CUANDO EL CERRO SE ALTERA
Desde el camino la veía, iba para un lado iba para el otro, «qué andará haciendo esa mujer» me preguntaba o ahora que le habrá pasado, pues siempre le pasa algo, alguna historia tiene y si no es del momento es de muy antes, pero eso sí escucharla cuando las narra, es un poema que el desierto regala de la boca de una de sus creaciones.
Maguito andaba en su rancho, muy movida, resulta que en la mañana temprano estaba regando sus plantas, comentario al margen, que cada día están más hermosas, dando flores, poniéndose verdes de unas tonalidades bellas, bellas, con todos los cuidados que les prodiga y de repente sintió un chillido muy agudo que venía de mero arriba en donde está su casita, la que está construyendo, bueno por ahora solo está emparejando el piso, pues la que había montado estaba sobre cuevas y no era segura, más allá que no tuvo problemas en desarmarla pues los bloques estaban puestos como si fueran legos.
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Resulta que le habían regalado unos conejos, y el grito venía de uno de ellos que el perro de abajo, el castigado por resultar ser demasiado brabucón, busca pleito, chiquito pero alterado, como si necesitara una dosis de clonazepan, había llegado cuando lo soltaron en la mañana temprano a la casa de arriba donde tiene también a las chivas y a sus gallinas y habían agarrado a uno de sus orejas largas, el cual pasó a mejor vida y a otro lo dejaron medio turulato, el tercero escapó. Lo acompañaba el negrito, la nueva adquisición perruna de esa casa, que ya empezó a ser un muy buen discípulo y para no quedar atrás, la perra de Maguito salió corriendo cuando sintió que había jaleo y también le entró al asunto.
-Diga que el muchacho de aquí abajo salió corriendo y subió enseguida y logró salvar a este, mientras me lo mostraba el pobrecito todo asustado que todavía temblaba y no se le veía bien y seguía bajando la jaula con los dos sobrevivientes.
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Al fin la llevó hasta el camino y de ahí arrastrarla, el malherido levantó una de las orejas y su cabeza y abrió sus ojos por primera vez, no se le veía tan mal, pero….
-Cuando recién llegué tenía los ojos nublados, sin mirada, como que se estaba muriendo, ahora parece que reacciona.
-Están asustados
-Ahora ya no les van a hacer nada esos perros malos, van a estar protegidos-le decía
Otra jalón más para que la jaula se moviera.
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-¡Qué rápido que suben los jóvenes!, si no hubiera sido por él ninguno se hubiera salvado, hubiera sido pior.
-Este que está bueno, se escapó, por eso no le pasó nada, dice el muchacho que lo buscó por todos lados, pero no lo encontró, cuando llegué yo, ya él se fue y me puse a ver si lo veía, hasta que lo encontré dentro de una de las cuevas, se asomó y me puse a perseguirlo, me costó mucho agarrarlo, canijo conejo, brincaba para un lado y rápido y corría para otro. Lo atrapé y ya lo metí dentro.
-¡¡¡¡MUUUUUUUUU!!!!- se escuchó a lo lejos.
-Es la vaca de Don….. que se la trajo, y ahora tiene hambre por eso pide que le den su comida -y ahí siguió muge que muge pidiendo ser atendida.
Mientras la jaula iba avanzando a paso lento además nos parábamos a platicar entre arrastre y arrastre, pues no estaba fácil la cosa y mi ayuda es la de una inútil, una buena para nada, para esas faenas.
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Vino el dueño del perro a disculparse y me dice:
-Ahora si, que traigo deuda contigo
-Y ahora para qué ya es cadáver no se puede hacer nada, si quieres llévate lo que quedó y hazte un tesmolito con él.
-No, no comemos de ese conejo- le contestó
-¿Y cuál comen?- pregunté, pues para mí, conejo es conejo, no hay diferencia
-El de monte
-¡Ahhhh!- y ya no me dio tiempo a desasnarme de cuál es la diferencia
Otro empujoncito más y ya casi habíamos llegado adonde se iban a quedar resguardados los animalitos asustados.
Ahí tenía a otros inquilinos a su cuidado, a una chivita chiquita que era de una señora y ella se la estaba custodiando y dos gallos, uno de ellos muy orondo recorría todo el espacio y el otro estaba amarrado.
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Había que hacerle lugar a los conejos pues no había mucho espacio para que se adaptaran.
-Bien en la punta hay que colocarlos no vaya a ser que este gallo malvado le vaya a picar un ojo.
Ahí se dio cuenta que el otro andaba suelto y que el atado estaba lastimado, sangraba de un lado y estaba enredado en un alambre.
-¿Cómo se lo enredó?
-Pelearon los dos y éste defendiéndose vaya a saber cómo se lo enmarañó- mientras con mucha paciencia lo desamarraba.
Llegamos a su casa y preparó un delicioso cafecito de olla y mientras se hacía, siguió regando sus plantas acción que había quedado inacabada por el suceso de los conejos y los perros.
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Para después agarrar del fogón que estaba en el piso una lata con agua hirviendo para irla expandiendo por la tierra para correr a las hormigas de las rojas que estaban atacando a sus plantas, pues las arrieras habían llegado en la noche y se habían comido unos arbolitos.
Mientras lo hacía, regañaba a la perra que se había ido a seguir a esos forajidos atacantes de orejudos indefensos.
Ella quería acercarse, con cierto miedo y la cabeza gacha, pero las palabras enojadas de Maguito la hacían aun más refugiarse en sí misma.
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-Tú no tenías que haber ido y atacar a los conejitos, ellos son de la casa, los tenías que haber defendidos.
Mientras con una carita dulce, los ojos bajos muy dramáticos ella la miraba y movía la cola.
Cuando terminó nos sentamos un ratito a beber un delicioso y dulce café que impregnaba el ambiente con el aroma a canela, trayendo un ambiente de calma y sosiego, mientras uno tras otro surgieron otra cantidad de cuentos y anécdotas, que fueron cambiando el drama vivido por tiernas sonrisas.
MÉXICO
OCTUBRE 2025
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