TILICHES EN EL FIRMAMENTO
Lo miraba desde abajo, espectadora de esa escenografía que él mutaba con un criterio agudo. En un tris, el invierno corría los muebles del firmamento y probaba a darle un giro a esa sala vacía que llamé Suspiro para nombrarla de una forma poética y no decir sencillamente: aire..
El frío se aposenta con la parsimonia de un gran señor; llega con levita y sombrero, y decide que se queda. Observa desde la altura y, con dedos de escarcha, va vistiendo al cielo con los matices del invierno. Es un artista soberbio remodelando sus aposentos, colgando cortinas gruesas y pesadas para que el tiritar de los mortales, no se cuele en su refugio.
-Que sean los rosas-decía de pronto el frío, buscando compañía. Pero él mismo, cascarrabias y juguetón, se contestaba:-¿Cómo va a ser ese color, si el rosa evoca calma, amor y quietud?. ¡Así no es el trato!.
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Decretó, entonces, que el cielo debía ser gris. Un gris plomizo para empujar a los seres hacia adentro, para obligarlos a meterse en sus propias grietas y purgar allí sus penas y delirios. Para que, al menos por un instante, reconozcan que el que habita en el silencio no es el mismo que interpreta ese papel ruidoso en el afuera.
¡Ay, ese teatrito de poca monta!. Ese escenario que los hombres ensamblan para convencerse de que son reyes, monarcas de un espacio reducido y estático o también pueden ser víctimas, eso sí, en un mundo que no gira, porque saben que, si lo hiciera, todos sus «tiliches» caerían hasta sepultarlos.
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Los colores del cielo varían según el curso del delirio humano, que no sigue rutas determinadas, sino que rebota hacia cualquier lado. De pronto, el frío ensaya los amarillos: la desesperación. Esa tonalidad le gusta, porque los sacude, los mueve y los obliga a aceptar que existe un universo mucho más vasto dentro de esa piel que habitan.
Sin embargo, el humano, siempre buscador de la vía fácil, que no le cueste ningún trabajo y si puede estar echado mucho mejor, corre hacia las batas blancas en busca de una solución ajena, en lugar de hallar la medicina en su propio centro. Y aparece entonces la pastilla milagrosa, esa que no hace más que tumbarlos en el olvido: “Duerme, duerme, hasta mañana y hasta un día entero mejor”. Así suena la nana…
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«Así te he de encontrar yo», susurra el invierno, «cuando te lleve por el camino donde lo mundano se apaga». Allí todo se oscurece y, a la vez, fulgura. Allí se camina con paso lento hacia ese juicio que un día te harán tus ancestros; ese juicio que brotará de tus entrañas, donde no podrás negar que los días se agotan y que tantas cosas quedaron sin resolver.
El cielo se sigue pintando con manchas de eternidad, marcando el instante en que todo se acaba. Y ELLA, la luna triste centinela que se asomó, es cubierta por una nube de color gris ceniza que la guarda y la protege. No vaya a ser que la pobre vea cómo el mundo se desmorona mientras tú sigues ahí, tumbado, como si nada.
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¡Despierta, ser dormido! y verás. Despierta desde lo más profundo de tus entrañas, pues nada es más notorio que la calma que precede a la tormenta. Tras el vendaval, sobrevendrá la gran serenidad, esa que llega cuando purgas tus culpas y, con la sentencia a cuestas, finalmente podrás descansar.
Ya no hace falta cubrir la fachada; el juego terminó y ya mostraste tus cartas ante ese Ser Superior que, más allá de nombres o formas, habita en el infinito y respira dentro de ti. Ese Ser te pedirá cuentas. Tal vez sea un Dios, tal vez el universo, o tal vez seas tú mismo frente al espejo de la eternidad. Las cartas están echadas y, como buen perdedor, intentas mentir en la última apuesta… pero la Verdad ya te ganó.
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Despierta, ser dormido, que aún estás a tiempo de empezar a ser tú mismo. Perdona y perdónate; acepta y acéptate; deja ya de armar guerras innecesarias contra lo que sea.
Sé tú. Vive. Ese es el consejo mayor, mientras yo, el Invierno de tu Vida, sigo pintando el firmamento; vaciando mi paleta sobre tu abismo para que comprendas, al fin, que tú eres el lienzo, el pintor y en ti llevas a la eternidad misma .
MÉXICO
DICIEMBRE 2025
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EL CIELO SE PIERDE EN EL INFINITO
SOLTAR EL LASTRE, VESTIR AL VIENTO
EL DESCENSO DEL ANACORETA DEL SILENCIO
LA SUAVE CASA DE LA EXISTENCIA
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Agradezco foto tomada de internet
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