Encuentros
Habíamos salido a caminar al monte, veníamos de días de mucha lluvia y el terreno estaba un poco enlodado, aunque no se veía en la superficie sino cuando uno se apoyaba en lo que creía tierra firme y se hundía.
Llegamos a un muro de piedra construído a la usanza antigua donde se encontraba un pozo de agua salada de la cual se extrae la sal de mar, aquí en el centro del país, industria que viene desde la época prehispánica y aun hoy se sigue produciendo a ese oro blanco como se le conocía, con las técnicas ancestrales de más de dos mil años,.
Esta sal es como si fuera un fósil, pues tiene millones de años en estas tierras; es rica en minerales, como calcio, magnesio, potasio, yodo, manganeso, a su vez es baja en sodio.
Los yacimientos de agua salada vienen desde hace millones de años cuando toda esta sierra mixteca estaba bajo el mar, más de 50 se calcula que pueden haber pasado y aun hoy día llega este elemento a nosotros.
Junto a él se encontraba una biznaga con sus frutos que con su color rosado fuerte brinca en ese panorama desértico, mientras comía esos deliciosos chilitos agridulces como se le llaman, miraba dentro del pozo, donde se reflejaba algunas plantas y el cielo.
La construcción en piedra viene desde la época de la Colonia, alrededor del 1800, donde muestra la escalinata que asemeja una pirámide que emerge de la tierra.
Seguimos el camino, cada vez más el lodo se iba haciendo cargo de él y había que andar muy atentos para saber donde pisar y que el pie no desapareciera dentro de la huella que quedaban bien marcadas y profundas.
Contemplaba las enormes paredes que hacían que la luz del sol se ocultara y anunciara que su puesta ya estaba cerca, lo obscuro se iba encargando del momento, hasta llegar a algún lugar más abierto donde de nuevo devolvía sus tenues rayos, como un juego que se había entablado, haciendo creer que lo anterior solo había sido una ilusión o preparaba para lo que sobrevendría.
Estábamos por el rumbo del Jardín, ese punto mágico en esta región, rodeado de cactus columnares y otras especies de cactáceas, un espacio digno de conocerse.
Habíamos tomado por un nuevo camino para mí, por los cauces de agua que iban a desembocar al río que cruza el lugar, el paisaje se transformaba parecía que uno hubiera aterrizado en otro mundo.
En eso estábamos andando por un pasadizo tapado de vegetación, como si fuera un túnel y en el instante que salimos de él, el camino se cierra. Un terreno de arcilla mojada, que nos detiene sin poder conseguir un espacio por donde atravesarlo.
De repente ahí atrás de un árbol se apareció Ella, cuando menos la esperaba, ahí estaba, reluciente, mágica, esbelta, me quedé admirada de verla, no sabía que me la iba a topar, tan así de repente, en una vuelta que dio el camino, que el lodo impidió seguir y la visión enfocó hacía otro ángulo.
Esos encuentros sorpresivos, con los que últimamente me recibía, estaba en su cuarto creciente, no llevaba mucho tiempo de haberse asomado con esta forma e iba camino a transformarse con los días en la Luna Llena de la Cosecha.
Los mosquitos comenzaron a aparecer como si estuvieran esperando alguna víctima para lanzarse todos sobre ella, de esa manera no quedó de otra que dar la vuelta y retornar por el camino que se venía.
Ya el atardecer se estaba acercando, las nubes comenzaban a teñirse con los colores de la puesta, las paredes se veían aún más hermosas.
Tomamos otro camino para el regreso, a lo lejos se divisaba la salina por la que habíamos pasado, habíamos dado una gran vuelta.
Las siluetas emergían y se retrataban con los colores del cielo.
Los montículos sobre las paredes con formas singulares esculpidos por las lluvias, con sus cactáceas creciendo en sus cúspides como pequeños jardines en lo alto.
Poco a poco fue obscureciendo, la noche cubrió con su manto, allá a lo lejos estaba Ella, entre las montañas que vueltas sombra se estampaban en ese cielo azul añil.
Así con paso constante dejamos atrás al monte y su penumbra para entrar poco a poco a la zona poblada, con ella la luz de las calles apareció para mostrarnos con más claridad que ya habíamos regresado a la civilización, que la obscuridad había quedado atrás al igual que el silencio y aquella inmensidad que nos rodeaba.
MÉXICO
Foto encabezado: Diego
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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!


Gracias por rebloguear, que tengas un lindo día, un abrazo
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Precioso como siempre, me encanta. Un abrazo
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Gracias, son los paseos y es tan grande que siempre que agarras un camino nuevo te encuentras con algo que no conoces, muy hermoso, gracias hay que dar por ello. Un abrazo
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Gracias querida amiga por descubrir una y otra vez la magia y el encanto de las cosas sencillas. Tus relatos son tan naturales, tus ojos tan limpios, tus palabras tan verdaderas que los disfruto cada vez, y ya va haciendo años que te leo. Un abrazo.
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Gracias a tí Isra, por esto que me dices, pues hay veces que pienso que es una visión repetitiva, sin embargo es la que tengo, cambia el ambiente a veces o las situaciones la forma de verlas son el mismo viaje. Te mando un abrazo grandote y feliz semana. Me dio mucho gusto tu comentario
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Gracias Themis, es una bella excursión por una tierra que deseo respete por siempre la ambición de los hombres. Un abrazo.
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Gracias Carlos, difíciles ese deseo, la ambición por el momento será primero, más allá espéremos que algo se conserve, agradezco a la vida que me haya dado la posibilidad de conocerlo, de caminarlo así todavía sin tanto alambre bordeándolo y zonas restrinquidas. Un abrazo
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