desierto

CAMINO AL MONTE: CUANDO MARTE SE VE EN EL CIELO

 

 

«Y es que Marte, no suele rendirse«

 

Me habían dicho que en unas horas tendría a un Marte esplendoroso en el cielo  al cual salí a buscar, me lo quería encontrar, es que en los últimos tiempos todos los planetas parece que quieren estar cerca de la Tierra, como si la estuvieran amparando, dándole ánimos a la lucha que ella lleva para sobrevivir en este Universo desde que la plaga humana  la tiene atrapada como los pulgones a la planta y la están consumiendo.

Era un acontecimiento no muchas veces visto que varios de ellos pulularan el cielo y se pudieran ver a simple vista por lo cercano que estaban del Planeta Azul que cada día le queda menos de ese color y más de la tonalidad del plástico, menos verde, más cemento y tierra yerma que lo puebla para combinar.

Más allá entre el Cielo y ella vaticinaban grandes cambios que se acercaban, donde un sistema muy diferente se iba a ir implantando donde los valores de antaño forjados por mentes escasas iban a ir acabándose para dar cabida a nuevos, nacidos de las entrañas de una nueva civilización en cierne  que con mucha dificultad nacería de una consciencia planetaria que se estaba gestando e irrumpirían abruptamente sin que nada ni nadie pudiera detener ese proceso que se había lanzado a los aires.

¿Será posible que eso suceda?, iba un poco fantaseando, como si fuera un instante de ficción para salir de este nuevo tsunami al que nos había sometido ese virus que pedía obediencia y como buenos occidentales eso no se podía aceptar ya que en la concepción de libertad que se cree que es hacer lo que uno quiere en el momento que se quiere y  someterse a todo tipo de hedonismo, comodidad, sin pensar para nada en la responsabilidad que se tiene con todo el alrededor, en manejarse con los caprichos y con una muy baja tolerancia a la frustración, es un sueño el solo pensarlo.

Así iba cavilando y caminando por las calles del pueblo que hay veces que se me asemejan a grandes pasillos largos con sus muros a cada lado, donde detalles de colores recrean la vista, al igual que esas flores y esos árboles que permanecen grandes y altivos  sobrevivientes de otra época.

 

 

Iba disfrutando todo, pensando en Marte que tal vez en un rato nada más cuando la noche llegara sutil e implacable con su manto negro que cubriría el cielo y lo llenara de pequeños agujeritos plateados como si la polilla hubiera andado haciendo travesuras, saltando de un lado a otro y dándole pequeños mordiscos, ahí de repente aparecería él, fuerte pintado con el color del fuego .

Mientras me deleitaba y me detenía en esos pasadizos hermosos que ahora la Naturaleza creaba y el ser humano con su mano estética lo marcaba para que luciera más y detuviera a la maleza con esas piedras blancas.

 

 

Esos pequeños rincones que aguardaban para deleitarse un instante con las luces con que el Hermano Sol matizaba a esa vegetación etérea que ahí se encontraba.

 

 

Mi alma se regocijaba, dejaba un poco atrás a esa tristeza que a veces la invade en esos días donde por momentos parece que todo desaparece, que no hay remedio para lo que sucede, pues se ha llevado al límite los acontecimientos y mientras hay miedo se actúa con prudencia sin embargo apenas se esfuma otra cosa canta, ya no se piensa en nada y todo lo que se ha reflexionado pasa al olvido y se vuelve a querer regresar a lo de antes, a la inconsciencia y a que otros se hagan cargo de solucionar lo insolucionable, sin ninguna predisposición a un cambio ni a hacerse responsable.

Sin enfocarnos todos a un mismo punto con toda el alma, la mente, el cuerpo y obedecer al Espíritu de los Tiempos, dejando de lado a esas fuerzas obscuras que nos venden baratijas y se comen nuestras energías, estamos perdidos y ahora sí sin ninguna reserva seremos esclavos de esos pocos seres que dominan al mundo y de sus máquinas que ellas serán quienes rijan.

Alcemos nuestra mirada al cielo, dejemos por un instante la «pantallita» por más que nos seduzca metiéndonos en juegos de acuerdo a nuestros niveles de búsqueda, de insatisfacción, de adicción, vivamos la vida, la que va camino adentro de nosotros mismos, es tiempo de conocerse, de saber quién se es, qué se está haciendo en esta Tierra.

