracias por este relato. Es verdad que el regreso a la «normalidad», nada tiene de «normal». A mí me parece que se nos olvida que la pandemia aún no termina (aunque yo espero que sí porque ya no aguanto el cubrebocas). Eres afortunada de poder ver los frutos de la tierra sin tanto intermediario, te lo digo yo que ahora trabajo en un supermercado de cadena y veo cada cosa… Lindas fotos, gracias por ellas.

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    1. No solo no termina sino que hay que estar preparados y no bajar la guardia.
      Se la fortuna que es el poder aun comer muchos alimentos naturales en su forma de cultivarse, recolectados muchos de ellos de las cercanías, de no comer nada procesado, y no tener que ir a supers desde hace años. Me imagino lo que será estar dentro de ese mundo simbolo del consumo y la alimentación chatarra, lleno de sorpresas insospechadas. Gracias Ana, un abrazo bien grande

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