RETOQUES PARA UN ALMA AÑEJA
El día no llega; viene muy lento, arrastrando no solo los pies, sino el alma también, como si cargara todo el peso del futuro tras de sí. Es la última jornada del año y cosas raras están pasando: la luz no quiere asomar. Pasan los segundos, pasan los minutos, pasa la hora, y cuando se mira el reloj, esos instantes se viven como eternidad; es la espera de quien aguarda con angustia y pesar, con incertidumbre, es ella que aplasta por no saber lo qué sobrevendrá.
Los alacranes salen a pesar del frío que se yergue y congela, ese que hace tiritar los huesos como si fuéramos calacas en un baile endemoniado, haciendo sonar el esqueleto.
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-¿Y no lo somos, acaso, calacas revestidas por un poco de carne y piel?.
-Eso ni se diga, claro que sí; pero todavía no como esas otras en las que la muerte te convierte cuando te descarna hasta dejarte sin nada.
-¡Ay, nanita!, ¿Qué está pasando?
Los alacranes salen uno tras otro. Están aletargados, como si una vibración interna los obligara a abandonar sus guaridas. Se transforman en seres traslúcidos que caminan como ebrios, sin saber a dónde van. La ponzoña se asoma con una voz que finge ser dulce y tierna. Algo anda buscando, a algo quiere llegar. No todo está tan bien, por más que intente disimular diciendo que su vida es un parabién, un encanto de playas, paisajes y actividades benéficas que no dejan lugar a dudas de que su vida «anda sobre rieles», que es la reina en ella.
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Se prepara para atacar. No hay que descuidarse, ni entregarse solo al placer de tapar con distracciones lo que no se quiere ver, eso que se desparrama por el ser y grita desde muy adentro, atrapada en el agujero que ella misma cavó.
De repente, despertó y comienzó un monólogo consigo misma
-Allí me metí para no ver la verdad que se alza: la envidia que me envuelve. Tengo que dejarla salir, presumir para que todos vean lo «bien» que estoy. Pero, al igual que el año que termina, me pesa esa imagen que cargo desde hace tantos lustros. Es el ego que me impide abandonar lo que he sido; es la incapacidad de soltar el mando, el deseo de que todos me obedezcan y se haga mi voluntad, porque «así ha de ser». El poder, ese, que se merma con los años.
Mi interior se ha vuelto añejo y agrio. Intento taparlo con retoques, como a un alimento rancio que, por más que se disfrace con salsas y adornos, no puede dejar de ser lo que es: algo que por dentro se está pudriendo. Lo sé, lo veo, lo siento; y, sin embargo, persisto en mi terquedad.
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¡Cómo me gusta llamar la atención!. Que todos me miren, que todos se remitan a mi posición. Y aquel que se descuide y no me quiera ver, sentirá el golpe de esa burla que me caracteriza, esa que no es para nada tan inocente como pretendo. Invento distractores solo para que todos volteen y confirmen que aquí estoy yo. Ya no aguanto, ya no sé qué hacer para soltar todo esto. Me desespera cargar con este peso… quizá sea mejor volverme monarca y reinar en mi propia desventura.
Sin embargo, esa posibilidad me desespera aun más: siempre dando vueltas en ese camino circular que yo mismo tracé y que solo conduce a la soledad. El tiempo y esa máscara de «perfección» y éxito for export se están volviendo una armadura tan pesada que, cada día, me asfixia más…
Algo muy dentro habla y me dice:
-Piénsalo y decide.
Quien vive para ser mirado y aclamado, sin darse cuenta, deja de verse a sí mismo. Peor aún si debe someter a la voluntad ajena para sentir que tiene algún valor, destilando una ponzoña que no mata al enemigo, sino que amarga el alma de quien la posee. Y el orgullo, ese personaje que se viste de gran señor, creyéndose digno cuando ni él mismo se lo cree, se convierte poco a poco en la celda donde el «monarca» reina; eso sí, sobre un desierto de afectos verdaderos y aguardando una paz que nunca llega.
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La auténtica libertad sigue otra ruta. No tiene que ver con los demás, ni con lo que se posee, ni con el lugar donde se esté. La liberación llega cuando no hay nada que ocultarse a uno mismo al reflejarse en el espejo del silencio y verse desde el único hogar donde realmente nos toca vivir y morir: nuestro propio corazón.
MÉXICO
DICIEMBRE 2025
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Agradezco fotos tomadas de internet
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SOLTAR EL LASTRE, VESTIR AL VIENTO
EL DESCENSO DEL ANACORETA DEL SILENCIO
LA SUAVE CASA DE LA EXISTENCIA
EL CIELO SE PIERDE EN EL INFINITO
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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!


Buenas tardes, Themis. Usas elementos oníricos/surrealistas para explorar la toxicidad del ego, la envidia, el orgullo y la falsa imagen de «éxito» que uno se impone a sí mismo.
La «ponzoña» no es externa, sino el orgullo/ego que envenena desde dentro; la verdadera liberación viene de quitarse la máscara ante uno mismo. Un mensaje muy acertado.
Un abrazo
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Gracias Marcos, es todo un buceo por todas esas facetas y esas falsas ideas, por las que se deambula, creyéndote que eres eso o los aplausos que de afuera vienen y que de la misma manera se van, ni uno ni otro son ciertos, la verdad está dentro de cada uno cuando somos capaces de limpiar el adentro y quedarse libre mirándose al espejo y aceptándose cual se es. Abrazo bien grande
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