LA FELICIDAD

«No hay un camino a la felicidad: la felicidad es el camino.»

BUDA

Decir felicidades tal vez no sea el término correcto para invocar o desearles a otros, parece que se hubiera ocultado de los humanos y por qué no decir de la misma vida o transita otra ruta lejos de donde ahora se encuentra la civilización.

Deseamos a otros la felicidad muchas veces como un cliché, como una palabra vacía, como aquella que nos hemos acostumbrado a lanzar a los aires en estas fechas, como si fuera un artículo de consumo que en cualquier lugar se puede encontrar, como si se tratara de un acto de suerte o de magia, o el embocarle al momento justo y preciso, sin embargo como decía Buda, ella: «… es el camino.» y no queda de otra que emprenderlo si queremos llegar.

No se encuentra en el afuera sino en el desandar los pasos, mirar adentro de nosotros mismos, dirigirnos hasta las profundidades.

El encontrarla dicen que es el fin supremo para estos animales superiores que habitan el Planeta sintiéndose dueños, sin embargo antes tenemos que hallar un sentido a la Vida que no sea la destrucción, el poder, el hedonismo, el consumismo de lo que sea al que estamos habituados, pueden ser objetos, comidas, amigos, parejas, libros, drogas, alcohol, al amor mal entendido, a ese que se disfraza de posesión, fiestas, a ser la víctima, a los bajones, a llamar la atención, también se puede ser al bienestar, a la comodidad, al tener más que otros, a la presunción, al creerse que se es alguien por tener o pertenecer o….., no sigo enumerando pues la lista se puede hacer casi interminable, cada quien tiene que ver a lo que es adicto.

Podemos darnos cuenta cuando sentimos la carencia, nos entra el síndrome de abstinencia y queremos a cualquier precio, incluida la vida misma, el salir tras ello, obtenerlo o el acumular por si en algún momento hace falta.

Si es algún deseo el que queremos lanzar a los aires, mejor sería anhelar el poder combatir cualquier exceso que tengamos, volvernos conscientes, encontrar el camino hacia dentro de nosotros mismos para darnos cuenta de quién es que habita en el interior, no de quien queremos creer que es, ese que mostramos «for export» esa máscara que usamos  para tapar lo que llevamos por dentro, incapaces muchas veces de exponernos en la esencia misma de quienes somos pues de esa manera puede suceder que nos demos cuenta que no valemos nada a los ojos de ese mundo ávido de menospreciar para sentirse más, de presumir, al cual tenemos delante o se nos caiga el teatrito que representamos frente a la vida.

Tal vez nos demos cuenta que somos más lo que criticamos en otros de lo que creemos o menos de lo que pedimos a los demás que sean, culpándolos muchas veces de lo que sucede sin hacernos cargo en el asunto de lo que nos corresponde.

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Quizás si hay que desear algo, o si hay que tener propósitos para este nuevo año que se inicia, sería:  

Deseo fuerza para poder dar el cambio de cabeza que es necesario empezar a gestar, en las innumerables batallas que por diferentes cuestiones van a llegar.

Deseo perder el egoísmo, para poder compartir en la lejanía y la cercanía con otros, pues de corazón a corazón todo es más simple, más sencillo y alegra al alma.

Deseo humildad para emprender el camino, poder ver a otros con sus necesidades, no discriminarlo por su aspecto o por su raza o por sus creencias o por su elección, dejar de juzgarlos de acuerdo a nuestra arrogancia.

Deseo tolerancia, no tomar partido sino tratar de poder unirme en las semejanzas con otros que piensan o actúan distinto, que la fraternidad llegue a nuestros corazones y nos haga vibrar a todos en el mismo son, no en la igualdad de opinión o de creencias.

Son anhelos no solo para cada uno de nosotros sino para que el mundo se incremente de seres capaces de dejar de lado lo individual y las propias carencias para ser solidarios en estos momentos en donde aún es tiempo en que todos juntos demos el vuelco y dejemos de separarnos y crear abismos en el medio.

Más allá que solo deseo dejar de desear que si se va a hacerlo sea de aquello que dependa de uno mismo, que no se piense que es en el afuera donde hay que empezar, que no se ponga en riesgo a nadie, que mi holgura no sea la carencia de otros, ser capaz de disfrutar al máximo aquellas pequeñas situaciones que puedan llegar a la vida.

Empecemos a visualizar el mundo con otros ojos, regalemos sonrisas, promovamos la risa de corazón, cuidemos del otro aunque no sepamos quién es, sembremos bendiciones aunque no seamos creyentes, que la bondad, la tolerancia, la comunicación con el otro sea el pilar de nuestro camino, entrar en la contemplación y así tal vez, la bienaventuranza, habiendo perdido el miedo a ese animal salvaje que se la quiere adueñar para sí mismo, que es de las pocas cosas que no puede comprar sino lograr desde el fondo de su ser, se anime a aflorar y nos permita llegar a ella y se alcance finalmente la paz, la serenidad, el gozo y por qué no, la dicha.

Seamos artífices de ella como presente para la Humanidad y para la Vida.

No deseemos ¡¡¡FELICIDAD!!!, regalémosla, la que nace de adentro de cada uno de nosotros por transitar su camino.

***

«Miles de velas pueden ser encendidas a partir de una sola, y la vida de esa vela no se acortará. La felicidad nunca disminuirá por ser compartida.»

BUDA

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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!

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12 comentarios en “LA FELICIDAD

  1. Que hermosa reflexión,,,para mí lo es ,,,deseo sigas escribiendo esto que es para crecer únicamente habriendo los corazones y pensando en el otro ,,,gracias por hacerme tan feliz con tus historias sos lo más ,,,mi querida Themis ,,,te deseo una hermosa navidad y que tengas muchas bendiciones en tu vida cariños a la flia hermosa ♥️♥️🙏🙏🙏

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  2. La felicidad bien puede ser sólo una palabra, Themis, pero la prefiero a otras, y el deseo crece
    al pronunciarla. Gracias por tus buenos deseos. Yo también te digo Feliz Navidad, felices
    fiestas, feliz camino del camino… Que en él tengas salud, paz, armonía y que estos días, como
    otros, como los que vengan sean plenos, auténticos, rebosantes de plenitud. ¡Felices días, amiga!
    Mi abrazo fuerte.

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      1. Desde el centro invariable contemplar los sucesos del mundo externo es mucho más enriquecedor ya que no tiene prejuicios, ni se juzga solo se ve, nos lleva al asombro y de él al conocimiento. Gracias por tus palabras, un abrazo

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