«AÑO NUEVO, VIDA NUEVA»

«Con salud y con prosperidad»

Desde muy pequeña el Año NUEVO era para mí una etapa de transición o mejor dicho de entrada a la ETERNIDAD, en ese instante la VIDA se volvía un continuo hasta principio de marzo donde retomaba su curso, el reloj era quien se hacía cargo de los días, las rutinas volvían a apoderarse de todos los movimientos y todo volvía a ser lo que la «Sociedad» decía que debía ser.

Lo que marcaba ese inicio para mí era una voz, la voz de Alberto Castillo un médico ginecólogo argentino que se había vuelto cantor y actor. Con su:

 

«Entre pitos y matracas,

entre música y sonrisas

el reloj ya nos avisa

que ha llegado

un año más»

 

Desataba mi contento, era mi gran locura empezar el año con ella.

Mi padre preparaba el radio en la estación que después que sonaban las campanadas de las 12 horas dejaba escuchar los compases que para mí desencadenaban un gozo sin igual, era cómo que comenzaba el permiso para no tenerse que cuidar de lo que la «SOCIEDAD» como se le llamaba en aquella época a esa entidad abstracta, siempre presta a juzgar, a estar pendiente de lo que el otro hacía, desapareciera, era el distintivo de que ahora la VIDA comenzaba y tomaba la rienda del transcurrir.

Sucedía que en ese momento salíamos de la ciudad y nos íbamos rumbo a la casa de la playa donde pasaríamos los próximos meses. Ahí la vida sucedía de forma distinta, no había que cuidar un sin fin de maneras que en la ciudad se daban por descontadas que así debían de ser, más siendo mujer ya que las niñas no debían comportarse de muchas formas, debían vestir vestidos almidonados, sentarse adecuadamente, estar siempre bien peinadas, siempre tenían que estar muy monas y juiciosas, si no se volvían el hazmerreír de las otras niñas, que muy prestas se volvían a censurar a aquella que trasgredía las normas estipuladas y a hacerles como ellas decían «la ley del hielo», donde nadie le hablaba y todos se distanciaban.

No había escuela, no había obligaciones, toda la atmósfera era más relajada, el mundo se ampliaba, uno podía alejarse sin problemas por el bosque, solo estaba la restricción de ir a la playa, un grito de la madre nada más hacía que todos saliéramos corriendo de regreso y nos presentáramos.

Todos los vecinos se conocían, los cuales eran muy pocas familias desparramadas entre bosque, playa, arena, dunas, donde el aire corría suelto y resuelto, donde no tenía límites ya sea para volverse tempestad, ser la brisa más revoltosa o ser la frescura que acaricia frente al calor agobiante.

El Año Nuevo comenzaba también con ellos, se iban juntando rumbo al mar, al club social, como se le llamaba a una mínima construcción que oficiaba de sede, eso sí tenía pista de baile y patinaje.

El vecino más lejano y toda su familia, después de las 12 horas partía, rumbo a la casa más cercana, los integrantes se unían a ese desfile, tocando distintos instrumentos de percusión, previamente se habían disfrazado con algún atuendo improvisado que provocara risa y diversión, casa por casa se iba visitando y así se formaba esa comparsa que iba llevando alegría por las calles obscuras donde sólo un foco tenue en las esquinas principales competía con las luces de las estrellas.

Así se llegaba al Club, donde después de sacarse sus disfraces ya que el calor generalmente se dejaba sentir se volcaban al baile, mientras los niños correteábamos por los alrededores bajo los ojos supervisores de las abuelitas que no tenían problema en cuidarnos y consolarnos sin importar hijo de quien éramos.

La acordeón acompañaba a algunos de los vecinos llegando al lugar nomás, «La Tarantella Napolitana» soltaba a todo el mundo, mayores, jóvenes, niños, a brincar y bailar, luego «La Raspa» hacía de las suyas y se desataba la alegría, que ya en más de uno las copas la acompañaban, se habían aflojado y se permitían salir de adentro de sí mismos y ser libres.

Una vez que los acordeonistas habían acabado con su repertorio le llegaba la hora, a la orquesta que más de uno la aceptaban por no desilusionar a un vecino muy querido, que era loco por la batería y el único lugar que tenía para esparcirse era ese día en el club y algún que otro baile que durante el año se celebraba.

Música moderna le llamaban más allá que muchos amantes del tango, el cha cha chá, el mambo, tenían que hacer el esfuerzo para no desairarlo y bailaban un poco, para luego sentarse un rato a descansar.

Los jóvenes trataban de hacer el esfuerzo y la pista se volvía de ellos, más allá el problema no eran los temas sino la forma en que tocaban, ya que eran un grupo de vecinos que la presentación era también el ensayo.

Luego el tango se volvía el señor de la pista con grandes maestros del firulete que las parejas se hacían a un lado para disfrutar la exhibición, todos los ritmos de la época que un viejo tocadiscos hacía sonar y hasta la madrugada seguía el baile.

Así transcurría el comienzo del año, mostrando regocijo, júbilo, muy modesto era, no se necesitaba mucho para alegrar al alma.

 

Desde este viejo año que ya se acaba, les propongo a todos un inicio con sabor a certidumbre de que todo puede ser mejor si cada uno de nosotros somos capaces de tomar conciencia de los sentimientos que lanzamos al Universo, los cuales  se transmiten, llenando el aire con su vibración y sin darnos cuenta muchas veces acrecentamos con ellos, situaciones que decimos repudiar, como la ira, la violencia, el rencor, la discriminación, el egoísmo, el fastidio, el enojo y con los cuales alimentamos la destrucción que nos está devastando.
Intentemos equilibrar con una contrapartida, que el aire a nuestro alrededor resuene con el gozo de simplemente estar vivos y agradecidos.
Un Año Nuevo donde el miedo de paso a la unión de todos, que las sonrisas sean las respuestas a la cercanía con el otro, donde la solidaridad aleje al distanciamiento, donde la alegría del Espíritu sea prioritaria a la búsqueda de lo material, que la fe reine y un mundo de confianza, donde la Vida renazca se presente.

 

Que nuestro primer propósito sea ir camino a: SER MEJOR

 

¡¡¡¡¡¡¡¡¡ FELIZ  AÑO NUEVO A TODOS !!!!!!!!!

 

ESTÉN CONTENTOS CON LO QUE SON Y CON LO QUE TIENEN

 

SONRÍAN LA VIDA SE LOS AGRADECERÁ

 

Aquí les regalo la canción

 

 

 

México

 

 

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5 comentarios en “«AÑO NUEVO, VIDA NUEVA»

  1. Tengo un buen recuerdo de mis Nocheviejas infantiles, también bailamos «la raspa» en alguna ocasión.
    Me ha gustado leer el recuerdo de las tuyas pues transmiten alegría y libertad.
    Bellas tus palabras, me gustaría poner en práctica lo que sugieres pero no sé si me va a salir. Lo intentaré.
    Sea como sea, que tengas muy feliz año.

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