UNA NUEVA VUELTA A LA ESPIRAL
Día tras día te contemplaba, todos las jornadas te sentía. Eras un llamado constante a mis sentidos, observando cómo, en un silencio sagrado te apagabas. Tus colores antes vibrantes, en un rito se entregaban al olvido, la tonalidad de la tierra se iba haciendo cargo de tu ser.
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En ese paso graduado, me mostrabas un juego que habías empezado en ti misma junto a quien te dio la vida, para ir liberando los últimos alientos con una elegancia que sorprendías.
Te miraba, y dentro mío comprendía la urgencia de aprender a morir, ese arte de desvestirse de la materia para habitar una esfera sin tiempo.
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En ese declive rítmico me enseñabas que la vida no se va, sino que se reintegra, hasta que da su último suspiro, con total gratitud y devuelve de esa manera sus últimos rastros de aire al infinito que la espera.
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Eras una hoja del chayotero, de ese que estaba creciendo rumbo al cielo para tejer el techo, que en el verano refrescara del calor intenso.
Tu matiz de un verde casi místico y etéreo, casi pastel, bendecía el entorno con los destellos juguetones, delicados y suaves.
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Me complacía ver como se desplegaban, como se aferraban al cordel que era su guía para expandir su esencia.
Las flores amarillas, no eran simples adornos sino la vanguardia del fruto, ese que se gestaba dentro, como si fuera el símbolo que asomaría, trofeo de la creación.
Crecías, crecías, con una fuerza que me atraía, había en tu naturaleza algo que te consagraba como maestra, esa autoridad que emana de quien sabe, quién es y para qué está aquí.
El único fruto que tenías se expandió, se hizo grande, henchido de existencia y aunque el tiempo de la cosecha llegó, nadie se atrevió a tocarlo, como si se respetara su soberanía para decidir el instante exacto del desprendimiento.
¡Qué delicia de vida la que regalabas!.
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Poco a poco, tú, una sola hoja te convertiste en mi enfoque, fuiste quien me atrajo, quien trocó en mi espejo. Fuiste el oráculo que me mostró la impermanencia, como una obra de arte viva, que se transforma para retornar a la tierra misma, en ese instante en que se rinde para volver a ser polvo.
Y en ese paso me decías…
«Del polvo veniste y al polvo regresarás»
Escucha con el alma y mantente despierto. En ese fugaz trayecto entre los dos polvos, elige regalar vida. No siembres muerte, pues ella reclamará su reinado en su propio tiempo.
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No apresures el paso con el peso de tus condenas, con las tormentas de tus juicios caóticos, ni con esa ira que te encadena. Suelta la sed de poder, la arrogancia de creer que tu razón es la brújula del mundo. Despójate de la envidia y la competencia, esas que sutilmente se cuelan disfrazadas de falsa benevolencia.
Solo así, en la quietud del vacío, podrás encontrarte con tu libertad. Desde allí, entrégate sencillamente al gran evento de vivir, contemplando con asombro el milagro que late a tu alrededor y de esa manera, cuando el instante llegue de remontar el vuelo eterno nada detendrá tu regreso a la luz.
MÉXICO
ENERO 2026
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SOLTAR EL LASTRE, VESTIR AL VIENTO
EL DESCENSO DEL ANACORETA DEL SILENCIO
LA SUAVE CASA DE LA EXISTENCIA
EL CIELO SE PIERDE EN EL INFINITO
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