Desde que llegué a Uruguay una de las cosas que llamó mi atención fue la proliferación de murales que se encuentran ubicados en diferentes lugares, tanto en Montevideo como en el interior.
El arte ha ido ganando las calles y diferentes movimientos se gestan a lo largo del país.
Uno de ellos es el que se desarrolla en San Gregorio de Polanco, en el Departamento de Tacuarembó, fue el primero que comenzó, allá por los años noventa.
Tomé mi mochila y me fui un poco a la aventura para ver que me encontraba, por aquellos rumbos, desconocidos para mí.
Desde la salida de Montevideo pude ver plasmado un gran mural acerca de diferentes oficios.
Fui durante el viaje tomando fotos y observando el paisaje, sus carreteras rectas donde difícilmente se encuentra una curva, hicieron del viaje un suave deslizarse.
Su campo, con terrenos plantados con alfalfa y cebada, que dan un hermoso colorido verde que distiende la mente llevándola a perderse.

Unido a ello el paisaje de pradera, donde pocos árboles o cerros se encuentran que rompan la visión lejana, dando la impresión que la Tierra fuera un círculo plano, donde el horizonte se une al suelo.
El ganado disperso a lo largo de las hectáreas de campo, donde pacen tranquilamente sin necesidad de caminar demasiado, salvo para guarecerse en momento de sol intenso en árboles plantados para tal fin.
Un territorio surcados por ríos que lo atraviesan dando colorido y majestuosidad al entorno.
Los grandes parques eólicos que también proliferan en el país, poniendo a Uruguay como líder en la región latinoamericana en producción de energías renovables, lo que lo está volviendo soberano al estar dejando de ser dependiente de energías «no renovables». A fines del 2016 se espera que sea el país del mundo con mayor porcentaje de energía eólica.
El camino del tren con su puente que se asoma através del paisaje.
Poco a poco atardecía y el cielo celeste que lo caracteriza fue impregnándose de todos los colores dando una magia renovada al viaje.
Y así, a medida que la noche con paso lento se hacía cargo, llegué al pueblo.








