CAMINATA SIN FIN

Cuando la tormenta se acerca

Cada día salgo menos, no me apetece, aunque a veces extraño a la naturaleza, a su verde bañado de esta época, el contemplarla y perderme en ella.

Me fui a caminar un rato a dar la vuelta, rumbo a ese lugarcito cercano a donde siempre llego.

Tomé la calle que me lleva y ahí en los cables de la luz encontré a dos de las tortolitas, muy calmas, tranquilas, pegadas una a la otra haciéndose arrumacos, me gusta mucho verlas, es una sensación de calidez, de compenetración, enamoradas eternas, es lo maravilloso de esta vida, a través de algunos de sus habitantes muestra las delicias que en ella asoman.

*

*

Los árboles habían florecido, las lluvias estaban mostrando los beneficios que se derramaban sobre estas tierras, más allá que había que demandar la moderación, algo se sentía que no era lo acostumbrado y ya habían comenzado los colapsos.

*

*

Seguía mirando todo, un cielo en lucha que se abría por un lado, sin embargo la tormenta estaba detrás al acecho, como advirtiendo que en cualquier momento se lanzaba sin ningún miramiento.

Llegué a la cuesta arriba y me quedé asombrada frente al lugar arreglado, limpio, despejado, las manos humanas habían dado otra hermosa faz al espacio, las plantas como que se hallaban contentas, resplandecían.

*

*

Por un momento me quedé con la boca abierta, pues no lo recordaba haberlo visto de esa manera, las luces bellas lo enaltecían aún más, cuando de repente sin esperarlo, ¡ZAS!, un bólido azul turquesa pasó volando delante de mis ojos que se abrieron aún más frente a la sorpresa.

Fue y se posó frente a mí en la rama de un árbol, hermosa criatura que la creación regala, a los cuales viste de tonalidades brillantes y contrastantes para que den ese toque de color a la monotonía de los verdes- tierra.

-¿Qué haces?- le dije- me agarraste desprevenida, eso me pasa por no ir atenta, gracias por marcármelo, no se puede bajar la guardia.

*

*

-¡Qué hermoso eres!- solo me miró, como si riera y siguió su camino, tal vez deleitándose de la travesura cometida.

Seguí subiendo la cuesta, en eso un cactus, no solo uno, varios, tenían una pequeña ventanita por donde se podía mirar el paisaje, me asomé por ella y un pequeño mundo visto desde una mirilla se apareció, me puse a observar desde distintos ángulos esa visión.

Esas locuras que la naturaleza nos regala para jugar con ellas.

*

*

Llegué al columpio y ahí me quedé, balanceándome.

Entre el ir y venir me fui diluyendo en ese paisaje que se obscurecía, la tormenta avisaba que ya iba a llegar, que estaba cerca, si derramaría su agua o no eso no era posible saberlo, solo que enlutaba al cielo, era hora del regreso. La brisa traía con ella un aire demasiado fresco.

*

*

Al dar la vuelta, ahí estaba el Hermano Sol, siendo absorbido por ella, dejaba unos pocos vestigios de su puesta.

*

*

Entre sacudones de sonidos estridentes, de rugidos que venían del cielo mientras cubría con un manto sombrío todo lo que encontraba a su paso, las luces de la calle se prendieron, así sin que derramara una sola gota, vistiéndose de grises negros, retorné a la casa.

Solo pasó como una masa lóbrega por el firmamento, se alejó con sus estruendos y sus luces eléctricas haciendo gala de su presencia y otra vez sin esperarlo, ¡BLIM!, se iluminó el cielo.

MÉXICO

***

CAMINATA EN VERDE Y AMARILLO

LAS SEÑALES DEL CIELO Y LA TIERRA (1)

CAMINO AL CAMPANARIO

EN BUSCA DE LAS SOMBRAS AMARILLAS

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9 comentarios en “CAMINATA SIN FIN

  1. Hermoso paseo, magníficas fotos. Y sí, a mi me sucede que cada día temo más a las tormentas, pero es hermoso ver el cielo, las aves que se nos cruzan para saludarnos
    o los verdes que nos muestran una belleza espectacular… Es muy hermoso observar
    cuanto nos rodea y caminar sin prisa entre las soledades del paisaje. Muy bella
    entrada, Themis. Gracias.

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  2. A veces cuando por fin le ganamos la partida a la pereza, la naturaleza nos recuerda su existencia con una página entera de mensajes por leer. Es entonces cuando recordamos que la belleza nos aguarda haciendo gala de paciencia. Gracias por compartir ese momento. Un abrazo.

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