luna creciente

CUANDO EL PORTAL SE ABRE (1)

DELIRIO EN EL DESIERTO

Estaba en el patio, había terminado de darles de comer a las tortolitas, es la hora que  llegan todas juntas en el atardecer cuando festejamos,» la Hora Feliz», la del dos en uno, donde el arroz y el alpiste les dan la bienvenida y las nutren para pasar esa noche que se acerca.

Ahí me había quedado junto a ellas, disfrutando de esos últimos momentos en donde la luz del día se  acaba, donde el Hermano Sol lanza sus tenues rayos y comienza a manchar de colores el firmamento.

En eso estaba en la contemplación, en el silencio donde parecería que el mundo se hubiera vaciado, ni siquiera el sentir de un pájaro en sus postreros trinos del día se escuchaba, ni que sobrevolara apurado el cielo para ir a hacer los últimos mandados.

Todo era una gran calma que llamaba la atención, era como si la matrix se hubiera detenido,  dejado por instantes de marcarnos los movimientos y permitiera fluir en libertad, como si un error en ella consintiera a ese otro mundo vedado aparecer.

Más allá que la gran matrix la llevamos todos dentro, programada desde muy pequeños, donde solo se puede percibir el mundo en la dirección que se nos presenta, la que nos han enseñado para ser aprobados por estos lados, sin embargo ese es otro tema.

Las tortolitas han ido cambiando sus hábitos y ya no se van apenas terminan de comer, sino que aún se quedan un rato esperando que el sol aún baje más en el firmamento para alejarse a sus nidos a esperar la obscuridad.

Mientras sigo platicando con mis acompañantes que muy esponjadas muestran que el frío ya se está haciendo cargo de la temperatura ambiente.

 

 

En eso veo a la Intrusa que allí estaba como siempre sola, alejada de todas las demás.

Me acerco a mirarla más de cerca, hacía tiempo no la veía detenida ensoñando, perdida la mirada en esa lejanía nostálgica que lleva en su alma.

 

 

-Hola- le digo y me pongo a hablarle, ella desde las alturas me mira como reconociendo que es a ella a quien me dirijo, por momentos nos quedamos con las miradas fijas una en la otra.

Luego retoma su mirar lánguido y perdido, quién sabe en qué laberintos se halla dentro de ese corazón de pájaro que habita la soledad hasta el fin de sus días.

Sigo la línea de la visión por arriba de donde ella se encontraba y ahí la veo, esa luna creciente, la que se va a volver la Luna Llena del Castor, la que anunciara que el otoño se acaba y nada mejor para los pobladores del norte de América que la figura de ese animalito para representarla, que para esas fechas antes de que el círculo plateado aparezca tiene que tener toda la comida guardada para pasar el invierno.

 

 

Ahí estaba, pequeñita, perdida en ese vasto cielo, me pongo a fotografiarla y a jugar con ella, encontrándola entre las diferentes varillas que hay en el techo.

 

 

El cielo mostraba ese azul tan típico de estos lugares, una nube se aproxima a ella como que la quiere tapar, cubrir con su manto de humareda.

 

 

Cerca de donde la luna se encontraba varios puntitos blancos se mostraban por momentos, por otros desaparecían, de repente la luz del sol los hacía más brillantes, parecían pequeñas estrellas que se movían.

Me quedo un rato ensoñando, perdida en esas visiones, cuando de repente del otro lado del patio, el que da para la calle, una luz me llama.

 

 

Me acerco, me quedo mirando a través de la puerta de hierro del garaje, algo llama a mi atención, unos cambios que se van haciendo muy constantes, como si el reflector de un faro estuviera bailando desde el cielo.

-¿Qué es eso?- me pregunto- ¿de dónde salió ese efecto?

Entro a la casa, me acerco a la ventana y ahí me encuentro con el portal, hacía tiempo no lo veía con esa forma tan clara, donde a lo lejos parecería que varios focos cruzaran el espacio como si fuera un espectáculo de luz y sonido que se estaba preparando.

Uno de los diminutos puntos se mueve entre las nubes a lo lejos.

 

 

Me quedo absorta mirando, cuando una proyección de luz con total nitidez cruza el espacio frente a mi visión y  se instala .

 

 

No doy crédito de lo que veo, es la ensoñación me digo, es eso, es otra travesura a que nos somete esta mente llena de fantasías inexplicables.

¿Será eso?, tal vez, si lo sea, para en un instante desplegarse el más grande de los eventos de reflectores lanzados desde los cielos.

 

 

Ahí me quedo extasiada, es un regalo indudablemente que se me presenta para hacerme esta tarde más plácida, más de misterio, para mostrarme que la «imaginación» aún puede jugarnos sorpresas que no nos creíamos que viéramos.

Rápido todo pasa, ni siquiera  puedo ajustar bien la cámara, cuando ahí no termina esta danza de acontecimientos.

 

Los focos desaparecen.

Todo cambia.

La luz se vuelve amarilla penetrante.

Las sombras se hacen más marcadas.

Y……………………………………..

 

CONTINUARÁ…..

 

MÉXICO

 

 

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4 comentarios en “CUANDO EL PORTAL SE ABRE (1)

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