HISTORIA DE ANIMALITOS: COQUITA (2)

LA CURIOSIDAD EN DOS PATITAS

Esta historia la escribí hace un buen tiempo cuando recién empezaba la pandemia sin embargo nunca la publiqué quien sabe los motivos y fue quedando rezagada, ahora llegó el momento de presentárselas y de rememorar como se fue dando este patio lleno de plumíferos, en donde Coquita tuvo mucho que ver, fue en gran parte uno de los personajes por quien me fui metiendo en ese mundo de los alados y quienes me han acompañado a lo largo de este retiro no programado debido a ese ente que anda suelto.

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Coquita es una tortolita que viene al patio en donde vivo, junto con otras, sin embargo ella es como mi amiga, con la que tengo más confianza, más relación y cada día que pasa vamos ganando en conocimiento y con ello el acercamiento es mayor.

Si quieres conocer el principio de esta historia aquí te la dejo:

HISTORIA DE ANIMALITOS: COQUITA

Un día estaba yo dentro de la casa, el calor se dejaba sentir como suele ser en esta parte del desierto cuando parece que brama como dragón, que un pequeño infiernillo está guarecido bajo la tierra que como buena solución el ser humano, si así se le puede llamar, lo tapó con cemento el cual hace como de plancha donde se pudiera hasta cocinar en ella, por lo que todo dentro estaba abierto, tratando de que un poco de aire entrara, más allá que no había mucha posibilidad ya que afuera y adentro no se podía diferenciar cual estaba peor.

Tampoco era la hora del mosco que eso es más hacía la tarde, por otro lado no había llovido lo que hacía que estos en una parte no existieran en este período y permitieran las ventanas abiertas.

Ahí me encontraba escribiendo o leyendo, alguna de esas cosas cuando de repente veo una pequeña figurilla que se asoma por la puerta entreabierta, mira para un lado, mira para otro, da unos pasitos, se va acercando a donde estaba, como si estuviera en una indagación. Al verme se hace la distraída, la desentendida, la que no me ve, se da vuelta y comienza a caminar a la habitación de al lado.

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Era Coquita, la exploración le había ganado y había decidido entrar. Estuvo un rato dando vueltas, no la veía pues no dejé de hacer lo que estaba haciendo para atenderla, pues ya era el colmo que hasta dentro de la casa llamara mi atención y la mirara con cara de » ¡Oooooh!, qué hermoso animalito, qué tierno, qué dulce…» y me dejara aún más manipular por ella, pues en esas artes es toda una maestra, ella también ve la necesidad de relación y como se entiende más con el humano, indudablemente saca sus ventajas.

Más allá que su osadía me encantó, me puso feliz el verla merodeando por la habitación.

Dio una vuelta para luego volver a salir y seguir con esas largas caminatas sin sentido en el patio o quién sabe si no está en algún tipo de entrenamiento o manejando la ansiedad, uno no puede entender, pues no sabe interpretar lo que acontece en su realidad.

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Coquita es diferente a todas las demás, tiene algo que la hace única, no es del montón, ella tiene su personalidad bien marcada y definida, curiosa como pocas, donde sea le gusta meterse, tanto así que muchas veces se ha quedado encerrada en el baño, el cual está fuera, ya que en su afán de recorrer, entra, la brisa le juega malas pasadas y le cierra la puerta algo bastante frecuente y ahí se queda hasta que alguien abre y se lleva el espanto, sobre todo cuando es la primera vez y no se lo espera, de que algo se le venga encima, sienta el batir de alas en sus orejas y salga volando por arriba de su cabeza.

Eso sí no aprende o vaya a saber qué es lo que le atrae pues lo sigue haciendo, son esas cosas inentendibles, parece que no solo el ser humano «se tropieza dos veces con la misma piedra» o ¿será que lo hace a propósito?, como si fuera una broma, o ¿ a todos los curiositos les pasa lo mismo? o ¿será a los aburridos? o ¿a los que no tienen nada que hacer? o ¿a los que le gusta explorar?, o…

Pues con eso que tiene su comida solucionada no creo que tenga otra cosa que hacer en su vida cotidiana, ni siquiera esforzarse en volar para ir por diferentes sitios y terrenos buscándola, ya por lo que sé lleva muchos años en donde las dádivas de la vida le dan todo servido, bueno tiene el arte muy bien desarrollado de envolver a los condescendientes humanos y de saber ubicar donde encuentra sus necesidades con más facilidad.

Es la única que sigue entrando a la casa, de vez en vez lo hace, a veces a pedir la comida pues llegó la hora y a mí ni quien me mueva, de ahí que su aprendizaje de ser insistente, de ir y venir, estar en constante movimiento lleva a que uno no pueda concentrarse y termine con un:

-Está bueno, ya voy a darte de comer, ¡quédate quieta!

Otra de las pasiones de Coquita, desde que empezó a crecer el minihuerto es meterse en él.

Al principio eran unas pocas plantas sobre todo el jitomate que más allá que lo habíamos atado para que se sostuviera la cantidad de frutos con los que estaba cargado hizo que se derrumbara parte de él al piso y ahí siguió creciendo junto a la enredadera que ya se volvió rastrera, más allá que busca la pobre algún lugar en donde colgarse parece y lo quiere hacer de las otras plantas pero…..bueno esto es otra historia que otro día se las cuento. ( Aquí les dejo el link por si quieren saberla ya que la publiqué primero)

Después empezó a crecer el frijol que se fue extendiendo cada vez más por el piso pues no había de dónde sostenerlo y quedó una especie de laberinto de hojas y ramas por donde encontró su gran entretenimiento, se pasaba largos ratos entrando y saliendo de él, recorriéndolo, se veía como se movían las hojas y los ruiditos de los pasitos de Coquita sobre las que ya estaban secas.

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frijol

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En los días que hubieron de un gran silencio en donde todo estaba tan callado que parecía que el pueblo estuviera dormido como en el cuento de la Bella Durmiente, que fue durante quince días  que esta parte del lugar fue cerrado por haber llegado la desgracia con el coronavirus y la primera víctima había sido elegida y el espacio acordonado, ahí en esos días en donde hasta los pájaros parecían que respetaban el duelo y ni sus cantos se escuchaban, esos pasitos de ella resonaban y con ellos mostraba que todavía la vida existía y que no todo se había perdido.

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tortolita

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Otra de las cosas que me llama la atención de ella es que generalmente cuando sale de esa maraña de hojas va a la punta misma y allí picotea a las pequeñas que recién están naciendo. Conducta muy asidua que no se que le significa, eso sí es como parte de su ritual, recorrerlo todo, perdiéndose por momentos, para luego aparecer y terminar con ese gesto.

Ahí vamos con ella, entablando un lindo acercamiento, cada vez que puedo la consiento, ahora ha logrado integrar a la Ñandu su pareja, que poquito a poco va perdiéndome el miedo y ya ella solita, se me acerca, sin embargo esto es otra historia, que luego se las cuento, pues realmente es digna de conocerla.

MÉXICO

CONTINUARÁ….

 

HISTORIA DE ANIMALITOS: COQUITA (1)

CRÓNICAS DESDE EL PATIO: EL MINIHUERTO

HISTORIA DE ANIMALITOS: EL DESPERTADOR

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2 comentarios en “HISTORIA DE ANIMALITOS: COQUITA (2)

    1. Toda la razón, así es, me siento en los escalones que son mi platea y ahí comienza la función donde se van presentando los diferentes personajes con sus historias muy particulares, las cuales me divierten y paso un buen momento, así lo veo como mi función de teatro. Gracias Carlos, un abrazo

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