Tal vez haciéndolo nos lleguen respuestas, se nos expanda nuestro Ser y nos encontremos con eso que somos que llevamos dentro y no nos olvidemos de ¡VIVIR!, pues esas fuerzas atentan contra la vida a la que cada uno tiene que guarecer dentro de sí mismo y unámosnos a todos aquellos que dan un paso al costado y miran pasar a esas masas que como ratas hechizadas siguen al Flautista de Hamelin.

Actuemos antes que sea demasiado tarde, solo necesitamos mirar dentro de nosotros mismos y de corazón comenzar el camino para llegar a nuestro verdadero centro, ese que no necesita de artilugios terrenales para ser quien es y no se deslumbra en la codicia por los espejitos que los mercaderes de almas nos quieren vender, para que nos regodeemos en esa falsa creencia que tener es ser.

Así iba como perdida en ese espacio, cuando en la subida muchas florecitas amarillas como margaritas silvestres con una magia muy peculiar, con una sencillez y simpleza que se apoderaba del ánimo,  trasmitiendo alegría. Son esos pequeños detalles que nos muestran que la vida transcurre por otros carriles y está a la vera de un sendero de tierra y piedra.

 

 

Ahí iba viéndolas, mientras desenredaba la madeja, cuando el árbol verde que hacía mucho tiempo no veía, hasta se podía decir que lo tenía olvidado, se apareció frente a mis ojos, otro brinco de contento dio mi adentro, se  encontró con su amigo, lo saludé, me acerqué, lo acaricié, le chuleé lo hermoso que estaba deslumbrando en su baño de luces  y seguí el camino.

 

 

Así llegamos a ese lugar mágico donde la sala del desierto está conformada con tres piedras que hacen de asiento para un buen descanso y una buena plática.

En una de ellas, ahí me señalan un fósil incrustado, petrificado de un caracol de esos que poblaron el lugar hace millones de años. En ella me senté.

 

 

La plática nace, en eso se estaba hablando de la hermosura que rodeaba, cuando de repente todo comenzó a teñirse de rojo.

-Mira esa nube vertical- la cual estaba a mi espalda.

Me doy vuelta y me encuentro con una puesta de sol de un carmesí intenso de fondo azul añil, con una nube que rompe los estereotipos, como una llamarada que baja de los cielos.

 

 

El color de Marte está en su apogeo, lo ha mandado para que lo precediera, ahora que la noche caiga el resurgirá de la luz y se mostrará frente a mis ojos que salieron a encontrarlo.

Sin embargo había otra figura escondida allí en el pleno firmamento, era ELLA, si que con dulzura se asomaba, al lado de unos cactus columnares, luciendo lejana, tranquila. No la esperaba, otro detalle que la vida regalaba.

 

 

Entre plática y saboreando una deliciosa naranja la noche había llegado, el frío ya se dejaba sentir, era hora de emprender la bajada y él no aparecía, no se divisaba por ningún lado, sin embargo esa visión del cielo rojo dejaba a uno embelezado, era como si su presencia allí estuviera representada.

 

 

De regreso ya en el pueblo, cuando tomamos la calle donde la casa se encuentra, ahí en lo alto, para mi sorpresa, estaba ÉL, Marte, radiante, grande, rojo, vibrante, solo, solito en esa negra inmensidad en que se había convertido el infinito y desde ahí antes de entrar recibí un gran abrazo que me cubrió, lo agradecí con una sonrisa que lancé al aire para que llegara  al otro lado del océano y sellar con ella un encuentro en esta noche de Luna Creciente en donde el Gran Guerrero se acercó a la Tierra .

 

MÉXICO

 

ZAPOTITLÁN SALINAS

 

 

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6 comentarios en “CAMINO AL MONTE: CUANDO MARTE SE VE EN EL CIELO

    1. Gracias Eva, no sabes cuánto me alegra, la verdad que el atardecer y ese día, ¡ tan especial! dieron lugar a esas fotos y el caminar, el estar en la que se está hace que uno reflexione y como quien dijera fue un poco en voz alta. Otro grande para tí y un fin de semana hermoso

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