Cuando ya entró el otoño entre octubre y noviembre
y comienzan a sentirse los primeros fríos congelados los cuales fluctúan con días de un intenso calor, es la época del año en que el cielo está en toda su ostentación, a lo largo del transcurso del día, va cambiando su manera de mostrarse como si quisiera exhibirse en sus miles de transformaciones.
Las nubes son su acompañante, las que logran crear un mundo muy especial que varía de lo fantasmagórico a lo fantástico que cubre toda la atmósfera de un clima muy exclusivo.
Son ellas quienes le prestan sus vestidos para que engalane a la montaña.
Había amanecido con un sol increíble que coronaba el espacio, el calor se dejaba sentir.
En un momento el día se fue poniendo gris, como la mayor parte de las tardes, donde las nubes comienzan a entrar y con ello hacen llegar al frío que se cuela entre la ropa acompañado de pequeñas gotitas, tan milimétricas que flotan y es imposible detenerlas.
De repente se sintió la lluvia que con su cantarino ritmo marcaba el momento de dejarse llevar por ese son que apacigua al pensamiento, lo hace dejar de divagar por recónditos rincones, bombardear con ideas incoherentes, fijarse en cosas que no tienen que ver con el instante.
Compenetrada con esa cadencia fui entrando en otra frecuencia, con la cual se detiene al tiempo, ese que maneja la mente y así por largo rato uno se queda como sumido en lo eterno.
En eso estaba cuando me doy cuenta que las gotas ya no se sienten, la lluvia se había retirado y el Cielo parecía que se hubiera despejado. La luz vuelve a entrar por la ventana, tenue, muy tenue.
Algo me hace ir hacia ella para ver qué es lo que sucede fuera.
Ahí lo veo……..

A lo lejos se estaba conformando
un escenario en blanco y negro

donde la luz se cuela
dejando vislumbrar esos cambios sutiles
que van abriendo:
El espectáculo de los Cielos

Es el tiempo en donde los copos blancos danzan con la Tierra, se mezclan, se aparecen y se desaparecen, la Altura cubre a las montañas, para luego volverlas a develar y que se muestren rodeadas de sus algodones y sus gasas.

Me quedé transportada por un rato viéndolas moverse delante de mis ojos, sin otra cosa que hacer que contemplar.
Uno se va, se deja llevar por ellas, suelta todo aquello que está cargando y se impregna de su ligereza, de su volatilidad, de su aflojarse ante la brisa que las empuja y les hace florear en remolinos de humo blanco que se enredan en sí mismo.
Es cuando las nubes toman la cañada como su espacio para deslizarse.
Poco a poco van entrando,

poco a poco absorben la tierra que tienen delante,
poco a poco se extienden,
como una bocanada blanca
que hace desaparecer todo a su paso,

mientras en ese jugueteo
van dejando zonas al descubierto,
para taparlas luego,
para volverlas a destapar,
para envolverlas después,
para desenvolverlas,
para jugar esa loca travesura
de vestir y desvertir a la montaña.
Es tan asombroso su juego, como si el Paraíso bajara y cubriera con su toga las áreas más altas de estas tierras.

Al fin bajó la nube y lo cubrió todo.

Sin embargo en la noche, la magia se volvió a presentar en esa fantasía tan real.

Asomada desde la ventana me hundí en esa visión, en esa «mas-nada», que rodeó todo mi horizonte mientras agradecía y me despedía de ese día tan asombroso en que el Cielo bajó a retozar con la Tierra.
Desde la Ciudad de las Nubes
Oaxaca
MÉXICO
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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!


Qué precioso Themis, es como viajar desde casa.
Un abrazo.
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Gracias así es, en esta época el Cielo regala muchas imágenes muy bellas, que te dejan ahí contemplándolas y como dices viajando através de ellas. Un abrazo
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🌹🙋🏼♀️
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Precioso, Themis.
» vestir y desvestir a la montaña», qué bella imagen.
Un abrazo
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¡Qué bueno que te gustó!, es algo que disfruto mucho y me quedo largos ratos contemplando pues es tan irreal por momentos, es como estar un ratito en el Cielo. Un abrazo y lindo fin de semana
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Son una imágenes maravillosas, acá le decimos navegar sobre un mar de nubes. Gracias por compartir estos momentos. Un abrazo.
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Gracias Carlos, es como andar flotando en ese hermoso mar, es un deleite levantarte y encontrarte con ese paisaje. Un abrazo
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