«EL AGUJERO NEGRO ERUCTADOR Y QUISQUILLOSO»

Cuentan los que saben,

esos que desde tiempos inmemoriales se dedican a mirar el cielo, ese espacio infinito lleno de puntitos en las noches oscuras, que el firmamento los atrapó y cómo no iba a ser con las cosas que en él suceden. Con el paso del tiempo, se fueron sumergiendo cada vez más en los enigmas de allá arriba, donde cada día los misterios se abren, se resuelven o se les inventa una explicación para vaciar la lista de pendientes. Todo esto para dejar que otros nuevos se asomen, dándonos cuenta de que, cuando creemos haber llegado a la respuesta, un sencillo «disparo» cambia las teorías conocidas y le da la vuelta al Universo como a un calcetín.

Esas teorías también van marcando la evolución del ser humano: su psicología, su filosofía y esa relación con el macrocosmos tan parecido a sí mismo, donde ambos se unen para sentir reflejos similares y comprobar, cada día más, aquello de que «como es arriba, es abajo», como dijo el gran Kibalión y si por casualidad no saben quién es, pregúntenle a la IA que ella se encarga de resolvernos todo, hasta de preparar la respuesta que queremos oír, pues eso de leer e investigar, con seguridad que quedó perdido en esos tiempos inmemoriales, donde….bueno… mejor lo dejo para otra vuelta.

«Conócete a ti mismo y conocerás al Universo», dicen, ya que las leyes superiores de ese macrocosmos, ese gran plano espiritual y el microcosmos, el ser humano, tan material y físico, no son más que un espejo de lo que sucede en las alturas y viceversa, aunque usted no lo crea.

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Pero, miren ustedes, que no era de eso de lo que les iba a contar. Hay tantas anécdotas en esa «morada espiritual» que, si nos quedamos muy compenetrados mirándola, terminamos replegándonos hacia ese punto exacto donde todo empezó: el origen y la transformación. Tal cual nos sucede a nosotros mismos: si nos metemos en nuestro laberinto interno, llegamos al instante preciso donde podemos dar la vuelta y volver a empezar una y otra vez. Podemos derrumbarlo todo para reconstruirlo, solo necesitamos la fe necesaria y la audacia de lanzarnos al agua, confiando en que flotaremos. Para ello, solo necesitamos echar la cabeza hacia atrás, mirar al cielo, perder el miedo a nuestra finiquitud,  no oponer resistencia y dejar que esa mano invisible nos acoja y nos transporte.

Tampoco era de esto de lo que les iba a hablar, pero la mente da vueltas y vueltas; no para nunca de hilar hacia un lado y hacia el otro. Tiene ese afán de ser tejedora de grandes proezas, pero también de entuertos que colapsan hasta al más estructurado. A veces la mente nos hace anhelar cada cosa, que mejor es ni repetir… y, sin darnos cuenta, llega el instante en que nos encontramos frente a frente con nuestro propio pedido y exclamamos: «¡Esto no es lo que yo quería!».

Es lo mismo que sucede cuando uno encarga algo por Amazone, unas cucharas, por ejemplo y recibe unas cucarachas de Madagascar, que están tan de moda como mascotas y que, por si fuera poco, no ocupan mucho espacio y se las puede transportar a donde se quiera. Y ahí ya no hay vuelta atrás; devolverlas es tan complicado que uno termina aceptándolas y, en cuanto se cansa de los cuidados que hay que prodigarles, las suelta en algún lugar donde no le molesten. Porque eso sí: es muy importante que pensemos solo en nosotros mismos y en lo que nos afecta, todo lo demás sale sobrando.

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Así empezamos a sembrar esas especies exóticas que invaden el ecosistema por falta de depredadores y lo llenan de enfermedades, por ejemplo, o combatiendo a las autóctonas hasta volverse dueñas y señoras. Como la cotorra argentina en España, que aparte de insoportable con sus gritos, no deja cosecha en pie o la pitón de Birmania, esa que introdujeron como «dulce mascota» en Estados Unidos y luego, cuando ya no pudieron con ellas, las soltaron, se reprodujeron sin límites y han llegado a diezmar al noventa por ciento de los mamíferos nativos.

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Enormes «agujeros negros» alargados que, además de provocar algún que otro colapso nervioso a los pobladores (naturales y no tan naturales), no debe de ser nada bonito encontrárselos dentro de casa o paseando por la acera. Se van tragando a todos esos bellos animalitos: conejitos, venaditos, mapachecitos y toda una gran cantidad de «itos».

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Pero dejando de dar vueltas, les iba a hablar del «agujero negro eructador», ese que descubrieron los que saben, esos que miran al cielo como embebidos. Ese que rebate todos los supuestos, mostrando que no siempre las cosas son como se aseguran. Entre tantos astros igualitos comportándose como es debido, siempre aparece algún «loquito» que rompe la suposición y se encarga de mostrar lo inesperado.

Sin embargo, pensándolo bien, he decidido con total convicción y entereza dejar este «bla, bla, bla», que quién sabe a dónde quiere ir y, por otro lado, no tengo muchas ganas de averiguar,  para otro día. Por lo tanto, tendrán que hacer acopio de paciencia (cosa muy buena en esta época de incertidumbre: cosecharla, practicarla y aprender a esperar sin desesperar, aunque esto último sea lo más factible cuando la humanidad lleva la espada de Damocles sobre la cabeza con tanto «colifato» mesiánico suelto que se cree dueño y señor de la Tierra, porque ésta le fue heredada desde arriba y a algunos prometida, por lo menos una parte de ella ) y por qué no, ¿expandir los dominios al Universo?.

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Por lo tanto, el «agujero negro eructador y quisquilloso» tendrá que esperar hasta la próxima entrega. Ese que eructa, siguiendo la mejor costumbre de Shanghái, donde es un cumplido, o de la tundra, donde es un gesto de buenos amigos, pero que es un gran insulto en España y ni se diga en América que lo heredó de ella. O, dicho de otra forma: ese agujero que suelta la luz y deja que se asome, después de tragarse un sinfín de estrellas descuidadas que se sintieron atraídas por ese «Narciso seductor», con su estilo «darketa» . Él se las deglute y, rompiendo toda expectativa, irradia su pelambre anaranjada…

CONTINUARÁ….

«Aunque esta historia puede estar inspirada en eventos reales, ( como el agujero negro) todos los personajes, diálogos y eventos han sido modificados o imaginados con fines narrativos. No busca representar fielmente a personas o situaciones reales»

Nos vemos en la próxima entrega celestial, si la hay, las esperanzas han muerto, «…only God will know, what will be, will be…» .

MÉXICO

MARZO 2026

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Agradezco fotos tomadas de internet

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